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Una sincera
vindicación de la negritud
SANTIAGO FONDEVILA
LA PATA NEGRA
Idea e interpretación: Vicenta Ndongo
Música: Dani Carbonell, Chico Ocaña
y Ray
Director: Roger Gual
Estreno: Teatre Zorrilla de Badalona (11/VII/2003)
Sincero, comprometido y contemporáneo.
Así es el primer espectáculo en solitario
de Vicenta Ndongo, que ha contado con muchos y buenos
colaboradores y con el debut en la dirección
teatral de Roger Gual, flamante premio Goya al director
novel 2003 por la dirección de la película
“Smoking room”.
El título, “La pata negra”,
no tiene que ver con el cerdo ibérico sino
con el cuento del patito feo, imagen y arquetipo detonante
del proyecto auspiciado por la actriz mulata que reivindica
la negritud, en particular, y el respeto por la diferencia
en general. Y es en ese sentido que hablábamos
de una creación comprometida, porque lo haya
vivido o no, Vicenta Ndongo ha sido una observadora
atenta de las actitudes racistas cotidianas. Y sincera,
en tanto que ese compromiso no parece fruto de una
reflexión intelectual, sino que se manifiesta
como una postura vital decidida y combativa.
Alejándose del monólogo
al uso, la actriz, en comandita con el director, se
ha volcado en componer un espectáculo donde
se usan códigos estéticos de diversas
disciplinas. De ahí que le llamen multimedia.
Lo es en la medida en que sobre el escenario confluyen
el texto, la imagen grabada, la música –compuesta
expresamente por miembros de grupos tan al día
como Macaco, Mártires del Compás o Krazé
Negrozé– y las variedades, como ese bello
ejercicio coreográfico sobre el trapecio. Elementos,
pues, dispares ordenados en cuatro bloques unidos
tan sólo por la idea motriz del proyecto y
que aisladamente funcionan todos ellos con enjundia.
Así es. Magníficas, las filmaciones
(con una espléndida Mónica López
ejerciendo de monja racista o el tierno viaje de la
protagonista al África de sus orígenes).
Soberbia y muy en sintonía, la música
que acompaña a las imágenes. Incluso
los cuatro “textos”, desiguales, tienen
su miga. Desde los que hablan de una sexualidad frustrada,
pasando por el delirante convite de boda en el Santiago
Bernabeu, hasta los recuerdos personales de Ndongo
sobre su padre. Entre los firmantes de los textos
figura Rodrigo García, icono ya del teatro
contemporáneo radical y cuya sombra asoma en
tantos espectáculos.
El punto flaco
Otra cuestión es la dramaturgia
con la que se han hilvanado todos esos materiales.
Como en casi toda la “creación contemporánea”
se rehúye cualquier idea de narración
–aunque el programa de mano diga lo contrario–,
que se sustituye por el encadenado de acciones, ya
sean textuales, ya audiovisuales, a modo de píldoras
de orden intercambiable. Y ése es, para mí,
el punto flaco de un espectáculo honrado, fresco,
en el que descubrimos, además, la versatilidad
y el poder comunicativo de Vicenta Ndongo.
Fuente
- La Vanguardia
Julio
- 2003
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