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Mario
Vargas Llosa habla de teatro
por Luis Peirano
MVLL: Estás
tocando un tema que para mí es muy misterioso.
Yo no sé por qué ciertas historias
se me presentan con esa etiqueta: es decir,
esto es una obra de teatro. Yo sé muy
bien cuando una historia es para el teatro y
cuando una historia es para una novela, pero
lo que no sé es por qué es así,
no sé si es que porque esas historias
son para mí más visuales, porque
ese personaje se me presenta de una manera muchísimo
más viva, presente que los personajes
de la novela que son siempre muchísimo
más borrosos, sobre todo al principio,
o porque la historia es mucho más compacta,
una historia de teatro es mucho más compacta,
mucho más cerca del cuento que de la
novela, pero sí sé con gran claridad
desde el primer momento si esa historia es para
el teatro o no lo es. Es muy extraño,
nunca me lo he explicado pero sí sé
que una historia como La Chunga o La señorita
de Tacna no podría ser una novela en
ningún caso.
LP: Tú tienes una obra que no se ha
dado aquí, que es El loco de los balcones. |
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MVLL: Sí, no se ha dado en
español en ninguna parte, es una de mis frustraciones.
Se ha dado en inglés en un montaje muy bonito
que se hizo en Londres, en The Gate; se ha montado
también en francés... en alguna otra
parte que no recuerdo, pero en español nunca.
Espero que se monte antes que me muera, me gustaría
verla en escena (risas). Una obra inspirada en un
personaje muy conmovedor que yo conocí y que
tú por lo menos habrás oído hablar,
Aururo Rosel. Un italiano, profesor de historia del
arte. Parecía un títere, era un hombre
muy delgadito, era como un títere, se movía
además como un títere, que se enamoró
de los balcones de Lima e intentó en los años
50, hacia fines de los 50, una campaña quijotesca
para salvar los balcones de Lima que caían
bajo la picota de las nuevas construcciones. Y fue
realmente una batalla muy delicada, muy tierna porque
era una batalla imposible, una batalla perdida, era
realmente atacar molinos. Pero se convirtió
en un personaje popular, hacía manifestaciones
delante de los balcones que iban a derribar, y entonces
es una obra de teatro inspirada en él.
LP: Bueno, vamos a ver si Alberto
Andrade (alcalde de Lima) se anima a producir esa
obra a propósito...
MVLL: Ahora que los balcones se han
puesto de moda (risas)
Bueno, la obra que montaste tú.
Desgraciadamente no pude verla. La vi en un video
aunque no es lo mismo, desde luego.
LP: Yo recuerdo que tú me contaste
que habías escrito esto para la radio.
MVLL: Claro, para la BBC.
LP: Y me dijiste bueno, si quieres
léela a ver si te interesa. Yo la leí
y realmente fue un shock. "Yo quiero hacer esto".
MVLL: Me apenó mucho no haberla
visto porque sé que ganó muy bien
LP: Sí, acá funcionó
muchísimo, muy bien e incluso trajo una secuela
porque mucha gente tomó el tema de la crítica
y el papel de la crítica frente a la creación
artística como un motivo para levantar viejos
resentimientos (risas). Ahora, esa es una obra que
a diferencia de las otras, sobre todo de las primeras
obras tuyas es un tema muy puntual y no necesariamente
vinculada a tu obra literaria pero sí a tus
ensayos.
MVLL: Sí, claro. Bueno, el
tema de la crítica es un tema que forma parte
también de la creación ¿no? Es
como la contrapartida.
LP: Fíjate qué bonito
porque allí hay no sólo los personajes
sino la situación precisa. Qué cosa
sucede en ese preciso momento. Es por eso que yo sostengo
que tú cada día escribes mejor teatro
y...
