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Sonata
para dos actrices
Amparo Rivelles y Nuria Espert, juntas por primera
vez en La brisa de la vida
Liz PERALES
Nuria Espert y
Amparo Rivelles ensayan estos días en
Madrid, dirigidas por Lluís Pasqual,
La brisa de la vida. Original del británico
David Hare, las dos actrices protagonizan un
duelo escénico en el que muestran sus
diferentes estilos interpretativos conforme
a los personajes tan opuestos que encarnan:
la amante y la mujer del mismo hombre. Tras
dos meses de ensayos está previsto que
la obra se estrene el 29 de agosto, en el Palacio
Valdés de Avilés, para iniciar
después la gira.
Son las tres y cuarto de una tarde de junio
en Madrid. 38 grados a la sombra. Con una puntualidad
británica, las actrices Amparo Rivelles
y Nuria Espert llegan en sendos taxis a la sala
de ensayos que Andrea D’Odorico y Miguel
Narros han montado en el barrio de Carabanchel.
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Allí preparan La brisa de la
vida, con Lluís Pasqual como director. Rivelles
y Espert se saludan cariñosamente y se intercambian
piropos y libros: Nuria le pasa las memorias de Marsillach
a Amparo, –la actriz hizo con él una
Celestina memorable en la Compañía Nacional
de Teatro Clásico, episodio que precisamente
relata el autor–, pero no alcanzo a ver el libro
que recibe Nuria a cambio.
El aire acondicionado de la sala amortigua
el sofocante calor. Este nuevo local de ensayos tiene
un aspecto limpio y agradable y parece muy funcional,
con oficinas y una gran sala. Reconforta ver espacios
privados de ensayo en buen estado, los actores saben
bien, y padecen, los tugurios donde les toca ensayar.
La obra que preparan nuestras actrices
es un texto que el autor británico David Hare
escribió para Maggie Smith y Judi Dench, dos
“Dames” del teatro inglés cuyo
solo anuncio de que volvían juntas a las tablas
en Londres después de cuarenta años
agotó las entradas antes de que la obra se
estrenase. Nacho Artime, adaptador también
de dos obras de Hare (Vía Dolorosa y El lucernario),
ha tenido la idea de repetir la experiencia en nuestro
país pero con las que él considera “nuestras
primeras actrices”. “Creo que hay alguna
más”, comenta, “pero me gustó
la idea de reunir a dos de las grandes y que nunca
habían trabajado juntas. Las llamé y
coincidió que ambas podían hacerlo,
algo bastante inusual. Así que me animé
a producirla”.
Mientras esperan la llegada de Lluís
Pasqual, las actrices comentan que la obra tiene unos
parlamentos muy largos y con ritmo, hay que decirlos
con mucha fluidez. Ambas destacan la seguridad que
tienen en escena, la confianza profesional que se
profesan. Hablan también de la disciplina que
exige memorizar un texto. ¿Nunca se han quedado
en blanco a la hora de salir al escenario? “A
mí nunca me ha ocurrido, sólo en pesadillas”,
comenta Espert. “Recuerdo una vez que mi madre
(la gran actriz María Fernanda Ladrón
de Guevara) me preguntó si me sabía
la Inés para que saliera a hacerla en la función
de noche. Yo le dije que sí. A lo largo de
mi carrera he tenido que hacer repentes (tener que
improvisar porque no se ha aprendido previamente el
texto o no se ha ensayado), y en verso, en prosa y
en lo que se podía”, remata Rivelles.
El encuentro entre la que fue esposa
y la amante de un mismo hombre es la situación
que Hare plantea en este duelo escénico. “Es
una obra de mujeres y para mujeres”, comenta
Rivelles en el preámbulo de la conversación.
“No sé si conviene que lo digamos”,
apunta Espert, “no vaya a ser que ahuyentemos
a los hombres”. Rivelles replica:“No importa,
los hombres van poquísimo al teatro y si lo
hacen es porque les llevan sus mujeres”. “Eso
es aquí y en el mundo entero, la cultura está
en manos de las mujeres”, sentencia Espert.
“Una de las gracias de la obra”,
prosigue Rivelles, “es que la personalidad de
estas mujeres es muy distinta, ambas están
en un registro distinto”, lo que la hace muy
apropiada para dos actrices que el público
acostumbra a identificar en un estilo naturalista,
a una, y como una de nuestras grandes trágicas
a la otra.“Yo soy la amante”, prosigue
Rivelles, una mujer mayor, retirada en la Isla de
Wight, que destacó en su juventud por su defensa
de los derechos civiles, participó de la corriente
hippie, una liberal vamos..”. ¿Una mujer
a contracorriente, como usted lo fue también
en su juventud? “Pues sí, yo he tratado
de hacer siempre lo que me ha dado la gana, aunque
claro, no siempre lo he conseguido”.
Humor ácido, chistes
Por su parte, Espert encarna a la esposa, una mujer
conservadora, ama de casa, que quiere saber la verdad
de lo ocurrido para plasmarla en el libro que escribe.
“Esta obra tiene chistes espontáneos,
un humor muy ácido con el que la gente va a
reírse muchísimo.Una de las cosas que
más me gustan es el humor con el que mi personaje
recuerda tantos años después las infidelidades
de su marido, que desde luego ella vivió de
forma dramática. Algo muy verdadero, por otro
lado”. Pero, ¿es plausible que una esposa
vaya a ver a la amante de su marido tantos años
después de haber concluido la relación?
“Cuando murió Spencer Tracy, su esposa
fue a ver a Catherine Hepburn para recoger sus pertenencias,
lo que la actriz le impidió. Así que
fíjese si no es plausible”, razona Espert.
Hay un tercer personaje, el marido,
que pulula como un fantasma y que convierte la obra
en un triángulo amoroso. Hare, muy hábil
a la hora de mezclar asuntos públicos y privados,
hace también alusiones antiamericanas, al radicalismo
de los años 60, aunque la obra realmente hable
de la memoria, de la disolución de las esperanzas
jóvenes, del adagio final de la vida.
Obra de primeros planos
Acaba de llegar Pasqual a la sala de ensayos, viene
de montar un vídeo sobre la última producción
que ha dirigido, Mariana Pineda, con Sara Baras. Comenta
que su agenda está completísima para
los próximos meses. Va a hacer mucha ópera
(Comte Ory, en Pesaro, Peter Grimes, para el Liceo)
y teatro con Rosa Maria Sardá (Wit). Explica
Pasqual que la obra de Hare nació como un encargo
para el lucimiento de las dos actrices británicas.
También cree él que el atractivo de
esta producción española son Espert
y Rivelles.
La crítica británica
ha dicho de La brisa de la vida que más que
una obra dramática es una conversación.
Pasqual lo mantiene: “Lo cierto es que podríamos
decir que no hay argumento, que es un diálogo.
Y también que, por eso, contiene tan poco y
tanto teatro. Siento en el texto de Hare la misma
respiración que en Chejov, esas frases, esa
palabra que tantas lecturas tienen según cómo
se digan”. Señala también la dificultad
de los largos parlamentos, “cada réplica
genera la otra y como en Chejov, que para mí
era un escritor nada romántico, son réplicas
que uno no se las espera, ciertamente originales”.
Añade que si pudiera “haría esta
obra sin luces, sin escenografía, sin nada,
porque el texto está pidiendo un primer plano
de ellas si se hiciera en cine”. Y remata, “no
siempre nos toca dirigir grandes conciertos, a veces
me gusta hacer sonatas para dos solistas”.
Fuente:
El Cultural
Julio - 2003
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