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Carolyn Carlson
“Esta obra reúne 30 años de estudio
del zen”
Laura KUMIN
Es una de las
grandes damas de la danza contemporánea.
Norteamericana afincada en París , Carolyn
Carlson fue alumna y musa del coreógrafo
Alwin Nikolais, del que aprendió a valorar
la intuición y la improvisación
como motores del arte. El 2 de julio presenta
en el Festival de Granada Writings on Waters,
en la que culmina sus 30 años de estudio
del budismo zen. La obra viajará después
a Sevilla, Salamanca y Barcelona.
La danza contemporánea
europea aún guarda un pequeño
puñado de figuras únicas. Son
creadores e intérpretes con una solvencia
artística intachable, un perfil definido
pero no congelado, inconfundibles en escena.
No crean escuelas, necesariamente, pero marcan
a los bailarines con quienes colaboran. |
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Carolyn Carlson es una de estas artistas.
La coreógrafa, conocida tanto por sus sugerentes
creaciones y sus impresionantes trabajos en solitario,
nació en Califonia y luego se marchó,
como buena parte de los bailarines estadounidenses,
a Nueva York, donde fue musa durante siete años
del magistral coreógrafo norteamericano Alwin
Nikolais. Desde hace más de veinte años
está afincada en Europa, actualmente entre
Venecia y la capital francesa donde dirige “L´Atelier
de París - Carolyn Carlson”, un centro
de formación y creación. Su cuerpo larguísimo
llena el espacio escénico y conjura a la poesía.
Esta semana inicia una gira en España
con una de sus últimas creaciones, Writings
on Water, (Escritos en el agua),que se presenta dentro
del Festival Internacional de Música y Danza
de Granada, donde también va a impartir un
taller a profesionales. La obra se verá también
en Sevilla, Salamanca, Barcelona y el Festival de
Otoño de Madrid. Bien armada con el enorme
listado de preguntas que le había enviado con
antelación, la llamo por teléfono. Amable
y directa arranca a hablar sobre su forma de trabajar
.
Canalizar la intuición
“He leído tus preguntas y son muy interesantes”,
me dice, “pero mira, el arte es lo que es. Pensamos
demasiado”. “Mi trabajo no es lineal.
No trabajo con la narrativa, no cuento historias”,
explica. “Siempre me ha inspirado la poesía,
no admite una relación intelectual. Funciona
con la intuición y yo trabajo con pensamientos
no lineales. Sin embargo, y a diferencia de una pintura
abstracta que ves y te permite pensar lo que quieras,
el bailarín es un ser humano y por eso el público
no lo relaciona con ideas abstractas. Me interesan
ideas que hagan que el público se abra a su
propia imaginación y que le hagan sentirse
partícipe de mis creaciones”. Respecto
a su inspiración y a cómo surgen las
primeras formas de un trabajo, Carlson añade:
“Todo los movimientos que hago se crean a la
par que los conceptos. Es posible que el movimiento
en sí me inspire, pero no es lo habitual. Trabajo
con el concepto y con una idea y los movimientos llegan
después. El oficio te aporta mecanismos para
canalizar la intuición.”
–En Writings on Water y en muchos
de sus trabajos utiliza el cuerpo, un elemento muy
concreto, para expresar un contenido filosófico.
Es decir, el contraste entre lo físico y lo
efímero. ¿Cómo funciona esta
relación en sus obras?
– Para mis coreografías utilizo gestos
que son la intención del concepto. Mis movimientos
están al servicio de estos conceptos e ideas.
Y por eso, entre otros motivos, elegí trabajar
con el compositor Gavin Bryar. Su música tiene
una cualidad mística. No sabes ni de dónde
viene ni a dónde va. Esto es el arte. No es
lo que tu quieres, es lo que tiene que ser.
En este momento interrumpe la conversación
mi hija Hannah que quiere que le ayude a vestirse
con unas telas de fantasía. Atando aquí
y allá sale ataviada con un espectacular traje
morado. Carolyn escucha nuestra conversación.
