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Regreso a
las fuentes
De vuelta del humor feroz, con La
fábula de la princesa Turandot el grupo se
propone nada más y nada menos que hacer reír.
Hay un buen chiste promediando La
fábula de la princesa Turandot, la última
creación de Los Macocos, que pinta de cuerpo
entero el tono del espectáculo y las intenciones
del grupo en la etapa post humor feroz que proponían
hasta no hace mucho en Los Albornoz, delicias de una
familia argentina. La cosa es más o menos así:
Daniel Casablanca juega el rol de un príncipe
turco bastante torpe metido a seductor de una princesa
china y Martín Salazar es una cortesana que
le tiene ganas. Se encuentran en una escena y ella
lo provoca: "Principito, dibújame un cordero
y domestícame".
La obra en cuestión, que se
ofrece en el Centro Cultural de la Cooperación
(Corrientes 1543), transita muy cómodamente
por los caminos de un humor simple, directo y muy
masticado. Pero si bien el texto carece de ambiciones
artísticas más elaboradas (comparado
con las últimas performances del grupo, La
fábula de la princesa Turandot se queda a mitad
de camino entre la impronta corrosiva y grotesca de
Los Albornoz y la simpatía discursiva de Androcles
y el león), un elenco sólido y parejo
le otorga mayor envergadura a la pieza poniéndole
el cuerpo. En ese sentido podría decirse que
Los Macocos vuelven a las fuentes en un gesto de generosidad
hacia su público.
Ustedes ya habían puesto en
escena esta obra en 2001. ¿Por qué la
retomaron ahora?
Javier Rama: Tal vez ahora la idea
es hacer un humor más puro desde lo gestual
y lo técnico. Se desliza a través de
eso algún tipo de sarcasmo, pero mucho más
aislado.
Marcelo Xicarts: El objetivo es hacer
reír a la gente. Punto.
Casablanca: No me parece casual que
ahora estemos haciendo un espectáculo liviano
después de la ferocidad que transitamos con
Los Albornoz. Quizás estemos buscando que la
gente se olvide de todo durante una hora y media.
Por eso está bueno volver a lo que hacíamos
al comienzo, a esa inocencia. La gente lo agradece.
Hace más de 15 años
que están juntos produciendo espectáculos
año tras año. ¿Ustedes serían
un clásico de qué?
Casablanca: Un clásico del
humor argentino, una salida obligada del público
de teatro.
Salazar: No sé si somos un
clásico, me parece que eso lo va dictando el
paso del tiempo. Somos un grupo de humor que realizamos
teatro popular y que hacemos lo que queremos. Salvo
en un par de obras, siempre trabajamos con textos
propios.
¿Por qué razón
perduran Los Macocos?
Xicarts: Claramente nuestro objetivo
no es durar. Nos gusta el trabajo y la pasamos bien.
Gabriel Wolf: Nosotros no nos planteamos
eso, no decimos: "qué podemos hacer para
permanecer juntos".
Casablanca: Nos divertimos, la gente
nos viene a ver, no estamos estancados artísticamente,
en los últimos años salieron los viajes
al exterior. Ha habido un reconocimiento a lo largo
del tiempo que también ayuda para que sigamos
adelante. Y creo que tenemos un estilo, que el hecho
de ser masivos no nos lleva a empobrecer los espectáculos.
Todo lo contrario.
Rama: Otra de las claves tiene que
ver con que no tenemos una fórmula, sino que
siempre estamos buscando un desafío artístico
nuevo.
En La Fábula..., ¿cuál
es el desafío?
Rama: La fábula... es un ejercicio
de estilo. En este caso es en tono de comedia dell''
arte. Además, nos interesaba volver a los códigos
dramáticos de nuestros orígenes, que
tienen que ver con el clown, con los payasos.
Casablanca: Es un espectáculo
para jugar. La obra es una excusa para el chiste,
el gag. Al entender eso nos pareció interesante
volver a las fuentes.
Ustedes hacían teatro independiente,
pegaron el salto al circuito oficial y ahora vuelven
a una producción propia. ¿Qué
les dejó ese proceso?
Xicarts: A nivel personal fue muy
bueno. En el Complejo Teatral de Buenos Aires nos
encontramos con una estructura dedicada a nosotros,
a nuestro producto.
Casablanca: Además, aprendimos
a trabajar. Ahora podemos bajar los costos, pero a
la vez mantener ese esquema de produccion, aún
siendo de menor dimensión. Hace diez años
hacíamos todo todos. Ahora delegamos, cumplimos
roles y el grupo funciona mejor. Y además,
estar en un teatro oficial nos abrió la puerta
para que nos inviten a festivales, para ampliar el
target del público.
¿Consideran que alguna vez
van a lograr popularidad televisiva, como tuvieron
otros artistas cómicos surgidos del off (Los
Vergara, Los Melli, Tortonese y Urdapilleta)?
Xicarts: Hemos hecho alguna vez concesiones
para ver cómo era el medio y no nos sentimos
cómodos.
Casablanca: Las ganas de hacer algo
interesante están, pero tiene que coincidir
lo que la televisión demanda con lo que nosotros
proponemos, con nuestra forma de trabajar. Por ahora,
esa coincidencia no se ha dado.
Rama: Por otra parte, no sé
si funcionalmente sería posible la incorporación
del grupo a un programa de televisión, porque
corremos el riesgo de que no se entienda el concepto.
Es como el producto de una fábrica: nosotros
hacemos tornillos y a veces la tele pide arandelas.
Fuente:
elclarin
Febrero 2003
TeatroenMiami.com
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