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Sully Díaz
brilla como La Lupe
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Se arranca las
pestañas y la peluca, tira sus prendas
al suelo, baila descalza, entra y sale del escenario
tempestuosamente, golpea a los músicos,
habla hasta por los codos y, sobre todo, canta.
Con una voz clara y fuerte canta La tirana,
Puro teatro, Qué te pedí, Fever
y otras canciones.
Pero no se trata de una película
vieja de las actuaciones de La Lupe, la legendaria
cantante cubana de personalidad abrasadora que
interpretaba esos temas y se comportaba de esa
forma, sino de la actriz puertorriqueña
de Nueva York, Sully Díaz, quien ha encarnado
a la desaparecida artista con asombrosa veracidad
en La Reina, La Lupe, El Musical, de Rafael
Albertori, productor de discos y de televisión,
esposo de la actriz y también boricua.
El fenómeno ocurre en
el Teatro de Venevision International convertido
en cabaret con todos los elementos necesarios
al caso, desde la iluminación que logra
el ambiente nocturno, hasta una banda cubana
de pura cepa conformada aquí para la
puesta en escena; y dos bailarines boricuas,
Jorge Rivera y Nathanael Nussa, que complementan
los números musicales.
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La obra es un monólogo musicalizado
con los éxitos de La Lupe en su isla de nacimiento,
donde dejó un séquito de admiradores,
y en su exilio neoyorquino a partir desde 1962 hasta
mediados de la década de 1970, donde se le
llamó The Queen of Latin Soul.
Sully Díaz comenzó su
experiencia interpretativa con la fallecida cantante
en una pieza de igual corte, La Lupe: Mi vida, Mi
destino, de Carmen Rivera, que se montó en
el Teatro Rodante Puertorriqueño de Nueva York.
Al separarse de esa producción, Sully creo
ésta con Albertoni, estrenada en Puerto Rico
el año pasado.
El texto recoge los datos clave de
la vida y carrera de Victoria Guadalupe Yoli Raymond,
también llamada la Yiyiyi, su ascenso y descenso
del estrellato hasta su muerte en 1992, sin profundizar
en su psicología, de manera que la actriz trabaja
en terreno movedizo donde lo único que cuenta
es su gran talento para dar vida a este relato anecdótico.
Sin irse por el camino fácil de la imitación,
ella logra incorporar un personaje a la medida de
su voz y su figura; y debe captar algún matiz
de la siquis de La Lupe para poder comportarse de
manera enajenada como aquella.
La actriz, todo el tiempo en escena,
se mueve con una inquietud interior muy orgánica
y, en medio del desparpajo del personaje logra mostrar
una vulnerabilidad interesante. A medida que avanzan
los acontecimientos, la actriz va deteriorándose
visiblemente tal como sucedió con la atormentada
cantante.
A su caracterización le ayuda
en gran medida el maquillaje de Blanca Martínez
y el vestuario que sigue las etapas de La Lupe. La
producción de Miguel Ferro, de Venevision,
se esmera en la calidad de los elementos escénicos
y el espectáculo resulta profesional, divertido
y entretenido.
El público acompaña
a la actriz en su tour de force, se ríe y sufre
con ella. El montaje funciona como teatro dentro del
teatro: cuando los espectadores aplauden efusivamente
la interpretación de cada canción lo
hace a La Lupe y a Sully Díaz.
El binomio Albertori-Díaz se
ha arriesgado a recrear un personaje entrañable
para los cubanos y sostenerlo por cerca de dos horas
en un teatro de Miami. Eso es venir a bailar a casa
del trompo. Y ellos bien bailan.
Fuente:
El Nuevo Herald
Junio
2003
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