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El teatro,
espejo de la realidad
Carlos Pacheco
Se acentúa el fenómeno de las obras
que aluden al acontecer nacional
Fuerte adhesión del público
| En lo teatral, el
verano 2003 -tanto en Mar del Plata como en Buenos
Aires- está dominado por una serie de propuestas
en las que asoman algunas constantes. Ciertos
espectáculos repasan los últimos
años de la historia argentina, mientras
que otros aluden a algún aspecto de la
realidad de este presente. En casi todos los casos
hay una fuerte ausencia de la metáfora
para hablar de lo político y social. Las
cosas se dicen de forma muy concreta y hasta es
común observar cómo los actores
-pidiéndoles prestados ciertos recursos
los monologuistas políticos- encuentran
en una frase certera la síntesis de un
hecho, un personaje y eso, inmediatamente, genera
una muy favorable reacción entre el público.
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"Un león bajo el
agua": historia con gusto a presente |
Por un lado podríamos decir
que por estas semanas la cartelera teatral está
ocupada por trabajos en los que se impone el teatro
documento -hasta Nacha Guevara en su musical "Qué
me van a hablar de amor", cuando canta "Mi
ciudad", muestra la imagen de un grupo de porteños
`caceroleando´ en algún rincón
de la ciudad y provoca una ovación- y por otro,
que los espectadores están ávidos por
que sus artistas hagan referencias muy directas a
la realidad que los acosa.

"Made in Lanus": un clásico
que no pasa de moda |
Tribuna histriónica
Desde siempre el teatro ha sido una tribuna importante
pero, si en algunas décadas la utilización
de la metáfora o de una fábula con
mucho de pedagógico servían para
intentar esclarecer algún tema, hoy ninguna
parecería funcionar. Tal vez por eso Hugo
Arana, a través de su personaje del Cholo
en "Made in Lanús" de Nelly Fernández
Triscornia (Corrientes, Mar del Plata), dice en
un momento de la representación: "Yo
no puedo creer, en este país vos tiras
una semilla y te crece un Maradona, tirás
una semilla y te crece un Borges, nunca te crece
un presidente", o Betiana Blum en "Porteñas"
(Paseo La Plaza), de Daniel Botti y Manuel González
Gil, proclama en |
un momento de la pieza, "los
legisladores no trabajan, legislan" y arrancan
fuertes aplausos.
Esta saga de comedias comenzó en verdad en el
verano 2002. Entonces una pieza, "Luna gitana",
de Ricardo Halac, dirigida de Rubén Pires, mostraba
la relación de un filósofo y una prostituta
en un departamento de la Avenida de Mayo mientras en
la calle se sucedían violentas manifestaciones
de protesta. "El filosofo hablaba -recuerda Halac-
y de afuera llegaban cánticos y consignas. La
palabra vacía y la palabra llena... Al final,
el filósofo terminaba muriendo a causa de una
bala perdida."
En verdad "Luna gitana" había sido
escrita un año antes, entonces su autor no imaginaba
que iban a producirse los acontecimientos de diciembre
de 2001 y que tanto se mezclaron luego con su texto
y sus personajes, aportándoles una connotación
mayor en días en que la obra se representaba.
"Los conflictos que se muestran en el teatro -dice
hoy Ricardo Halac- anticipan, develan o alimentan a
los que suceden en la realidad. Las metáforas,
más claras o más oscuras, dependen de
las normas de censura, de las reglas de convivencia,
de lo que puede oír el público, de la
crisis de valores, de la falta o no de un futuro colectivo.
No es extraño que en este momento todos querramos
patear el tablero."
"Vaya a saber por qué determinados productores,
actores, directores, en determinados momentos coincidimos
en lo temático. En este momento nos surge, de
pronto, hacer una revisión, mirar hacia atrás
para saber dónde estamos parados. Seguramente
algo de eso estamos necesitando. Sin dudas tiene que
ver con un momento de crisis. Mirar hacia atrás
nos posibilita entender por qué estamos como
estamos. Algo nos ha tocado a todos en este tiempo y
nos ha unido en una misma necesidad", dice el director
Manuel González Gil, uno de los autores de "Porteñas"
y encargado de la versión de "Made in Lanús",
de Nelly Fernández Tiscornia .
