|
El Celador
del Celador ( segunda parte)
Carolina Moreno Jordán
Barcelona
Después
del Estreno de una obra viene el momento más
importante, exponer el trabajo al público,
a la crítica y a los colegas. Aunque
ya no estaba en Miami para disfrutar y apreciar
de cerca todo esto, deje siempre la puerta abierta
a una segunda parte para hablar de la obra una
vez que se mostrara al público.
¿ Cómo recibió
el público de Miami tu obra “El
Celador del Desierto”? |
 |
Increíblemente bien, y eso
que siempre decían que era una obra muy difícil
para Miami. Creo que hay mucho de comodidad y de injusticia
para con el público de esta ciudad. Por muchos
años y aún queda la imagen de un teatro
“vernáculo” y puramente de entretenimiento
con filos de sátira política, Miami
cada vez está más cerca de su posible
destino cultural, en un marco de “puerta”
iberoamericana hacia Estados Unidos y el Teatro no
tiene por qué quedarse fuera de esta interculturalidad
y este postmodernismo.
Una prueba de que el público
busca más opciones culturales es el desdén
con que hablan de muchas propuestas que permanecen
anquilosadas, enquistadas en el tiempo. Muchos productores
temen arriesgarse, atraer artistas nuevos, nuevos
textos, actores jóvenes. Entonces recurren
a la fórmula “hollywood|broadway”:
textos que fueron éxitos o actores conocidos
por sus trabajos anteriores en televisión o
teatro o incluso a importar propuestas taquilleras
de otros países, ciudades, etc. Todo esto está
bien, pero queda una muesca muy fina por donde hay
que colar estas otras propuestas. Hay público
para todo.
El espectador lo ha disfrutado mucho,
veo rostros que se repiten, incluso conocí
a tres espectadores que han visto la obra hasta cinco
veces y muchos otros que por lo menos han querido
verla dos. Esto sin contar cuando se acerca alguien
y te dice: “hace muchos años que esperaba
ver algo así en Miami”.
Es reconfortante para mí poder
exponer mi arte, hacerlo con entera libertad y que
sea discutido y debatido luego en las afueras del
Teatro.
¿ Y
la crítica hizo justicia?
Sí, el trabajo fue arduo y
serio; eso lo recoge la crítica.
¿ Y
los desnudos? Yo vi un desnudo completamente artístico
y justificado sin embargo fueron criticados en El
Nuevo Herald. ¿No está preparada Miami
para esto?
Bueno, creo que Miami siempre se sorprende
con los desnudos, incluso sé de proyectos que
fueron muy criticados en el pasado. No creo que fuera
el caso de mi obra. Como tú dices el desnudo
estaba más que justificado, en esta obra todo
está justificado no busqué nunca impactar
formalmente sin que estuviera bien insertado en la
dramaturgia.
 |
La crítica
no reprocha el desnudo en sí, dice que
es “como si le faltara ensayo” y es
curioso pues en la función especifica que
va la periodista ocurrió un accidente “back
stage”, la actriz que hace el desnudo comienza
a sufrir un dolor de espalda muy fuerte un par
de minutos antes de esa escena - creo que se pellizcó
un nervio en la espalda o algo – y finalmente
hizo su escena y continuo la obra, terminándola
con grandes dolores. Como digo siempre: El teatro
es un hecho vivo, nos tocó ese accidente
el día que fue la prensa y quedó
reportado. |
No creo que el desnudo fuera criticado,
incluso la obra fue vista por muchas personas de la
tercera edad y me han comentado que cuando escucharon
que había un desnudo de un hombre y una mujer
temían ir, pero luego de verlo les ha parecido
hermoso.
Yo personalmente creo que esa es una
escena muy bella y llena de magia donde el espectador
se enfrenta a muchísima información,
texto, movimiento, cuerpos, efectos, etc. Una de las
escenas más delicadas de la obra.
¿ Cuales fueron las opiniones de otros
actores, directores y el gremio teatral de tu ciudad?
Más sorpresa que cualquier
otra cosa. Primeramente yo no soy una persona que
frecuente “círculos artísticos”
o “tertulias” y aquellos que me conocían
me veían como músico y diseñador
más que como dramaturgo y director. Así
que muchos se sorprendieron positivamente. Creo que
la mayoría apreció el trabajo que hicimos.
Unos pocos se mostraron escépticos
e incluso no faltó quien hiciera alguna que
otra crítica desproporcionada.
¿Cómo
cuales?
Por ejemplo que el montaje era “viejo”
que no tenía propuestas nuevas.
¿ Qué
piensas sobre eso?