MVLL: Eso me estimula (risas)
LP: No todo el mundo piensa como yo
pero yo estoy muy convencido de lo que digo y creo
que además hay muchos fundamentos para afirmarlo
y de hecho la teatralidad que tú haces, que
vas afinando día a día es cada vez más
fina, más precisa.
MVLL: Bueno, como tú decías
al comenzar esta conversación, el tipo de teatro
que a mí me gusta es el que tiene que ver fundamentalmente
con las historias. Son historias, historias que en
lugar de ser narradas son encarnadas en unos personajes
sobre un escenario. Pero a mí lo que me fascinan
realmente, que es lo que me fascina en las novelas,
es ver de pronto una historia que te persuade, que
te convence y que te parece estar representando no
un texto sino la vida. Ya sabemos que no es así,
que la vida no es el teatro, el teatro es el teatro,
pero un teatro logrado es un teatro que te convence
de que eso es la vida, que eso no es el teatro.
LP: Sí, yo dije casi siempre
es contar historias...
MVLL: Bueno, hay un teatro que más
bien rechaza la idea de contar historias, que es pasiones...
LP: Evidencias....
MVLL: Y a veces hay un teatro maravilloso
de ese tipo, pero el teatro que a mí me fascina,
me seduce, es el que cuenta historias.
LP: Es que es el teatro más
perdurable, el que de alguna manera nos entretiene
y nos obliga a un nivel de reflexión. El teatro
que es sólo emoción o sólo sentimiento
o sólo evidencia usualmente se pierde.
MVLL: Es más efímero.
Yo recuerdo la época de los 60 cuando se pusieron
de moda los 'happening', que al principio era divertido
porque era nuevo, pero a mí terminó
aburriéndome muy pronto. Era una especie de
ejercicio en que desaparecía ese elemento de
vida en escena, de vida haciéndose y rehaciéndose
ante tus ojos que tiene el teatro más tradicional
y el más actual también.
LP: Y es que el teatro no puede ser
pura psicología, y de hecho en esos casos la
cosa estaba centrada en un universo interior, que
no se identificaba con una problemática social,
política, o simplemente con historias que de
alguna manera la gente quería reconocer y entretenerse
con ellas.
LP: En Ojos bonitos, cuadros feos,
la gente intentaba identificar quién era quién
en la ciudad de Lima.
MVLL: A mí me pasó una
vez, muy divertido, conocí un jefe... bueno,
no lo conocí, me encontré con un general
en Iquitos que había sido mi teniente cuando
yo era cadete leonciopradino. Muy simpático,
estuvimos allí conversando varias veces. Y
una noche, digamos, entrando en confidencias, me dijo
"Oye, yo quisiera preguntarte una cosa: ¿cuál
de los personajes de La ciudad y los perros soy yo?"
(risas)
LP: Bueno, yo tuve una pintora que
vino diciéndome si era el personaje de Ojos
bonitos, cuadros feos. Me trajo todos sus cuadros...
MVLL: No te puedo creer (risas)
LP: ...para que yo viera que sus cuadros
no eran feos. Le dije no, tú no eres porque
tus cuadros son lindos. Tus ojos están bonitos,
pero tus cuadros están bonitos (risas).
MVLL: La verdad es que un personaje
de ficción, sea teatro o novela, no es nunca
el personaje de carne y hueso, no es nunca el personaje
que lo inspira, muchas veces lo inspiran personajes
reales. En realidad, el personaje de la ficción
es un personaje de ficción, es un personaje
que existe sólo dentro de la ficción,
que existe hecho de palabras, no de carne y hueso
y que además existe sólo dentro de un
contexto, que es el contexto imaginario, el contexto
inventado. Pero creo que es difícil para el
profano, sea lector o espectador, aceptar que el personaje
de la ficción es un personaje que no está
íntimamente conectado con la realidad viva.
LP: Qué cosa hace que tú
sientas que vale la pena que esté vivo en el
escenario y no simplemente descrito en una novela.
