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Diálogo sobre Teatro Hispano en USA II
- segunda parte-
ver primera parte
Ernesto Garcia

Esta por diversas razones siento que es una entrevista inconclusa. El furor que despiertan ciertos argumentos entre nuestra gente nubla la razón, opaca el intelecto y dejamos de profundizar en los temas reales, más allá de las ideologías (sin que las obviemos), de los chismes y los rencores.

El tema grande, al menos el que puedo ver abierto a una discusión saludable es el tema de la hispanidad, el tema del teatro, el tema de la crisis o evolución del mismo. Pero no dejamos de aclamar y gritar, heridos realmente muchos, otros como un eco borroso de una conciencia colectiva.

No son pocos los emails que recibimos en TeatroenMiami.com cuestionando la utilidad de nuestra primera entrevista, incluso nombrándonos con los epítetos más desdeñables e inmerecidos. No sé que otro tanto habrá recibido mi entrevistado, pero puedo imaginarlos amplificando los recibidos por mí. Hay quienes prefieren el silencio cómplice que el análisis y la discusión sana.

Como un convencido, creo en la necesidad de establecer parámetros, estudios y metodologías si es que estamos interesados en adentrarnos más en la comprensión de nuestra realidad. Invito a los estudiosos y eruditos, a los conocedores reales del tema a que se enfanguen los pies en esta pesquería intelectual.

Como dije al principio, se quedaron preguntas y temáticas que pondrían combustible en esta hoguera, pero como soy un amante del teatro y no un inquisidor; me permitiré la libertad de escoger mi personaje y este no será Tomás de Torquemada.

TeatroenMiami.com: Luego de todo el análisis en la primera parte de nuestra entrevista, defíneme escuetamente, si es posible en un párrafo: ¿Qué es el Teatro Hispano?

Alberto Sarraín: Es muy difícil para mí hablar escuetamente, pero trataré, aunque dudo que sea en un párrafo. Siempre he sido de la idea de que el arte debe clasificarse según la corriente estética en que se produce. Incluso cuando hablamos de cierta manifestación artística producida en un mismo país, etiquetarlo bajo el nombre del país es una clasificación poco útil. Y digo útil aludiendo al sentido pragmático de las etiquetas que no es otro que el de su estudio. No me parece útil clasificar a Tristan Tzara, Antonin Artaud, y Jean Cocteau bajo la etiqueta de teatro francés, a menos que se trate de un estudio histórico o comparativo de ese teatro, porque desde el punto de vista estético, Dadaísmo, Teatro de la crueldad y Melodrama psicológico son tres corrientes completamente distintas, que se expresan de una manera distinta y que apelan a un público también distinto. ¿A qué alude el nombre “Teatro Hispano”? ¿Qué se encuentra etiquetado bajo esta denominación? ¿Una corriente estética? ¿Una forma incluyente y específica de hacer teatro? ¿Es un “outlet” de un movimiento social? ¿Representa a un grupo específico? Todas las respuestas a estas preguntas pueden ser respondidas de diferente manera, pero bajo esta denominación se encuentra clasificado en Estado Unidos un teatro muy heterogéneo que hace la llamada minoría hispana, y cuyo elemento común es únicamente ese, la procedencia étnica de los involucrados. La etiqueta responde a un componente racial es una etiqueta discriminatoria, y no uso la palabra en el sentido peyorativo del término, sino simplemente en su acepción más amplia: separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra. Claro que esta separación es de hecho la no aceptación de este otro como parte del teatro norteamericano aunque sea hecho por norteamericanos. Veamos por ejemplo estos párrafos:

Eugene (Gladstone) O'Neill (1888-1953) One of the greatest American playwrights, restless and bold experimenter, winner of the Nobel Prize for literature in 1936. ... Eugene O'Neill was born in New York into an Irish-Catholic theatrical family.

Arthur Miller, born 1915, has been the dean of American playwrights since the opening of Death of a Salesman in 1949. Miller, the son of a Jewish immigrant, was born and raised during this early years in Harlem section of Manhattan and later in Brooklyn after his father's business failed.

