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Ricard Salvat
“El Teatre Nacional es una provocación”
Itzíar DE FRANCISCO
Autor, director,
ensayista, pedagogo... Ricard Salvat tiene una
carrera tan larga en el teatro catalán
que lo mejor que se puede hacer para tener una
idea de la trayectoria del creador de la Escuela
de Arte Dramático Adrià Gual es
visitar la exposición que recoge toda
su carrera: “Ricard Salvat y su época”,
en el Palacio de la Virreina de Barcelona a
partir del próximo 2 de julio.
–En alguna ocasión
ha dicho que se sentía olvidado por el
teatro catalán. ¿Esta exposición
hace justicia a esos “olvidos”?
–Más bien he dicho
que desde hace 22 años se me ha negado
toda subvención como empresario privado.
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También soy de los pocos directores
que nunca ha sido llamado por el Centro Dramático
Nacional ni por el actual Teatre Nacional de Cataluña.
Nunca me he sentido verdaderamente olvidado y la prueba
de ello es que hubo una campaña, emocionante
para mí, que una serie de críticos e
intelectuales llevaron a cabo en la prensa para que
pudiera dirigir teatro con adecuada capacidad de producción.
Uno de estos críticos, Albert de la Torre,
es el comisario de la exposición que ahora
me dedica el Palau de la Virreina.
–Usted dijo en una entrevista
que “El Teatro Nacional de Cataluña sigue
sin hacer teatro nacional”? ¿Por qué?
–Sí. Lo he dicho varias veces, incluso
en los años en que nadie se atrevía
a decirlo, y el tiempo ha venido a darme la razón.
La próxima temporada ya resulta francamente
inaceptable. Es casi una provocación. Por ejemplo
montar Primera plana, de Hecht, cuando nunca se montó
Eugene O'Neill. Un Teatro Nacional que no monta a
los autores del país, nunca es un Teatro Nacional.
Es increíble que Joan Oliver, Espriu, Brossa,
Manuel de Pedrolo, Maria Aurèlia Capmany, Porcel,
Ballester, Blai Bonet, los hermanos Sirera, no estén
presentes en las programaciones del Nacional. Es inaceptable
que sólo se monte Guimerà, Sagarra,
Iglesias, Puig i Ferreter y Rusiñol.
–¿Qué echa de
menos de la Escuela de Arte Dramático Adrià
Gual?
– La capacidad de ilusión, la necesidad
de crear una ética y la preocupación
por tener incidencia política en la sociedad.
–¿Qué proyectos
tiene a la vista?
–Estoy preparando la sexta versión (segunda
en España) de Noche de guerra en el museo del
Prado, de Alberti. Me haría ilusión
volver a montar Critón y Eutrifón, de
Platón, que es el primer montaje que hice como
director. Preparo asimismo una obra de Thanasis Valtinos.
Y la explotación comercial de Los siete contra
Tebas (Esquilo) y Antígona, que dirigió
el director bosnio Hadi Kurich.
–¿Qué le falta
y que le sobra al teatro actual?
–Le falta de voluntad de servicio a la sociedad.
Le sobra sexo y comercialidad y, sobretodo, querer
borrar la frontera entre teatro de arte y teatro comercial.
Fuente:
El Cultural
Julio
- 2003
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