Lástima de la descompensación
“eléctrica”
SANTIAGO FONDEVILA
ELECTRA
Autor: José Sanchis Sinisterra sobre la obra
de Sófocles
Intérpretes: Àngels Bassas, Vicky
Peña, Mario Gas, Joan Carreras, Pep Molina,
Ricardo Moya, Anabel Moreno, Susana Egea, Orianna
Bonet y Óscar Pino
Director Antonio Simón
Estreno: Teatre Grec (9/VII/2003)
El ilustre Adolfo Marsilllach, fundador
de la Compañía Nacional de Teatro Clásico,
decía que a los clásicos hay que quitarles
el polvo que el paso del tiempo ha depositado en ellos.
Una metáfora sobre cómo acercárseles
sin perturbarlos demasiado. José Sanchis Sinisterra
lo ha hecho respetando la “fábula”
original de Sófocles pero, fiel a su predicamento
de que la palabra teatral no debe “relatar”,
ha buscado la médula dejando intacto el esqueleto
y construyendo una tragedia íntima a la que,
sinceramente, no sienta bien la grandiosidad del Grec.
La reescritura ha consistido en quitar grandilocuencia
y orillar la redundancia retórica a través
de un lenguaje ajustado a la acción, simple
y directo que fluye con naturalidad y es uno de los
mejores elementos de un montaje muy correcto y funcional.
El incombustible deseo de venganza
de la Electra de Sófocles/Sanchis nos remite
intelectualmente a los conflictos que se vivieron
en la ex Yugoslavia o que están instalados
en el mundo islámico, donde el destino, la
voz del oráculo, ha sido sustituido por los
designios del fanatismo religioso. Hay sed de venganza.
Resulta innecesario, pues, utilizar cualquier referente
contemporáneo pero, a la vez, es imprescindible
que los confabulados “vivan” la tragedia
como si estuvieran en un campo de Palestina o en una
barrio de Bagdad. El director, Antonio Simon, se ha
tomado muy en serio el “despojamiento emocional”
de la versión de Sanchis Sinisterra y no acierta
a articular el espectáculo en el, pienso, necesario
crescendo, ni a subrayar el momento final, cuando
Electra llora a su madre, cumplida ya la venganza.
La visceralidad de Electra contrasta
con la laxitud emotiva del resto de los personajes,
cuyo dolor y odio parece fluir del destino más
que de sí mismos produciendo algo así
como una “descompensación eléctrica”
entre éstos y aquella. Àngels Bassas
es una Electra tremendamente colérica, agitanada
en sus desplantes y en sus actitudes (escupe con profusión)
y con momentos realmente brillantes, a pesar de unos
gritos poco orgánicos. Vicky Peña (Clitemnestra)
“reina” en la confrontación con
su hija, Mario Gas otorga carácter a su papel
de preceptor de Orestes, y éste (Joan Carreras)
se muestra poco dúctil para pasar de la duda
razonable a la acción directa. Magnífico
Pep Molina.
Fuente
- La Vanguardia
Julio
- 2003
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