“Esto es arte”, insiste, “ponlo
en la entrevista. Con la gente que tengo a mi lado
trabajo con la improvisación. Se ponen un vestido
morado y lo encuentro maravilloso. Trabajo con bailarines
que generan muchas ideas. Yo les aporto la poesía
y ellos me dan movimiento”.
Musa de Alwin Nikolais
Hablamos de Nikolais, el emblemático coreógrafo
estadounidense cuyos conceptos sobre el espacio, la
forma, la energía y el tiempo fueron rompedores
y le llevaron a responsabilizarse durante medio siglo
de todos los aspectos de sus creaciones: coreografía,
música, iluminación, escenografía
y vestuario. “Creo que Nikolais fue el gran
maestro del siglo XX. Todavía utilizo las bases
de su técnica, de su trabajo con la composición
y la improvisación cuando imparto mis clases”,
dice Carlson. “Nos dio herramientas para imaginar
y soñar el tiempo, el espacio y el movimiento.
Dejó que cada persona desarrollase su propio
trabajo. Creo que lo más importante de su mensaje
es que la forma está al servicio de la idea.
La forma convierte la intención en realidad”.
Entra Hannah de nuevo buscando algo
para combinar con sus elegantes faldones. Carlson
aprovecha la circunstancia para realizar otro comentario
sobre el proceso creativo. “La inocencia es
la base del arte. Si eres capaz de arriesgarte a la
hora de crear, tienes que hacerlo con inocencia. Pon
esto en la entrevista”, me insta, “lo
dijo Nik”.
–Su faceta de intérprete
está muy ligada a sus creaciones. ¿Qué
considera que es el motor interno de su trabajo?
– Compartir el aspecto espiritual y místico
que es parte fundamental de mí. Nuestra perspectiva
occidental es muy racional e intelectual. Pero en
el arte existen cosas que no podemos explicar: se
trata de la intuición, de los sueños.
El arte es espontáneo, existe en el momento.
Encuentras la idea y ya está. Las ideas se
agarran del aire. Todo es cuestión de intuición.
–El texto del programa de mano
de Writings on Water habla de la recuperación
de la memoria, y de la relación entre el individuo
y el gran espejo cósmico. ¿Qué
se propone con este trabajo?
–Llevo treinta años estudiando el budismo
zen. Writings on Water es la culminación de
todo el trabajo espiritual que me he atrevido a realizar.
Estoy en el escenario detrás de una mesita,
en un estado meditativo. No es el tipo de trabajo
que está de moda ahora. No es un producto de
mercado.
–¿Cómo fue el
proceso de creación con Gavin Bryars?
–Conozco a Gavin desde hace años y ya
había trabajado con dos composiciones suyas.
Tiene un oído musical que me interesa muchísimo.
Le conocí en Venecia. Pensaba que sería
una persona mística y llegó y me dijo
inmediatemente: “¿Dónde está
la cerveza?”. Tiene algo que me recuerda a Nikolais,
algo que tienen todos los maestros de Zen. Son personas
muy evolucionadas pero a la vez muy concretas y normales.
Le comenté mis ideas sobre la memoria cósmica
y quiénes éramos antes de nacer. Le
impresionaron. Yo me considero una coreógrafa
espiritual, pero pragmática. Yo trabajo el
cuerpo como instrumento y él la música.
El arte no se explica
Carlson sigue hablando, es un torrente de ideas y
palabras en las que defiende lo dionisíaco
del arte: “¿Te cuento un koan zen (una
parábola)? Una monja zen huía de unos
tigres, llegó al borde de un precipicio y se
cayó, agarrándose a una enredadera.
Había tigres al fondo y un ratón empezó
a mordisquear la enrededera. La monja vió una
fresa. La olió, la comió, y dijo, ‘Qué
maravilla’. Y lo intenta explicar: “El
arte se encuentra en el momento inesperado, lo aceptas
por lo que es y eso es la danza para mi. Se abre el
telón, la ves y desaparace. Vive en el recuerdo.
No hay nada que explicar. Como dice Mick Jagger, lo
que ves es lo que es. El arte, en cuanto lo explicas,
se desvanece. Lo más importante es que no sabemos
de dónde viene”.
Fuente:
El Cultural
Julio
- 2003
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