MVLL: Yo creo que es un mecanismo
irracional, no es un razonamiento frío el que
hace que uno escriba a partir de determinados modelos.
Pienso que al contrario, esos modelos se imponen en
la memoria porque de alguna manera conectan con experiencias
que deben estar alllí enterradas en el fondo
del subconciente y que son experiencias cruciales
en la formación de la personalidad, hechos
culminantes del pasado. Por ejemplo, yo recuerdo muy
bien cómo nació el personaje de La señorita
de Tacna, bueno, no nació, es un personaje
que está inspirado en una tía abuela
mía a la que yo recordaba siempre en los últimos
años -era muy viejita, tenía más
de cien años- avanzando en una sillita que
le servía de bastón y totalmente confinada
en sus recuerdos, se había desconectado del
mundo circundante y vivía en su infancia, que
había transcurrido en Tacna en la época
de la ocupación chilena, entonces era maravilloso
verla de pronto decir frases como si estuviera viviendo
en Tacna a principios de siglo en la época
de la ocupación chilena. Bueno, esa imagen,
ese recuerdo a mí se me fue imponiendo pero
desde un principio sentí que eso era una obra
de teatro, que ese personaje tenía que estar
en un escenario y no en una novela para ser debidamente
aprovechado. Me ha pasado prácticamente lo
mismo con todos los personajes de las obras de teatro.
LP: Es una memoria que está
vinculada a lo que haces, no se puede describir, tiene
que hacerlo
MVLL: Tiene que hacerlo, tiene que
ver con la presencia física, con alguna situación
determinada, pero yo creo que tiene que ver con uno
mismo más que con los personajes. No creo que
uno inventa un personaje teatral porque ese personaje
resulte pintoresco o insólito, creo que es
una cosa íntima, que tiene que ver con alguna
materia difícil, que rompe alguna censura,
que tiene que ver con algún tabú. Yo
he sentido siempre como un desgarramiento cuando trato
de desarrollar un personaje... por ejemplo, Kathie
y el hipopótamo: Kathie y el hipopótamo
es la historia de una señora que inventa un
personaje para distraer su aburrimiento y eso tiene
que ver con un personaje que yo conocí al que
yo serví como escritor negro en una época
menesterosa de mi vida y a mí siempre en la
memoria me quedó el recuerdo de esta señora
que buscaba de una manera muy conmovedora llenar un
vacío a través de historias, a través
de ficciones. Y de pronto me di cuenta que allí
había un personaje, un personaje teatral, un
personaje que no era novelesco, no era para una narración,
que ese personaje era un personaje de teatro.
LP: Hay casos en que a veces valen
para los dos géneros. Valen para una novela
y también como personaje teatral. Es el caso
de la Chunga. Es el caso de Flora Tristán.
MVLL: El caso de Flora Tristán,
claro. Bueno, tendría que ser una obra teatral
interminable, de esas obras de horas de horas de horas
porque la vida tan rica, tan diversa... pero se exhibieron
obras de teatro sobre Flora Tristán... Sebastián
(Salazar Bondy) estrenó una obra que yo vi
en el Teatro Segura y me parece que ha habido otras
inspiradas en Flora Tristán.
LP: Tenía la esperanza de que
la tuya fuera una obra de teatro
MVLL: No, imposible, es una obra que
ha crecido la historia de tal manera que sería
imposible
LP: Pero al menos una parte de esa
novela...
MVLL: Bueno eso sí, porque
hay episodios en la vida de Flora Tristán que
son muy teatrales. Por ejemplo, la semana pasada que
pasó en Santa Catalina conviviendo con las
monjitas de clausura del monasterio en Arequipa que
es realmente una historia completamente teatral, donde
las monjitas la hicieron incluso desnudarse porque
tenían una gran curiosidad por saber cómo
se vestían las francesas. Entonces tuvo que
hacer un striptease delante de todas las monjitas,
una historia muy divertida, muy pintoresca, y que
además ella narra con gran ironía, con
gran sentido del humor...
