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Rodrigo García
“Aquí no se me apoya, fuera lo tengo
todo”
Liz PERALES
Tras su triunfo
en Aviñón 2002, se ha convertido
en Francia en el niño bonito del teatro
español. En cambio, en nuestro país
apenas actúa en los teatros públicos
y comerciales, sigue limitado al circuito alternativo,
donde tiene un público joven y entusiasta.
El 21 de febrero estrena en la Cuarta Pared
de Madrid La historia de Ronald, el payaso de
McDonald’s.
Recuperado del accidente de
tráfico que sufrió el pasado verano,
Rodrigo García tiene esta temporada una
apretadísima agenda que le está
llevando por Francia, Alemania, Irlanda, Suiza
e Italia. De momento, en su país sólo
dos bolos: Sevilla y Madrid. |
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–¿Qué hay de nuevo
en este espectáculo? Tengo entendido que vuelve
a hablarnos del consumo, a hacer del escenario un
estercolero. ¿Repite aquí el mismo tema
que en Compré una pala en Ikea...?
–La vida se repite y no se repite. Con las obras
que hablan directamente de la vida, ocurre otro tanto.
Hay elementos que vuelven a estar ahí junto
a cosas nuevas. También la mirada hacia las
mismas cosas puede cambiar con el tiempo. En Ikea
hay un entorno bastante familiar, una crítica
directa a la familia. En La historia de Ronald…
hay una rara asociación entre consumo y tortura.
Otra vez el consumo, otra vez la familia y la educación,
otra vez el mundo del trabajo, pero no es lo mismo
formalmente. En Ronald… hay ambientes más
opresivos y secuencias más largas, no tan fragmentadas
como en Ikea.
–¿Por qué sólo
actores masculinos? ¿Hay niños?
– Sentí la necesidad de hacer una obra
solo con hombres. Siempre que pienso en torturadores
pienso en hombres: Videla, Astiz, Suárez Mason,
Pinochet… Hay un momento de la obra en que aparece
la familia de uno de los actores. Su mujer y sus dos
hijos.
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Tres obras al año
–La historia de Ronald... no parece un texto
dramático, sino una reflexión, casi
un monólogo, sin acotaciones para su puesta
en escena. ¿Cómo es su método
de trabajo con los actores? –Los textos
menos teatrales en apariencia pueden dar excelentes
resultados en escena. En cambio los que a simple
vista “funcionan” no hacen más
que agregar más leña a la gran hoguera
del teatro convencional, de museo. Las creaciones
–por mi ritmo de trabajo, tres obras al
año– las hago en el momento de los
ensayos: el texto, las acciones, las proyecciones,
los videos, el espacio escénico…En
esos dos meses nace todo, en paralelo. Y cada
parte se alimenta de otra, todo crece junto. En
esta obra he escrito pensando mucho en qué
actor va a decir el texto. Los temas son los míos,
son realmente privados, pero la energía,
la cadencia de un texto está manipulada
para que le sirva a un actor en particular. Digamos
que yo hago el anillo con mi material pero tengo
la medida del dedo de quien lo va a usar. |
–Y ¿cómo se las
arreglan los que montan sus obras sin esas acotaciones?
¿Cómo fue que que Matthias Langhoff
montara en Francia Borges?
–Esta clase de textos seduce bastante a directores
y sobre todo a actores que están hartos de
procesos de trabajo faltos de creatividad, están
cansados de repetir fórmulas, de analizar en
una mesa una obra… ¡Los actores no deben
estar sentados en los ensayos! Entonces se meten en
mis obras o como se les quiera llamar, ya que en apariencia
no son obras teatrales. Luego vienen los que aciertan
y los que fallan. El caso de Matthias es un buen ejemplo.
Langhoff hace un teatro muy distinto al mío,
podríamos decir que es mi abuelo. Me dice que
mi teatro le gusta más a su hijo que a él
y nos reímos de eso. Él le ha dado a
Borges un contenido político muy claro que
en la obra estaba implícito. Él lo ha
hecho evidente y ha hecho crecer el texto con su mirada
política, con su punto de vista, con una manera
personal de ver la historia. Lo malo es cuando un
director toma mis textos y no tiene nada que poner
de su cosecha.
–¿Cuánto dura
La historia de Ronald? ¿Va a retener en el
teatro a los espectadores hasta la exasperación
como ya hizo en Compré una pala...?