Por un lado, en "Porteñas" (obra que
repasa la historia argentina entre 1920 y 1983, a través
de la mirada de un grupo de mujeres de distinta extracción
social), "la metáfora se deja de lado y
el humor se basa en los personajes. Ellos están
ligados con costumbres o anécdotas de época
y en ese sentido se hizo un estudio muy profundo de
cada momento histórico. Pero la pieza está
centrada en el personaje de Betiana Blum, la dama de
la alta sociedad que tiene una forma muy disparatada
de ver la realidad", explica el autor y director.
En el caso de "Made in Lanús", González
Gil destaca que la obra fue hecha, originalmente (a
mediados de la década del 80), como un diario,
"veías lo que le estaba pasando a la gente
en ese momento. Por eso, cuando hice la adaptación
la trasladé al hoy. El público va para
ver en el escenario lo que sucede en este presente.
Ese es el gancho de la pieza. Y pasan cosas fortísimas
con los espectadores, se produce una especie de catarsis
cotidiana porque se ve en escena, descarnadamente, lo
que nos sucede".
Más allá de que para cualquier intérprete
es importante conseguir un aplauso, lo que sucede en
estos días es llamativo. "Es que el espectador
está muy sensible con estos temas -apunta González
Gil-. Entonces uno está muy tentado de no ser
metafórico en el escenario."
Teatro político
La autora Alicia Muñoz, para concebir "Un
león bajo el agua" (Manzana de las
Luces), que habla de los tiempos en que se entubó
el arroyo Maldonado, prefirió ubicarse
en un momento histórico. Acostumbrada a
trabajar con la historia argentina, en su producción
suele tomar hechos acontecidos en otras épocas
y ellos le sirven para mostrar el presente. Del
grupo, es la única que prefiere la metáfora
y concibe un teatro político más
al uso argentino, y funciona. En oportunidad del
estreno de su pieza (enero de este año)
declaró a LA NACION: "Me gusta hablar
de la |
"Porteñas":
la mirada femenina |
realidad desde el pasado. Trabajo
también materiales actuales, pero en esos casos
tengo, todo el tiempo, la sensación de que todo
está demasiado encima mío. La historia
está congelada y esto lleva a que el material
no envejezca".
Por su parte, para el director y dramaturgo Claudio
Nadie, que en "El himno" (en la sala Margarita
Xirgu) repasa los últimos 30 años de la
historia nacional, lo importante es volver al teatro
político, pero no ya al de los años 70.
"Eso sería pueril, ingenuo -declara-, ha
corrido mucha agua bajo los puentes. Lo ideal sería
tratar de recrear un lenguaje novedoso, distinto, que
pudiera colocar ese discurso político en un escenario
sin que sonara a viejo, a repetido o incluso a bajada
de línea."
Cerca de la gente
En su búsqueda, él, como otros creadores,
está convencido de que entre los espectadores
asoma hoy "la necesidad de debatir los problemas
reales" y que además en esta época
"el teatro debe estar cerca de la gente".
Cree que es necesario hacer un teatro político.
Su espectáculo es también directo en muchos
fragmentos. Busca alejarse de Bertolt Brecht y de Darío
Fo (de quien también hay una obra en cartel esta
temporada, "Pareja abierta", aunque muy correctamente
depurada ideológicamente), pero les hace unos
guiños. Claudio Nadie, cuando en su declaración
para LA NACION se refirió a Brecht, aunque reconoció
que no le ve cabida a su teatro pedagógico, parafraseó
al autor alemán diciendo: "Lo esencial es
hacer un teatro deportivo, un teatro que apunte a llenar
estadios, si fuera posible".
En esa búsqueda parecerían estar todos.
Muchos están consiguiendo una fuerte adhesión
del público, pero en lo estético, por
el momento, no se impone un estilo con fuerza. De lo
que se trata, en definitiva, es de buscar una correspondencia
con esta convulsionada realidad, en la que el individuo
hable, reflexione, opine y encuentre adherentes. En
definitiva, conformar un grupo que lleve al cambio.
Fuente:
La Nacion
Febrero 2003
TeatroenMiami.com
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