LP: A lo mejor tenemos allí,
en ese capítulo de la novela, el germen de
una obra de teatro.
MVLL: De repente (risas)
MVLL: Tengo una obra de teatro a medio
hacer. Los personajes son dos peruanos, una pareja,
pero ocurre en Londres, un encuentro de dos peruanos
que no se han visto treinta, treintaicinco años,
y ese encuentro provoca una reminiscencia que les
descubre a los dos una verdad sobre ellos mismos que
hasta entonces tenían enterrada, que no querían
conocer. Es una vieja idea que he tomado, retomado,
luego interumpido, rehecho, pero en fin..
LP: ¿Son personajes mayores?
MVLL: Son un hombre y una mujer. Mayores
cuando empieza la obra pero la obra retrocede hasta
cuando eran jóvenes y es la idea de un encuentro
casual, fortuito ya en los umbrales de la no diremos
la vejez pero finales de la madurez, que de pronto
a través de reminiscencias descubren una verdad
que tenían totalmente sepultada, de la que
no querían enterarse.
LP: Te agradezco la primicia que yo
no propicié, que me parece muy generoso de
tu parte. A los escritores no les gusta mucho hablar
de lo que están escribiendo.
MVLL: Sí... no, al contrario,
a mí me ayuda a definir cosas... no, no, yo
hablo como un loro de las obras que estoy haciendo.
LP: Esta idea del encuentro es una
idea muy teatral.
MVLL: Muy teatral, y además
hay muchas obras de teatro sobre encuentros... El
hombre de la flor en la boca, yo recuerdo, un encuentro
pirandelliano muy importante.
LP: Pero dos personajes.
MVLL: Dos personajes, nada más...
Te la traeré apenas la termine, te prometo
(risas).
LP: Cuando yo te decía esto
del personaje histórico pensaba en la importancia
de la representación que aludiese a la historia,
aludiese a la memoria, aludiese a los grandes temas
de una comunidad, de una población. Hay ejemplos
de muchos personajes históricos...
MVLL: Shakespeare (risas). Lope, Calderón...
aunque Sebastián intentó hacer un teatro
que fuera de raíces peruanas, de entraña
peruana...
LP: Pero más bien con un acento
costumbrista.
MVLL: Sí. Es arriesgado ¿no?
Es peligroso.
LP: Las obras de grandes personajes
han sido generalmente un fracaso. No recuerdo ahora
ninguna...
MVLL: Por ejemplo, Juan Ríos
hizo una obra sobre Ayar Manco
LP: También hizo sobre el Quijote.
La idea de juntar personajes de la mitología
griega, de encarnar personajes de la mitología
griega en personajes pescadores de las caletas del
litoral peruano.
MVLL: Pero Ríos hizo mucho
eso, con bastante éxito.
LP: Aquí no hay mucho hincapié
en nuestra historia por parte de los dramaturgos,
hay una especie de temor. Se deja eso para las representaciones
más acartonadas, digamos más formales.
Aquí por ejemplo hicimos una grabación
de la pasión de Cristo, o de la muerte de Atahualpa.
Son temas que no te apasionan a ti para hacer.
MVLL: No mucho (risas). Bueno, ahora
no me atrevo a decir de manera categórica de
esta agua no he de beber. De pronto uno se encuentra
con un tema y ese tema resulta tan estimulante que
terminas escribiendo sobre cosas que jamás
hubieras pensado que escribirías. Yo nunca
hubiera creído que iba a escribir textos de
humor y sin embargo terminé escribiendo una
novela de humor como Pantaleón.
LP: Pantaleón que ha tenido
tantas versiones, incluso teatrales ¿no? En
Chile...