Tendríamos que pensar entonces, siguiendo la lógica clasificatoria del teatro hispano que el teatro de O´Neill es Teatro Irlandés y que el de Miller es Teatro Polaco-Judío. Pero no es así, de alguna manera el teatro hecho por inmigrantes de origen hispano ha sido separado. Si hacemos un análisis del valor artístico de este único sentido que en común tiene el llamado teatro hispano de los Estados Unidos tendríamos inmediatamente que predecir su desaparición porque la durabilidad, crecimiento y desarrollo de los movimientos artísticos radica en la defensa de un concepto filosófico, que es, desde luego, una óptica de la vida. Sin ese centro conceptual impulsor el movimiento no puede llegar a ninguna parte. Su lucha es el diario sobrevivir, pagar la renta, conseguir un grant, pagarle a los actores. Pero la esencia real del teatro no es esa sino la creación que busca desesperadamente una manera de expresarse desde esa óptica. El teatro hispano tendría que tener pensadores, estetas y líderes que trataran de consolidar un movimiento fuerte, que pensara en conjunto y que lograra despojar a las islas teatros de la ingenua territorialidad que muchos defienden.

TeatroenMiami.com: Otro de los aspectos que me pareció interesante tratar fue la noticia de la desaparición del Grupo Cultural La Má Teodora, el que dirigiste por todos estos años desde su fundación. ¿Cómo se insertaba el Grupo Cultural La Má Teodora dentro del “Teatro Hispano” o el “Teatro en Español” en Miami y en los Estados Unidos?. ¿Cuáles eran los puntos en común con otros grupos de Teatro? ¿Qué los diferenciaba?

Alberto Sarraín: Creo que cada grupo es único en su empresa aunque siempre haya un denominador común, porque la actividad teatral se realiza en un mismo espacio real e histórico que determina estrategias y productos. Creo que los objetivos son lo que van definiendo esa unicidad.

La Má Teodora fue fundado con dos propósitos. El primero ser sede de un grupo de artistas cubanos cuyo desarrollo como artistas se había visto interrumpido por la batalla diaria de subsistencia. Fíjate que no hablo de hacer una obra, sino de un concepto que para mí es básico en el desarrollo personal del artista de teatro que es la búsqueda de una expresión personal definida por el grupo en un camino de búsqueda estética. Si hoy tú haces una comedia y mañana un melodrama y pasado mañana un musical, pero estos no están conectados entre sí, si no surgen de las mismas inquietudes y se expresan a través de un núcleo conceptual común, la experiencia teatral se resume a tres cosas:

  1. Éxito o fracaso inmediato determinado por la aceptación del trabajo por el público y/o la crítica
  2. Remuneración económica, salarial
  3. Oficio, concepto que puede llegar a ser terrible para la gente de teatro.

Estas tres cosas están por supuesto incluidas en el trabajo de compañía, pero trascienden la inmediatez de los resultados personales hacia un camino de búsqueda colectiva que conlleva una revisión estética de los resultados, una reorientación o afirmación del punto de vista creador, o sea su desarrollo y el conocimiento y conquista de un público para el que trabajas y que será tu público. Tus trabajos posteriores dependerán directamente de estos resultados, mientras que en el otro concepto donde no perteneces sino por donde pasas, los trabajos consecuentes dependen de la siguiente invitación que te hagan.

Creo que es muy importante el sentido de pertenencia, el trabajo que se hace porque es tuyo, habla de algo que tú quieres hacer, algo en lo que tú has participado activamente. Lo que no te pertenece tiene que darte ventajas – cuánto vas a ganar, cuán importante es el personaje o la obra o la escenografía o lo que en inglés se conoce como “exposure” o sea el trampolín que te permitirá ser visto.

El concepto de La Má Teodora contenía desde su fundación un concepto más amplio que el de “grupo teatral”. Desde el principio quisimos ponerle “grupo cultural” porque preveíamos la necesidad de conectarnos ampliamente con el mundo de la creación más allá de la simple producción ocasional de una obra. Así surgió la revista que impecablemente dirigió Carlos Espinosa Domínguez y cuyos cuatro únicos números son valiosísimos testimonios de la cultura teatral de nuestro tiempo, que no discriminó nunca, que recuperó materiales valiosísimos y puso de relieve tanto la dramaturgia con el teatro vivo. En esta misma línea el grupo se interesó por los festivales de teatro, que son el instrumento de reunión y valoración teatral más importante que tienen los artistas en este momento.

