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Roger Gual
- “En esta obra pasas de reírte a preguntarte
por qué”
Liz PERALES
La Pata negra
es un ambicioso espectáculo en torno
a la inmigración que ha congregado a
artistas de distinto signo. Roger Gual, codirector
de la película Smoking Room, debuta como
director de escena en este montaje en el que
la palabra, la danza y las imágenes virtuales
se dan la mano. Se estrena el 10 de julio en
el teatro Zorrilla de Badalona (Barcelona).
Vicenta Ndongo, alma mater
de este espectáculo, es la única
protagonista de La Pata negra. En él
participan toda una generación de artistas
que vienen pisando fuerte, desde un cineasta
premiado como Roger Gual, un ex-coreógrafo
de la Compañía Nacional de Danza
como Patrick de Bana, el iconoclasta Rodrigo
García, los músicos Dani Carbonell
(Macaco), Chico Ocaña (Mártires
del Compás) y Ray (Krazé Negrozé),
y Fernando de France y Gloria Martí,
autores de las imágenes que se proyectan
en las tres pantallas con las que Ndongo interactúa.
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–La protagonista de La Pata
negra es rechazada por su color de piel, ha recibido
una educación cristiana castrante, vive en
un entorno hostil, no encuentra trabajo... ¿no
suena a los tópicos sobre la inmigración,
a enfrentar a los racistas explotadores nacionales
con los amistosos trabajadores inmigrantes?
–No, no creo. De hecho ha cambiado bastante
desde la primera versión. Ahora, enfrentamiento
sí que hay, pero de un modo sutil, con humor.
El espectador puede sentirse confrontado a una situación,
pero puede opinar lo que quiera... Es a través
de ejemplos concretos que contamos cómo vemos
las cosas.
Andersen y Walt Disney
–La Pata negra está inspirada en el cuento
de El Patito Feo. Al final, en el cuento, el patito
pasa a ser un admirado ejemplar de cisne, que ha cambiado
su pelaje y se ha adaptado al medio emulando a los
cisnes del lago. ¿Es lo que ocurre aquí?
–Evidentemente no voy a contar el final. Pero
no es cierto que la obra esté inspirada en
el cuento de Andersen, simplemente se le cita en un
momento del texto como máximo responsable –junto
con Walt Disney– de destruir las mentes inocentes
de los niños y llenarles la cabeza de prejuicios.
Porque todos hemos crecido con estos cuentos. Creo
que fue François Truffaut quien dijo una vez
que por mucho que le insistieran, nunca iría
a ver una película de Walt Disney con su hijo.
No sé si lo cumplió.
–¿Podría describir
en qué consiste su intervención en la
obra?
–En una creación colectiva de este tipo
lo más importante es que tenga una unidad.
Si no, el resultado puede quedar como un cóctel
mal mezclado. Hemos intentado que salga un cóctel,
y si no sale bien mezclado pues que salga al menos
un molotov. En los textos han participado autores
como Rodrio García, Paloma Ortiz, Iván
Morales, la actriz y yo mismo. Basándonos en
experiencias personales y escogiendo los temas importantes
para cada momento fuimos tejiendo el espectáculo.
También hay escenas con vídeo y coreografías,
pero los textos son el hilo conductor. Digamos que
por momentos pasas de reírte a preguntarte
de qué coño te estás riendo.
–¿Cómo surgió
su colaboración con el proyecto y qué
fue lo que le interesó? A diferencia del cine,
¿qué satisfacción le procura
un medio tan artesano como el teatro?
–Me llamó Vicenta para proponérmelo,
yo nunca me había planteado dirigir teatro.
Pero me interesó lo abierto que estaba el proyecto
y la propuesta inicial de experimentar a todos los
niveles. Siempre que sea empezar algo de cero y con
plena libertad, creo que voy a decir que sí.
Simplemente para poder equivocarte con mucho más
atrevimiento. En el proceso de ensayo me he dado cuenta
de una cosa: en el teatro hay que aprovechar que tienes
a los espectadores enfrente y eso, a ellos, se lo
tienes que hacer notar, que sepan que están
tan vivos como la actriz que tienen delante. Les puedes
emocionar e incluso molestar, pero cada día
será diferente.
Teatro social, lección
moral
–Esta obra se adscribe al teatro social, un
tipo de teatro prácticamente ausente de nuestros
escenarios, de los que también están
ausentes hoy los jóvenes. ¿Cree que
la ausencia de uno explica la otra?
–No sé muy bien qué significa
esta etiqueta de “teatro social”, pero
supongo que se refiere a que el tema nos puede preocupar
a todos por igual. Si es así, vale. Si es porque
queremos dar una lección moral acerca de la
diferencia, nada mas lejos de nuestra intención.
No hay ningún culpable, y al mismo tiempo todos
los somos. Que los jóvenes no vayamos al teatro
es una acto casi reflejo de lo que está ocurriendo
en nuestra sociedad. A la mayoría sólo
les interesan las líneas de comunicación
masiva: la telebasura. Las voces que no pueden gritar
por encima de los tertulianos de Crónicas Marcianas
no tienen ninguna opción de ser escuchadas.
–¿Suele ir al teatro?
–Cuando hay algo que me interesa. Últimamente
sucede poco.
Fuente:
El Cultural
Julio - 2003
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