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Nostalgia de
Juana Torralva
JOAN-ANTON BENACH
ANIMAL MUSIC
Director: Manel Barceló.
Lugar y fecha: Convent de Sant Agustí (23/VII/2003)
Anótese el dato: la feliz algarabía,
los “bravos” y aplausos registrados al
acabar la representación primera de “Animal
Music” no guardaban la más mínima
correspondencia con lo acontecido en escena. Ni siquiera
cabía celebrar la “animalada” que
a caballo del exabrupto provocador, evocara la puñetera
burocracia que entorpece las ganas de emigrar a Europa
que sienten muchas gentes del Cono Sur americano.
Ni siquiera podía festejarse un “musical”
que en algún momento alncanzara una decorosa
entidad.
De hecho, lo acontecido en escena
era un ejercicio de máscaras cuyos interesantes
hallazgos plásticos no le redimían de
la estética del “amateurismo” mejor
intencionado. Y una de dos: o Manel Barceló,
su director, se ha manifestado con una condescendencia
altamente grave o ha encontrado aquí la trampa
fatal para su elocuente impericia.
Extraordinario actor, protagonista
de monólogos gloriosos, inolvidables, eficaz
director de “sí mismo”, Barceló
no cuenta, creo, con trabajos de dirección
suficientemente comprometidos para abordar el ambicioso
espectáculo que, en principio, parece ser “Animal
Music”. Elaborado a partir de la dramaturgia
de Karel Mena, “Animal Music” es la segunda
producción de La Korbata. Y muy pronto, a los
cinco minutos de ver que la función rodaba
hacia su torpe inanidad, uno se preguntaba por qué
esta señora venezolana – a Karel Mena
me refiero– , siendo como es una de las fundadoras
del grupo, no se había erigido en directora
del espectáculo. En abril del 2002, cuatro
monólogos de “Lope de Aguirre, traidor”,
dirigidos por ella en la sala Beckett, alcanzaban
el vigor y el temblor de emociones dramáticas
de muchos quilates, dentro de una puesta en escena
tan sobria como imaginativa. Seleccionados de la obra
de Sanchis Sinisterra para la presentación
en sociedad de la compañía, uno de aquellos
textos lo interpretaba la actriz Cecilia Bellorín.
Encarnaba el papel de Juana Torralva, la fantástica
y dicharachera sirvienta del torvo Lope de Aguirre.
Y de verdad que, anteanoche, nos pareció vivir
una alucinación: al final, cuando la tropa
zoológica se quitó las máscaras,
y al asno le correspondió lo propio, el rostro
de Cecilia Bellorín apareció debajo
del orejudo disfraz que lo ocultaba. Increíble.
O sea, que el acreditado poderío de la actriz
había sido completamente planchado por un papel
vacilante, sin nervio ni alegría, como los
del resto de actuantes, ajenos a todo sentido del
ritmo, condenados a “estar” sin interpretar,
víctimas de una letra sin ninguna gracia apreciable,
escrita a ocho manos . Y en la parte musical, víctimas,
tambien, de una indefinible apatía y de la
indigencia instrumental emergente de un teclado y
un contrabajo. Lo mejor, la interpretación
de la gata Cecilia García y el diseño
a cargo de Mariel Soria de las máscaras y el
vestuario. Y lo mejor de lo mejor, los muchos fans
de La Korbata. Ellos no celebraban lo visto en escena.
Celebraban los “puentes entre nuestros países
(latinoamericanos) de origen y la Catalunya nuestra
que hemos escogido” (K. Mena). Ellos aplaudían
La Korbata que, más que nada, ejercía
de voluntariosa y benefactora ONG.
Fuente
- La Vanguardia
Julio - 2003
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