–Bueno, yo no estoy de acuerdo con eso. No creo
que Ikea exaspere a nadie. Si fuera así, ¿cómo
va a estar programada quince días en el Festival
de Otoño de París y va a girar por todo
el mundo? Ronald dura algo menos de dos horas y como
dije anteriormente, es un ambiente muy distinto. Pienso
que en esta obra las cartas están echadas muy
pronto y quien no esté a gusto se marchará
en los primeros quince minutos.
–Céline y Bernhart son
los autores que más le han influenciado. Y
Müller. También Bill Viola y otros artistas
de las artes plásticas. ¿Siguen siendo
sus fuentes de inspiración?
–No. Ahora me intereso por autores menos iracundos
(Aunque no me canso de decir que en Céline
o Bernhart hay un gran optimismo bajo la máscara
de la crueldad y la crítica feroz). Robert
Walser es un escritor sutil que me interesa. Y el
humor de Jonathan Swift también. Y Scott Fitzgerald,
que conoce el oficio de escribir. Sigo muy pendiente
de las artes plásticas pero en mi obra reciente
(Ikea, Ronald y Jardinería Humana) cada vez
hay menos referencias.
–Ha habido un antes y un después
en su carrera tras Aviñón 2003. ¿Cómo
explica el éxito que tiene en Francia?
–Eso hay que preguntáselo a Le Monde.
¿Por qué saca en la portada del periódico
una foto de mi última obra y me dedica la primera
página de Cultura entera? También puede
preguntárselo a Liberation, que ha hecho lo
mismo. O al director del Teatro de la Ville, que me
coproduce, o al director de Aviñón.
También puede preguntárselo a los directores
de Schaubühne, gente joven al frente de un gran
teatro público, que cuentan con nosotros cada
año. Y habría que preguntárselo
al público, en todos los sitios donde actuamos,
un mes antes no hay entradas. Está claro que
la instituciones y los medios de comunicación
de Francia vieron en mi obra algo que las instituciones
y los medios españoles no han visto”.
Sentido de la realidad
“Pero eso me da un sentido de la realidad. Las
mismas obras se valoran de una forma tan diferente
en mi país y en Europa. Aquí no gozan
de gran respeto ni de grandes apoyos; fuera lo tienen
todo, no puedo pedir más. Te das cuenta de
que la apreciación de una obra es subjetiva
y pasajera. Aviñón no ha significado
un cambio ya que el trabajo importante fuera de España
lo veníamos haciendo desde hace cinco años.
Aviñón fue la explosión, el escaparate.
Pero lo fundamental es el público. Aquí
se recibe mi obra tan bien como fuera. Aceptan las
contradicciones, las ofensas y las ofrendas de mi
teatro con entusiasmo crítico.
–¿Tiene la sensación
de que el teatro en España es conservador?
¿Por qué?
–Porque lo marca la política teatral,
las instituciones. Una obra mía, tiene en España
una gira reducida y en circuitos vamos a llamarlos
de clase B. La misma obra en Francia se exhibe en
no menos de 20 teatros nacionales. La obra es la misma.
Los gestores no. Entonces, ¿cómo alguien
va a hacer algo creativo y arriesgado en un país
que no va a distribuir su obra? Los artistas también
comen y cenan y tienen hijos. Y claudican por hastío.
Pero ojo: hay excepciones y esto va a cambiar. Tiene
que cambiar. ¿No me diga que en España
no hay creadores estupendos? Solo hay que alentarlos,
no hundirlos!
Performance, teatro físico,
experimental... difícil de clasificar lo que
hace Rodrigo García (Buenos Aires, 1964) y
su compañía La Carnicería, que
fundó en 1989 cuando todavía se dedicaba
a la publicidad. Atento al arte contemporáneo,
“compone” un teatro muy plástico,
con instalaciones audiovisuales y actores que hacen
un trabajo físico, al tiempo que recitan textos
provocadores. Sus primeras obras como Notas de cocina
(en la que se cocina un pollo), Matando horas o Prometeo,
(editadas en La avispa) son muy solicitadas. Haberos
quedado en casa capullos, After sun, Compré
una pala en Ikea, Borges, Creo que me habéis
entendido mal son sus trabajos más recientes.
Foto:
Mercedes Rodríguez
Fuente: El Cultural
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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