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Cesc Gelabert
y Lydia Azzopardi estrenan dos coreografías
en el Lliure
“8421”
es una visión pesimista del mundo, y “Viene
regando flores desde La Habana a Morón”
habla de Cuba
BARCELONA. (Redacción.) –
La compañía Gelabert-Azzopardi presenta
desde esta noche y hasta el jueves, en la sala Fabià
Puigserver del Teatre Lliure, dos coreografías
distintas y a la vez complementarias. “8421”
es una creación para ocho bailarines sobre
la tristeza, el dolor y el miedo con música
de Shostakovich, y “Viene regando flores desde
La Habana a Morón” es una pieza más
alegre y vital sobre la particular forma de enfrentar
la vida en Cuba construida sobre una sucesión
de ritmos típicos del país del son.
“8421” es una coreografía
“dura y triste”, señala Cesc Gelabert,
que pretende transmitir al público una visión
pesimista de un mundo dominado por “el materialismo
y en el que hay mucho dolor”, que responde a
una dolorosa reflexión del coreógrafo
al echarle una mirada al mundo contemporáneo.
De ahí que Gelabert haya escogido el “Cuarteto
de cuerda número 8 en C menor” de Shostakovich,
una de las piezas más conocidas del autor y
de una gran fuerza emocional.
Los ocho bailarines van desapareciendo
del escenario hasta quedar sólo uno, la también
directora Lydia Azzopardi, cuya presencia actúa
como una metáfora sobre la pérdida y
la soledad. La escenografía y el vestuario
de la pieza “crean un ambiente abstracto”
que, piensa Gelabert, ilustran muy bien la “rabia
y tristeza ante los tiempos que nos toca vivir”.
En contraste, “Viene regando
flores desde La Habana a Morón”, quiere
transmitir la alegría y espontaneidad del pueblo
cubano a través de su música, interpretada
en directo por un cuarteto de músicos de la
isla caribeña. La idea de esta segunda pieza
surgió cuando Azzopardi escuchaba una rumba
cubana que narra cómo Unión de los Reyes,
un pueblo de Cuba, llora regando flores la muerte
de uno de sus músicos. Gelabert admira “la
capacidad que tienen los cubanos para explicarlo todo,
aunque sea su tristeza, de manera positiva”.
El espectáculo, que probablemente
volverá al mismo escenario en la próxima
temporada del Lliure, combina una selección
de sones, guarachas, rumbas, boleros, mambos y chachachás,
algunos de ellos clásicos conocidos como “La
mujer de Antonio”, “Caballo negro”
y “El agarrao”. El músico cubano
Enildo Rasúa ha destacado la fusión
lograda entre el ritmo cubano tradicional y muy marcado
y los movimientos contemporáneos de la coreografía.
Sin embargo, para Cesc Gelabert, los bailarines son
“lo más importante”, incluso más
que la coreografía, ya que ellos “transmiten
las emociones a través de su cuerpo, su corazón
y su mente”. Gelabert se muestra convencido
de que el público “recordará no
sólo los movimientos, sino también a
los bailarines”.
Fuente
- La Vanguardia
Julio - 2003
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