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Comedia
con pulso ateniense
Itzíar DE FRANCISCO
Carles Santos abre la Bienal de Valencia el 7
de junio con Lisístrata
Multidisciplinar
y renovador, Carles Santos vuelve a romper los
esquemas de la creación escénica
con Lisístrata, obra basada en la comedia
de Aristófanes a la que dota de una estética
motera y una lectura atemporal. Más de
70 artistas, entre actores, cantantes y músicos,
junto al Coro de la Ciudad de Valencia, participan
en este macromontaje que se estrena el 7 de
junio en la Nave de Sagunto y que dirige el
propio Santos. Con Lisístrata se inaugura
oficialmente la II Bienal de Valencia, que se
clausurará el 30 de septiembre con Las
comedias bárbaras, bajo la dirección
de Bigas Luna.
Dice Carles Santos (Vinaroz, Castellón,
1940) que si no se lo hubieran encargado jamás
se le habría ocurrido representarla,
pero lo cierto es que la obra Lisístrata
contiene elementos que son característicos
del universo creativo de Santos: humor, sexo,
fetichismo, sensualidad y ciertos tintes de
surrealismo. |
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Irene Papas –directora artística
de la programación de artes escénicas
de la Bienal– después de asistir a la
representación del Barbero de Sevilla que dirigía
Santos le propuso, hace ya dos años, una revisión
de la comedia de Aristófanes. “La verdad
es que cuando leí el texto me di cuenta de
que era muy divertido y que daría mucho juego”,
asegura Santos, que ultima en estos días los
detalles del macromontaje.
Aún reciente el éxito
cosechado por su ópera-circo Sama Samaruck
Suck Suck –por la que acaba de ganar un premio
Max– el director, músico y compositor
valenciano no abandona en este nuevo montaje su línea
estética. Sus obras son un conjunto artístico
en el que se diluyen los límites de artes como
el teatro, el circo y la ópera. Así
lo ha demostrado a lo largo de una extensa carrera
de reminiscencias cinematográficas, primero
en los años 70, y sobre todo operísticas,
a lo largo de las dos décadas siguientes, en
las que destacan obras tan aplaudidas como Ricardo
i Elena (2000), La pantera imperial (1996), Asdrúbila
(1992) o Tramuntana Tremens (1989). Santos es el compositor
contemporáneo español más atípico.
Su concepción de la música le ha llevado
a crear obras tan hermosas como L’Adéu
de Lucrècia Borgia, partitura que contiene
lo mejor de Santos, un minimalismo mediterráneo
y luminoso en el que las ideas breves y contundentes
se suceden de forma eficaz, o No al No, que sorprendió
en su presentación en el Festival de Edimburgo
el pasado verano. Además, siempre dirige e
interpreta sus propias partituras. “Mi concepción
de la músical es muy visual. Cuando abordo
un trabajo me da mucha tranquilidad tener una partitura
debajo del brazo. Eso me ayuda a ordenar las cosas”.
Actores en la carretera
Para esta Lisístrata –de gran fuerza
visual, como todas sus obras– los 6.000 metros
cuadrados de la nave de Sagunto han inspirado la concepción
espacial de la obra. “Para ese espacio enorme
he ideado una especie de carretera de 100 metros de
largo por 13 de ancho, que recuerda a los circuitos
de motos. En esta obra todo pasa, no hay nada fijo,
los objetos, los personajes y los músicos avanzan
a distintas velocidades”. La tribuna se dispone
a ambos lados de tal forma que los espectadores están
contemplando lo que sucede en escena como si “de
un partido de tenis se tratase” en el que hay
que estar atento al siguiente movimiento, a la nueva
aparición.
Dos enormes cabezas de ocho metros
cuadrados, una de Lisístrata y otra de Aristófanes,
presiden este “circuito-escenario” por
el que desfilan también cuatro motos de trial.
El concepto de carretera, del movimiento, de objetos
que pasan responden a “la distancia que existe
entre el momento de escritura de la obra y la actualidad.
El texto tiene tantos años que me apeteció
enseñarlo”. Para Santos su obra tiene
claramente dos partes: “la teatral y la operística”,
de ahí la decisión de utilizar a dos
artistas, una actriz y una cantante, para el papel
de Lisístrata. “Así mezclaba también
lo hablado con lo cantado, de tal forma que siempre
hay música, incluso cuando los actores hablan”.
En total, 70 artistas entre músicos, cantantes
y actores pone voz y canto a los personajes milenarios
del texto. Conviene no olvidar que la obra tiene 2.411
años aunque su lenguaje es muy actual, entre
otros motivos, por su vocabulario provocativo y explícito
sexualmente.
La dualidad está presente en
toda la concepción escénica, desde el
espacio –diferenciado en dos partes– al
sexo de los personajes, ya que el corifeo masculino
está interpretado sólo por mujeres.
“En la obra las mujeres son las protagonistas.
Ellas intentan apoderarse de la acrópolis,
del dinero, etc. Sin embargo no es una obra feminista
ni reivindicativa. Incluso ese lado pacifista que
muchos han explotado aquí aparece diluido”.
Sólo hay un hombre en el montaje, el actor
que interpreta a Pericles.
Motos de trial, músicos en
movimiento, grandes estructuras, un coche fúnebre....
La obra es un rompecabezas contemporáneo que
hace olvidar la antigüedad del texto y al que
da coherencia la partitura de Santos. “Es un
conjunto musical muy extraño. Hay ocho violines,
cinco percusionistas, ocho guitarras eléctricas
y el coro de Valencia”. Innovador en cada uno
de sus trabajos, el compositor ha utilizado por primera
vez las guitarras eléctricas “a pesar
de que no me gustan. Pero es que en este caso la música
está a las órdenes del espectáculo”,
dice el creador, que tan pronto pone a cantar a Lisístrata
melodías tradicionales como modernas, confundiéndose
su voz con gritos o ruidos de motos. La música
es interpretada en vivo y los músicos, caracterizados
como el resto de los actores, saltan del foso al escenario
para convertirse en un elemento escénico más.
Santos ha concebido la obra de forma
atemporal, a pesar del trabajo de contextualización
que ha realizado. Una novedad respecto al texto original
son Pericles y Aristófanes convertidos en dos
personajes más que se pasean por la nave. “En
el texto hay una referencia, sutil pero presente,
a Pericles, el Bush de aquella época. Él
empezó esas guerras contra las que la obra
protesta”. Y es que en la comedia de Aristófanes
las mujeres atenienses encabezadas por Lisístrata
se niegan a tener relaciones sexuales con sus parejas
si no renuncian a ir a la guerra.
Partitura ecléctica
El trabajo dramatúrgico ha sido realizado conjuntamente
por Pedro Barceló y Carles Santos, quienes
han reducido el texto considerablemente. Vuelve a
repetir colaboración con su inseparable Mariaelena
Roque en las labores de vestuario y atrezzo e incorpora
un nuevo fichaje, Toni Miranda, como encargado de
la escenografía. “Es la primera vez que
trabajo con alguien en este terreno”, confiesa
Santos. Contrasta la velocidad de esta obra –desde
su creación, en escasos meses, al ritmo que
se marca en escena, siempre trepidante– con
su próximo proyecto. Se trata de una obra de
pequeño formato en la que Santos se olvida
de las grandes producciones –sólo hay
cuatro personajes– y que gira en torno a la
figura de Rossini. “No se trata de una biografía
pero sí voy a indagar en su forma de ser para
tomar conciencia de si persona. Y lo voy a hacer con
toda la ironía que él tenía”.
El
Cultural
Junio
- 2003
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