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EL PULSO DEL
TEATRO
Uno de los mejores indicadores del
estado de una sociedad es la salud de su vida cultural,
y en ella ha jugado siempre un papel determinante
el teatro, quizás el arte que mejor ha sabido
recoger y reflejar el aliento de su entorno. España
tiene en su teatro un riquísimo legado y su
tradición escénica es importantísima
en todos los sentidos.
En los últimos años,
y tras un tiempo de zozobra, el teatro español
ha recuperado el pulso y, en contra de visiones pesimistas
y de pronósticos agoreros, puede decirse que
en líneas generales su salud es, hoy en día,
buena. Así lo dicen también las cifras,
que reflejan un aumento constante tanto en el número
de funciones programadas como en el de espectadores.
Según los datos del Instituto Nacional de las
Artes Escénicas y la Música (Inaem),
en la temporada 98/99 se ofrecieron en Madrid 8.633
funciones teatrales; la pasada temporada fueron ya
10.276; por lo que se refiere al público, la
subida es mucho más discreta, pero es también,
en cualquier caso, una mejora: de los 2.467.984 espectadores
de la 98/99 se ha pasado a los 2.700.210 en la última
temporada.
Hay sin embargo otros síntomas
que muestran esa tendencia positiva; uno de los más
significativos es la creación y recuperación
de espacios escénicos. El oasis que hasta no
hace mucho eran ciudades como Madrid y Barcelona (a
las que, en los meses veraniegos, se unían
diversas plazas del Norte) ya no es tal, y hoy son
muchas las capitales que cuentan con una programación
de interés y calidad, a lo que se suman festivales
como los de Cádiz o Málaga, por citar
tan sólo dos ejemplos.
En Madrid, termómetro y espejo
ineludible de la salud del teatro español,
éste recupera espacios perdidos: no hace un
mes que un escenario emblemático, el Alcalá
Palace, volvía a la vida; próximamente
el cine Amaya se convertirá en el teatro Amaya.
El auge del teatro musical ha tenido mucho que ver
en esta revitalización y hay que aprovechar
su innegable tirón (ciudades como Nueva York
o Londres lo han convertido en uno de sus principales
banderines de enganche turístico) para aumentar
el imán del teatro.
Junto a ello, es necesario también
que desde las Administraciones se potencie la creación.
La «crisis» tiene un rostro real en los
autores, para quienes llegar al escenario se ha convertido
con frecuencia en un inaccesible Everest. La iniciativa
privada ha hecho mucho por mantener el fuego del teatro
español encendido, pero no debe recaer esa
responsabilidad únicamente sobre sus hombros.
Una sociedad sin teatro es una sociedad muda y triste.
Fuente:
ABC.es
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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