|
Violencia
contra la violencia
Bond Portaceli estrena Lear en el Grec
Itzíar DE FRANCISCO
La preocupación
por la violencia social y la corrupción
del poder son dos constantes en la obra del británico
Edward Bond, un autor casi desconocido en nuestro
país, hasta ahora. Carme Portaceli estrena
el 25 de julio en el Grec Lear protagonizado por
Lluís Homar, montaje que coincide con Vermell,
negro e ignorante, una de las Piezas de Guerra
de Bond que Manel Dueso dirige en la Muntaner
hasta el día 27.
Difícil. Ése es uno de los adjetivos
más utilizados por la prensa británica
para describir la obra de su controvertido compatriota
Edward Bond, uno de los dramaturgos british menos
british: “Yo escribo sobre la violencia
con la misma naturalidad con la que Jane Austen
lo hacía sobre las buenas maneras”,
se autodefine Bond. Autor de más de treinta
obras dramáticas como Saved, Early Morning
y Lear, y cinco largometrajes (entre ellos el
célebre Blow up, llevado al cine por Antonioni),
Bond (1935) es un autor obsesionado por mostrar
la corrupción del poder y la violencia
que nubla el futuro de la sociedad. |
 |
“La violencia encabeza nuestra
sociedad y si no dejamos de ser violentos no tendremos
ningún futuro. Sería inmoral que no escribiésemos
obras que hablasen de la violencia”, asegura el
dramaturgo.
El que fuera uno de los autores más
representados en la década de los 60 en el
Royal Court Theatre de Londres y de los más
controvertidos del circuito inglés es prácticamente
un autor desconocido en España: tan sólo
se ha llevado a escena en cuatro ocasiones, entre
las que destacan los montajes de Salvats, de Josep
Maria Mestres (1998) y Estiu de Manel Dueso (2001).
Ahora, dentro del festival Grec –la escena catalana
parece la única interesada por el inglés–
coinciden esta semana dos de sus obras más
representativas: Lear (1972), que ahora lleva a escena
Carme Portaceli a partir de mañana en el Grec,
y la “Pieza de Guerra” Vermell, negro
e ignorante (1994), que estos días presenta
Manuel Dueso en la sala Muntaner hasta el día
27.
Cordelia y la globalización
Portaceli define la escritura de Bond como “muy
visceral. Habla sin concesiones de la pobredumbre
del poder y de la violencia”. Con esta puesta
en escena la directora de Un enemigo del pueblo realiza
un viejo sueño, ya que “era un proyecto
que siempre había tenido en mente”.
En este texto Bond reescribe el mito
de Lear con tinta fresca, hablando de los problemas
que acechan a la sociedad moderna. Los personajes
shakespearianos aquí son símbolos actuales:
Lear representa el antiguo régimen, sus hijas
son un trasunto de la globalización y Cordelia
es la metáfora de los regímenes totalitarios
de izquierdas. “Bond utiliza estos símbolos
para hablar de la perversión política
y social, y por eso no excluye ni a la cultura ni
al teatro, que ahora están en manos del mercado.
Para él la democracia es una democracia de
mercado”, comenta Portaceli, quien subraya la
riqueza de este texto. “Su lenguaje tiene un
matiz esperpéntico para tratar la falta de
moral y otro poético, aunque no deja de ser
una poesía de la dureza”. El actor Lluís
Homar –que actualmente rueda con Pedro Almodóvar–
encarna a este Lear que Bond creó pensando
en algún líder político concreto,
“puede que Stalin”, dice Portaceli.
El teórico del drama
En una entrevista concedida a The Guardian hace dos
años, Bond aseguraba que la Comedie Française
llevaba toda la razón al señalarle como
“el teórico del drama más importante
desde Brecht”. Una responsabilidad moral subyace
en sus textos –“porque nuestras sociedades
son injustas”– aunque él eluda
siempre el término compromiso. “El compromiso
es algo innecesario –asegura Bond–. Si
conectas con la gente a un nivel vital, entonces reaccionarán.
No te puedes presentar ante unos trabajadores y decirles
‘aquí tenéis Hamlet’. Antes
debes aprender el lenguaje de Hamlet, pero claro,
eso lleva su tiempo”. Bond tampoco ha escatimado
críticas a la hora de hablar del teatro, que
considera “americanizado”, en el caso
la escena británica, y “homogeneizado”
cuando se refiere a la joven dramaturgia.
Fuente:
El Cultural
Julio - 2003
|