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Buen
teatro de arte hecho por artistas
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Ernesto García
es un músico que ama el teatro y a quien
encontramos a menudo aportando su talento multifacético
en puestas en escena de distintos grupos. También
es el creador de una estupenda revista teatral
en Internet, que publica por amor al arte con
información local e internacional y un
diseño impecable.
Ahora, con El celador del desierto,
presentada en el Teatro Abanico, realiza su
primera incursión aquí como autor
y director; además de componer la música
y diseñar las luces de la puesta en escena. |
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La pieza es una exploración
filosófica, un poema lírico que pasa
revista a la humanidad con un lenguaje que nos remite
en ocasiones al teatro clásico. Ante una aparente
hecatombe universal dos personajes desarrapados quedan
a solas y se confrontan mediante metáforas
que buscan un significado de los errores cometidos.
El autor juega con la fórmula del maestro y
el discípulo y los enigmas por resolver, para
tener oportunidad de ofrecer ciertas respuestas, hasta
que llega al clímax deseado, la trasmisión
de conocimiento, el relevo.
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La puesta en escena
de García tiene un fuerte aspecto visual
que la hace cinematográfica. A cámara
negra, los personajes se funden con la negrura
del escenario y parecen almas en pena que vagan
por el desierto en busca de la ciudad perdida.
Algunas imágenes recuerdan Fando y Lis,
de Fernando Arrabal y alguna cinta de Alexander
Jodorowsky. La iluminación, el sonido
y, sobre todo, la música, juegan un papel
muy importante en el montaje de García,
y éste hace gala de sus conocimientos
técnicos. Desde el mismo instante en
que una gran explosión anuncia la catástrofe
que inicia la obra, estos elementos se hacen
dueños del escenario. Por una parte resulta
grandioso y, por otra, puede ser abrumador. |
Sin dos actrices de la talla de Sandra
García y Grettel Trujillo, la puesta en escena
tendería a ser una exposición de efectos
demasiado fuerte. Pero el director cuenta con ellas
para bajar los humos del espectáculo y compartir
la atención con la esmerada interpretación.
La confrontación
constante entre estas dos trashumantes es intensa
y la relación entre las actrices, envolvente.
El singular maquillaje de Jorge Freire dota
a los personajes de una intemporalidad adecuada
al texto. Este montaje es teatro de arte hecho
por artistas (en el verdadero sentido de la
palabra: creadores).
García confiere autoridad
al personaje que interpreta Sandra, una anciana
andrajosa que habla en clave mientras arrastra
un carromato (que es una obra artesanal) por
el desierto. El trabajo corporal de la actriz
nos hace sentir el peso de los años de
la anciana, así como el de su sabiduría;
su repetido gesto de pedir monedas para revelar
sus secretos sacando desmesuradamente la lengua
es un toque sorprendentemente humorístico
del personaje.
Grettel Trujillo, a quien admiramos
en El enano en la botella, vuelve a vestir harapos
y desfigurar su rostro y cuerpo como en esa
obra (la única en que la hemos visto
aquí), en pro de una Magdalena en apuros
que se encuentra a la anciana en el desierto.
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Este encuentro, nada fortuito según
la especulación del autor, la transformará,
de una horrorizada mujer que huye de la muerte, en
la prolongación de la anciana, en la búsqueda
de su destino.
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El monólogo
final de Trujillo es lo más bello del
texto. La actriz lo entrega con excelente equilibrio
entre la sensibilidad y la vehemencia. Christian
Ocón, Luz Beatriz Ewing y Abel Cruz participan
como las ''auras'' y apoyan la producción
con sus apariciones. La abrupta escena de los
cuerpos desnudos paseándose largamente
no resulta coherente con el resto del montaje,
como si le faltara ensayo.
La producción está a cargo de
Sandra García y Lili Rentería
y si uno lee lo adjudicado a cada cual en el
programa de mano se da cuenta de que el matrimonio
formado por Sandra y Ernesto García ha
trabajado sin descanso. Ha sido provechoso,
pues con esta pieza nace para nuestro público
un teatrista completo. |
''El celador del desierto'' se presenta
de viernes a domingos en el Teatro Abanico, 22 Giralda
Ave., Coral Gables. Información: (305) 448-1100.
Fotos:
Ricardo Aguila
Fuente:
El Nuevo Herald
Julio - 2003
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