MVLL: Se han hecho varias, muy desiguales,
pero se han hecho varias versiones. Hasta una ópera
que fue un fracaso total, en Costa Rica, una ópera
rock que sólo duró cinco días,
que no llegué a ver yo pero me apenó
mucho porque el compositor trabajó mucho tiempo
en este proyecto, en esta adaptación y sin
embargo parece que no funcionó nada.
LP: ¿Cuáles son los
grandes temas para ti, los temas que te parecen más
importantes para el teatro?
MVLL: Bueno, yo creo que en el teatro
cabe todo, el teatro es la vida. En realidad no depende
de los temas sino de lo que hace el autor, en qué
convierte esos temas sobre un escenario. El tema más
rico, más importante puede ser banalizado terriblemente
por un autor que no tiene talento y el tema más
tonto de pronto convertirse en un tema fundamental
sobre la condición humana si es que pasa por
las manos de un gran creador, de un gran escritor.
LP: ¿Se puede incentivar eso,
se puede incentivar la dramaturgia?
MVLL: El incentivo es el público,
tiene que haber un público, tiene que estar
vivo el teatro para que surgan esas vocaciones audaces,
temerarias, ambiciosas. Cuando no hay ese público,
cuando escribir para el teatro es escribir para la
catacumba, la ambición se reduce extraordinariamente,
hay como una inhibición porque es como entrar
a una batalla con un sentimiento de derrota muy fuerte
gravitando sobre ti. Yo creo que esa es la razón
por la que el teatro como género literario
ha tenido un cierto retraso en relación con
ciertos retrasos. Un muchacho que escribe novelas
sabe que tiene cómo llegar a un público,
que hay hoy día todos unos mecanismos editoriales
que le permiten alcanzar un público, alguien
que escribe para el teatro sabe que lo que hace es
heroico, que realmente le va a costar enorme trabajo
ver su obra vertical ¿no?
LP: Aquí hay obras que se escriben
que no son representadas
MVLL: Porque no hay ese movimiento
teatral, no hay esos teatros, compañías....
LP: Bueno, hay...
MVLL: Se está progresando,
desde luego, pero todavía es muy pequeño
con respecto a lo que podría ser. No te digo
países europeos, Argentina por ejemplo. Hay
una dramaturgia, hay buenos actores, directores, hay
muy buenos escritores de teatro, y es porque el público
es el que mantiene vivo realmente el teatro.
LP: ¿No crees que tiene que
ver necesariamente con el desarrollo social? Que la
poesía es para determinado momento histórico,
la novela para otro y el teatro para otro.
MVLL: Eso no es verdad. Tiene que
ver con una tradición. ¿Por qué
el teatro está tan vivo en Inglaterra? Porque
hay una tradición que nunca se perdió.
En cambio en nuestra lengua hubo una tradición
riquísima, en el Siglo de Oro el teatro era
el género por excelencia y luego se fue perdiendo,
concentrando en una pequeña élite, perdió
ese contacto que había tenido con el gran público
y de eso no ha resucitado del todo todavía.
LP: Y curiosamente el cine que al
principio se vio como el gran enemigo del teatro no
lo ha mellado en lo fundamental.
MVLL: Yo creo que pueden coexistir
perfectamente el uno con el otro, y en algunos casos
enriquecerse mutuamente. Te cito el caso de Inglaterra,
claro que es el que conozco más. En Inglaterra
el teatro no sólo está muy vivo como
teatro sino que impregna a la televisión. La
televisión y la radio están muy enriquecidos
gracias al teatro. Escritores de teatro escriben especialmente
para la televisión, para la radio.
LP: Es el caso de Ojos bonitos, cuadros
feos.
MVLL: Sí, y la radio da mucha
importancia al teatro. La BBC 3 es realmente una maravilla.
LP: Se ha perdido la idea de radioteatro...
MVLL: Pero digamos, del radioteatro
creativo, de gran nivel. Se ha desaprovechado terriblemente
esa oportunidad.
LP: No es el que tú pintas
en tu novela...