No me preocupa, te soy sincero. Por
una razón práctica, primero yo estoy
convencido que en el “mundillo” prevalece
más la “crítica torpe y malintencionada”
que el disfrute del hecho artístico. Incluso
podría apostar que muchas de esas opiniones
vienen formuladas antes de ver la obra, solamente
tienen que verla para darle validez interna ya que
como dice el viejo adagio “busca y encontrarás”.
Si tú vas a ver una obra pensando que no es
lo suficiente buena, probablemente así sea
en tu subjetividad.
Las opiniones venían más
que nada de dos o tres de los “artistas de avanzada”,
los “posmodernistas”, los “avant
garde” en fin artistas que por lo general solamente
gustan de sus propios trabajos. ¿No era la
obra lo suficientemente grotowskiana? ¿Pero
es que algo tiene que ser grotowskiano para ser buen
teatro? ¿ Hay que prescindir del texto para
que una obra sea post-moderna? ¿Hay que gritar,
moverse extra-cotidianamente? Me parece una visión
muy limitada del arte, para mí es tan absurdo
quien dice que el teatro sin texto es teatro malo;
como quien contrariamente desmerite el teatro que
tenga texto. En fin yo partí de las herramientas
que conozco para contar mi historia, en mi opinión
fue una puesta con calidad, no hay necesidad de “asar
la manteca” cada vez que se hace un trabajo.
Muy interesante
y dura esta perspectiva tuya, me gustaría hacer
otro aparte y profundizar más sobre este tema
y sobre tu propio enfoque. ¿Aceptas entonces
que no fue una propuesta renovadora?
Lo primero que
habría que preguntarse es qué
es lo nuevo, lo renovador, lo progresista. Lo
renovador en un lugar podría resultar
anticuado en otro o viceversa. Yo jamás
practico el credo de lo absoluto.
Mi intención es crear,
hacer una historia... uso mi imaginación
y mi intelecto para ello, no gasto energías
en epatar o aplastar al espectador. No tengo
esa sensación de “posteridad”
que suele engañar a muchos otros. |
 |
Sé de muchos “artistas”
que su principal presupuesto es intentar ser ininteligibles,
creen que si su obra (sea esta un cuadro, un cuento
o teatro) no es entendible es que realmente están
haciendo algo serio. Interpreto esto como inmadurez,
todavía peor, ese divorcio con el espectador
es enfermizo, esa otra sensación de que su
“perspectiva del mundo” es más
profunda o que pertenece a cierta raza de “escogidos”
me parece esa una visión monárquica
de la vida. Este sería un tema para nunca acabar
y creo que será doloroso para algunos.
Respondiendo tú pregunta: No
sé si es renovadora, pero además no
me preocupa.
¿Un
arte completamente explícito? ¿Es eso
lo que propones?
No y mi obra no es explícita
en ningún sentido. Yo establezco varios niveles
de dramaturgia. Desde la historia más sencilla
que suele suceder como una fábula hasta lecturas
en el orden filosófico. Lo que te explicaba
es que mi proceso creativo es extrovertido, yo parto
de mí para comunicarme con otros. Si mi intención
fuera la no-comunicación manifiesta pues no
tendría sentido mostrar mi obra. Siempre pienso
en pintores que dicen que “pintan para ellos”,
y termino en la conclusión de que si eso fuera
cierto sería mucho más económico
pintar un cuadro sobre otro, al final se ahorraría
mucho lienzo.
Yo soy como el urbanista, creo que
no importa la complejidad del trazado de las calles
y carreteras lo importante son las señalizaciones.
Si el conductor las entiende y puede llegar a su destino,
pues entonces hice un buen trabajo.
¿ Donde
querías llegar con “El Celador del Desierto”?
¿Mi propia lectura? No, eso
es secreto, la maravilla del arte es su polisemia
yo tengo mi propia interpretación de la obra
que no invalida otras interpretaciones. Prefiero quedarme
con mi propia historia.
Hace un momento
hablabas de la Posteridad y decías que no tenías
esa ambición. ¿No te gustaría
que algún día se recogiera tu nombre
junto a grandes de las artes escénicas?
Eso no dependerá de mí
ni de mi trabajo, quienes escriben los nombres en
esos libros por lo general no conviven contigo en
tiempo ni espacio. Lo que te comentaba es que es necio
trabajar en ese sentido. Yo creo que uno debe trabajar
fuerte y consistentemente en crear y mostrar tu trabajo;
las consecuencias del mismo son ajenas a tu voluntad.
Cuando Mozart escribió alguna
de sus sinfonías para poder pagar un techo,
comida y unas botellas de vino, no creo que tendría
en mente que cientos de años después
todavía se escucharía su música.
Siendo realista creo que pasará
como siempre: terminaremos la obra, recogeremos los
bártulos con la esperanza de reponerla en algún
sitio. Así estaremos haciendo teatro, convencidos
siempre de su carácter efímero.
Artículos
relacionados
Julio
- 2003
|