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Los golpes
de la vida
Con elementos
callejeros y al influjo del grupo Stomp, los
argentinos hacen un impactante show percusivo
en el teatro/taller que el artista plástico
Carlos Regazzoni tiene en un galpón de
Retiro.
Esta vez, al igual que el público,
los que actuaron también terminaron con
las manos rojas de tanto aplaudir. Porque además
de utilizar como instrumentos de percusión
elementos en desuso, también hicieron
música con sus cuerpos. Se trata del
grupo El Choque |
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Urbano, que el sábado actuó
a sala completa —unas 20 personas los tuvieron
que ver de pie— en el Teatro Ferroviario que el
artista Carlos Regazzoni tiene en Retiro. El espectáculo
largó el 1ø de febrero y continuará
todos los sábados de este mes y de marzo.
Cuatro hombres y tres mujeres de entre
18 y 30 años irrumpen en el escenario. Algunos
llevan puestas baterías de cocina enganchadas
a un cinturón. Otros se paran frente a tambores
de plástico y tanques de acero. Sin introducciones
ni presentaciones comienzan a golpear los objetos.
De eso se trata: de chocar cosas. Sartenes, cacerolas,
ruedas de bicicleta, tachos de helado, pelotas de
basquet, botellas...
Si se quieren buscar antecesores de
esta forma de hacer música, es inevitable mencionar
al grupo británico Stomp, uno de los pioneros
en esto de combinar danza, música y teatro
con elementos callejeros.
El show El Choque consiste en 12 piezas
donde Santiago y Sebastián Ablín, Luciano
Rosso, Carla Kseiri, María Sopi, Constantina
Gambeta y Roberto González tocan, bailan y
actúan durante casi una hora, vestidos con
pantalones de trabajo y musculosas blancas. Nada de
lo que está sobre las tablas es simple escenografía:
todo se usa para hacer música.
Agudos y graves. Así podría
llamarse la primera parte, porque los chicos se las
arreglan con algunos elementos de metal y otros de
plástico (cacerolas y baldes) para mezclar
sonidos de murga y de chacarera. El ritmo es cada
vez más intenso. Todos están sobre el
escenario, y mientras tocan, bailan y ríen.
Garrochas. Largas varillas de madera
son las protagonistas de la segunda pieza. Las hacen
golpear contra el piso y así producen un sonido
más opaco y cálido. El Choque sabe variar
las intensidades a través de los volúmenes
y los tonos, que "van y vienen". Enseguida
llega Cigarrillos, una idea que incluye a las tres
mujeres sentadas alrededor de una mesa. Utilizan cajas
de cigarrillos y encendedores para recrear una supuesta
charla (nunca se escucharán voces) con mucho
ritmo. Además, se ayudan con las manos; todo
en tono de salsa. "¡Sabor!", grita
una de ellas.
Así pasan una a una las diferentes
piezas. De pronto Siete pelotas de basquet toman las
riendas del espectáculo. Las hacen picar en
forma escalonada y así consiguen una sucesión
de ritmos y contrarritmos. Mientras van de un lado
al otro del escenario, se nota que disfrutan lo que
hacen: "¡buena!", "así",
"já, já", se los escucha gritar.
El público sigue con atención el despliegue
del grupo.
¿Folclore con latas de gaseosa?
Los artistas lo hacen posible al golpearlas contra
una mesa. ¿Música con un cubo y seis
dados?, también. Otra vez están las
tres mujeres solas, pero esta vez juegan a La generala.
Luego es el turno de Cuerpo, una de las piezas más
agradecidas por el público. Soplan entre sus
manos y aplauden para armar así un ritmo que
invita al baile. También se golpean en diferentes
partes de sus cuerpos y se ayudan arrastrando los
pies y "pateando el piso".Se acerca el final
y otra vez se calzan las baterías en la cintura.
La batucada es de una intensidad cada vez mayor. Los
que están en la platea aplauden sin parar.
Los músicos inventan una serie de golpes y
los espectadores deben imitarla con las palmas.
Todo desemboca en un festival de percusión
que une al público con los músicos.
Los siete de El Choque están exhaustos, porque
bailaron, actuaron, y sobre todo, golpearon cuanta
cosa anduvo por el Teatro Ferroviario.
Fuente:elclarin
Febrero 2003
TeatroenMiami.com
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