MVLL: No es el Pedro Camacho (risas)
LP: Pero efectivamente quien ha atentado
contra el teatro no ha sido la televisión,
no ha sido el cine ni la radio. Al revés, yo
creo que en algunos casos este abandono del teatro
en estos medios se formó en la radio y en la
televisión. Ha sido básicamente por
otras razones.
MVLL: Bueno, ha sido un criterio comercial
chato y pobre. La idea de que el teatro en televisión
no llega a un gran público. Y eso desde luego
es una tontería porque un teatro bien hecho
en televisión puede llegar a un gran público.
LP: Aquí han habido experiencias
de teatro en la televisión, con público.
Aquí mismo, en el canal del Estado, algún
tiempo se hizo y es una cosa que valdría la
pena recuperar.
MVLL: Desde luego, porque es una manera
justamente de darle al teatro un tipo de difusión
que no tiene.
LP: Ahora es también cierto
que lo que no ha hecho el cine ni la televisión
probablemente lo haya hecho la política, en
el sentido de que la política ha generado un
nivel de espectacularidad, se ha adueñado de
los espacios que eventualmente podría haber
usado el teatro.
MVLL: Yo creo que es una de las características
del subdesarrollo, cuando la política es fundamentalmente
teatro. Eso es característica de los países
subdesarrollados. La política es un arte de
seducir, arrullar, hipnotizar, como el espectáculo.
Eso a un determinado nivel de desarrollo, de una cultura
democrática es incompatible con el éxito
político. Pero creo que en el subdesarrollo
no, el político tiende a ser eso, un seductor,
un actor, y generalmente un mal actor.
LP: Pero con éxito y rédito
a veces en las urnas.
MVLL: Bueno (risas), Lo sabremos por
experiencia. Es verdad que hay grandes políticos
que han sido deliberadamente teatrales. Por ejemplo,
yo cuando trabajaba como periodista en Francia en
la época de De Gaulle, se decía que
De Gaulle ensayaba sus discursos con el que era en
ese tiempo el Secretario General de la Academia Francesa,
un gran actor francés, Luis Senior. Se decía
que Luis Senior le enseñaba a vocalizar, a
hacer ciertos gestos. No sé si es verdad, pero
era una creencia muy extendida
LP: A veces me han llegado candidatos
al Congreso, y por supuesto yo se los mando a Reinaldo
D'Amore que los trata con una paciencia admirable
MVLL: ¿Han tenido éxito
sus protegidos? (risas)
LP: No tanto, pero sí a veces
más que en el arte poética en el arte
de la retórica que a veces se confunden. Eso
definitivamente no es teatro, el teatro en lo medular
es eso que tú señalabas en algunas reseñas,
ese destino tremendo del teatro de desaparecer, de
esfumarse y no quedar más que en la memoria
de los testigos que asistieron a esa función.
MVLL: Eso es lo que le da al teatro
esa naturaleza única. Es un pedazo de vida
que está allí y como la vida pasa, se
extingue, sólo queda en la memoria, no se puede
reemplazar, no se puede imitar, no se puede resucitar,
allí está, allí se vivió.
Se vivió, eso es vivir. Lo otro es un artificio.
Podemos un libro leerlo, detenerlo, regresar. Pero
en la vida no ocurre así, la vida ocurre exactamente
como el teatro, vives, la vida va pasando, la experiencia
va quedando atrás y va extinguiéndose,
y eso para mí es al mismo tiempo la tragedia
del teatro y es también su extraordinaria riqueza.
Esta es la transcripción
-una antología- de una entrevista televisiva
que le hizo Luis Peirano, conductor de "Memoria
del Teatro". El entrevistador es además
director teatral, habiendo dirigido la primera presentación
de Ojos bonitos, cuadros feos en 1996, en Lima. Mayo
del 2001.
TeatroenMiami.com
Febrero
2003
TeatroenMiami.com
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