De repente la puesta en escena de Delirio habanero tenía invitaciones para 12 festivales, a mucho de los cuales no pudimos asistir por los problemas económicos que conllevan las salidas internacionales, que van desde la consecución de los pasajes hasta resolver que puede hacer un actor que tiene que dejar su trabajo estable por 15 días. Participar en cinco festivales internacionales fue una labor ardua y agotadora. Sobre esta línea de trabajo creo que uno de nuestros mayores éxitos fue el I Festival Internacional del Monólogo que se realizó a teatro lleno y donde participaron 37 artistas internacionales. También hicimos presentaciones de libros de teatro, lecturas, talleres, conferencia y recitales.

El segundo gran objetivo del grupo era la idea de lo cubano, la idea de hacer lo que realmente somos, la idea de hacernos. Esto es algo que creo que ya toqué en la primera parte de la entrevista, pero quisiera abundar en ello. Antes te decía que el trabajo de compañía permite evaluar resultados y reorientar o afianzar la búsqueda estética y de tu público. Lo que en un principio fue una selección aleatoria, la certeza de trabajar con una obra de arte, se convirtió después en un camino. Buscábamos algo que hacer, al principio nos reuníamos en el local de Pedro Pablo Peña para hablar, para buscar un camino. La primera producción no podía ser nada grande, no teníamos un centavo ni capacidad productora. O sea que debería ser un texto excelente con pocos actores y producción mínima, Santa Cecilia de Abilio Estévez fue entonces el toque mágico que hizo despegar la nave. Claro que en aquel entonces no había, como hay ahora varias compañías de Miami interesadas en presentarla, no tuvimos ese problema todo lo contrario, desde el principio cayó sobre todos los involucrados el temor de presentarnos como compañía, con un trabajo que a priori contaba con la desaprobación social.

Tuvimos que luchar contra nosotros mismos, contra la autocensura, algo contra lo que siempre yo había tenido argumentos. Se tomó la decisión pensando sobre todo en la famosa frase de Lorca: “el teatro se debe imponer al público y no el público al teatro. Para eso autores y actores deben revestirse, a costa de sangre, de gran autoridad, porque el público de teatro es como los niños en las escuelas: adora al maestro grave y austero que exige y hace justicia, y llena de crueles agujas las sillas donde se sientan los maestros tímidos y adulones, que ni enseñan.” Esta idea contiene la idea del artista como vanguardia social capaz de cambiar los gustos y tendencias. Lorca hablaba en esa misma charla de: “...porque yo he visto patear a Debussy y a Ravel hace años, y he asistido después a las clamorosas ovaciones que un público popular hacía de las obras rechazadas. Estos autores fueron impuestos por un alto criterio de autoridad superior al del público corriente, como Wedekind en Alemania y Pirandello en Italia y tantos otros.”

Y así fue, no sólo por la tremenda acogida que tuvo Santa Cecilia, sino porque hemos visto como 8 años después tres productores se disputan la reposición del texto en Miami. Terminamos todas las funciones de la obra con el público de pie aplaudiendo. La crítica la señaló con premios y reseñas muy favorables. Esto marcó nuestro camino la búsqueda de un teatro poético, mágico, que toca la realidad tangencialmente, pero que nos hace meditar sobre ella. También Santa Cecilia nos dijo que los autores cubanos residentes en la isla no eran ya tabú en este lado del estrecho de la Florida, todo lo contrario, que había un público ávido de esta manera de decir, un público fiel que hicimos nuestro público, un público al que le devolvimos parte de sus artistas y un público que reconocía el arte por sus propios méritos independiente del lugar en que el creador escogiera para vivir. Así obra tras obra definimos lo que era nuestra manera de decir, lo que la gente podía esperar de nosotros. Curiosamente algunas de nuestras presentaciones que se apartaban de esta línea de “lo cubano” eran las menos exitosas.

TeM: Leo entonces en la prensa que construyen una gran sala en Miami para una sinfónica que dejó de existir, que una sala de cine de arte cerró y los teatristas que comparten el espacio buscan apoyos para permanecer; que se recortan los fondos estatales dedicados a las artes en muchos estados de la nación. Nadie mencionó la desaparición de La Má Teodora que produjo en nuestra ciudad obras como “La Noche” y “Santa Cecilia” de Abilio Estévez, “Réquiem por Yarini” de Carlos Felipe, “Manteca” y “Delirio Habanero” de Alberto Pedro o “La Chunga” de Mario Vargas Llosa por nombrar algunos. Sé que alguno se complacerá con esta noticia pero en el fondo es la cultura de la ciudad de Miami la que se mutila.

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Julio - 2003

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