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La razón de las mayorías
Liz PERALES
Un enemigo del pueblo, de Ibsen, se estrena el 26 de febrero en el Rialto de Valencia

Escrita por Ibsen en 1882, Un enemigo del pueblo goza en estos tiempos aciagos de gran actualidad: el linchamiento social de un hombre que proclama una verdad que nadie quiere escuchar. La obra se estrena el 26 de febrero en el Rialto de Valencia, dirigida por Carme Portaceli, y es la gran producción de la temporada de Teatres de la Generalitat Valenciana.

La historia de Un enemigo del pueblo encuentra en nuestros días, 120 años después de ser escrita, numerosos paralelismos. En ella se cuenta cómo la tranquilidad de los habitantes de una ciudad balnerario se ve interrumpida por un foco infeccioso que afecta a las aguas termales y que amenaza con arruinar el negocio turístico del pueblo.

Escena de Un enemigo del pueblo que dirige Portaceli
El desastre ecológico es descubierto por el Doctor Stockmann pero nadie quiere oírle, empezando por la autoridad local que encarna su hermano y que prefiere enmascarar el problema. La actitud del alcalde será secundada por los representantes de la prensa, los ciudadanos progresistas y los moderados, y todos acabarán acusando al doctor de “enemigo del pueblo” por perseguir su ruina económica. El Doctor Stokmann llegará a perder su trabajo y acabará repudiando a las masas iletradas cuya opinión es fácilmente manipulable. El conflicto político y moral está servido.

¿Contra la democracia?
Autoexiliado de su país en Italia y Alemania y con una gran desconfianza hacia la prensa y la crítica que había maltratado sus obras, puede verse en Un enemigo del pueblo un alegato de Ibsen contra el sistema democrático que permite el linchamiento social de un hombre dispuesto a divulgar una verdad que nadie quiere oír. Casi al final de la obra, en la escena en la que el Doctor Stokmann se enfrenta en asamblea al pueblo, éste les dice: “¿Quiénes constituyen mayor número en la sociedad, los estúpidos o los informados? Espero que me concedan que los primeros, lo cual no me parece suficiente razón para que manden... La mayoría no tiene razón, aunque sí la fuerza” y prosigue en su discurso: “¿Qué valor tienen las verdades proclamadas por la masa? Nunca pasan de ser viejas y caducas, residuos de tiempos pasados... Las verdades que acepta la mayoría no son otras que las que defendían los pensadores de vanguardia del tiempo de sus tatarabuelos”.

Sin embargo, la directora de este montaje, Carme Portaceli, considera que su falta de confianza en las mayorías debe interpretarse de otra manera: “Esta obra no es un alegato contra la democracia porque si no, yo no la hubiera dirigido. Puede que una primera lectura dé esa idea, pero lo que creo que Ibsen nos cuenta es su oposición a una sociedad manipulada por los políticos y por los medios de comunicación, y en eso es de una actualidad aplastante. Su pesimismo es frente a las masas ignorantes e iletradas, porque lo que él defiende es la educación de éstas para la buena marcha de la sociedad y, en este sentido, es un canto a la democracia”. Lo que sí desde luego hace es una defensa cerrada del individuo y de la libertad frente a los partidos políticos, defensa que le conducen al autor a reservar para cuando cae el telón la escéptica frase que pronuncia el protagonista:“el hombre más fuerte es el que más sólo está”. Final que la directora, sin embargo, ve “esperanzador porque hace pensar”.

Una obra política
Según explica Portaceli, la elección de la obra ha obedecido a que se adapta muy bien a lo que inicialmente le había pedido Teatres de la Generalitat Valenciana: “una obra del gran repertorio, que es también un texto muy contemporáneo en su temática pero con una estructura de teatro clásico. Además es una obra muy política, como son todas las grandes obras ya que el buen artista es un crítico de la sociedad en la que vive”. Para su puesta en escena, de una hora y media de duración, la directora ha seguido un estilo realista manejando una versión que firma Juan V. Martínez Luciano y que enfrenta el mundo doméstico y familiar del protagonista con el mundo de los intereses políticos, económicos y mediáticos. Respecto a los actores, se trata de un elenco que domina el catalán, lengua en la que se representa: Enric Benavent (que interpreta al alcalde Pedro Stokmann), Pilar Martínez (Catalina Stokmann), Albert Forner (el atribulado doctor) y Carles Sanjaime ( Hovstad) son algunos de los nueve actores.

Fuente: El Cultural
Febrero 2003

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