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Teatro de Ciertos Habitantes
Esther María Hernandez*

“Esto no tiene nada que ver con Monstruos. Ya vas a ver”, me comentó Claudio Valdés Kuri, el director de Teatro de Ciertos Habitantes, de México, una hora antes de que la función comenzara. Hablaba de su montaje anterior, a través del cual nos conocimos en Miami, hace ya dos años: De monstruos y prodigios. La historia de los Castrati.

Efectivamente, las novedades de El automóvil gris, la nueva producción, saltaban a la vista desde el programa de mano. En la foto, una actriz ¿japonesa?, en traje y tocado tradicionales, aparece ante una pantalla de cine en la que se reconocen una vieja película, un viejo automóvil. Es ésa, precisamente, la primera imagen del espectáculo; los títulos iniciales del filme, en temblorosas letras art noveau sobre fondo negro presentan la anécdota de 1915, en la que una banda, bautizada por el vehículo que solía usar, aterroriza a la sociedad mexicana amparada en la impunidad de una táctica que recuerda demasiado las peores tradiciones del México contemporaneo, pues los bandidos atacaban disfrazados con uniformes del ejército y portaban con ellos órdenes legales de cateo, facilitadas por funcionarios corruptos.

Iluminada por el pestañeo blanquinegro del celuloide, aparece en un extremo la japonesa y comienza a narrar, en japonés, y con fondo de piano ejecutado en vivo, los sucesos de la película. Incorpora voces, personajes, efectos. Y es ahí donde saltó, para mí, la semejanza con Monstruos, que Claudio omitió en su advertencia. Quizás el asunto radica en que, más que semejanza, se trata de una subterránea continuidad: ambos espectáculos están centrados en el rescate contemporáneo de una forma olvidada, poderosa y específica de arte. En el primero, se recontruía la historia de los castrati; aquí, se revisita al “benshi”, el narrador japonés de cine mudo. En ambos casos, el trabajo se sustenta en una investigación rigurosa del fenómeno, de la cual parte su actualización, su manipulación, su teatralización. Así, en El automóvil..., la benshi nipona tiene como compañero a un benshi mexicano y ambos animan (dan ánima, dan alma) a un clásico del cine silente realizado por Enrique Rosas en 1919.

“¡Atención!”, dirán aquí, “¿Venimos a ver cine o teatro?” Y quizás esté bien recordar que, a estas alturas, las que para algunos son contaminaciones y para otros combinaciones creativas, son responsables hoy de la supervivencia y la renovación de un arte perennemente amenazado en la era vertiginosa de la tecnología. La apropiación de cualquier material es válida en tanto convierta al hecho teatral en un objeto vivo y generador de nuevas preguntas. Pero además, y sin lugar a dudas, El automóvil gris es teatro.

Ahí están para probarlo sus actores–bailarines–cantantes Irene Akiko Iida (que se describe a sí misma como una suerte de Sony: japonesa, “hecha en México”), Enrique Arreola y Claudio Valdés Kuri, que ponen al servicio del espectáculo una sostenida energía, transiciones cuidadas y múltiples, caracterizaciones llenas de matices y sutilísimo sentido del ritmo. Ahí está el contrapunto creado con la narración fílmica –cuya enloquecida peripecia, a casi un siglo de diferencia, resulta maravillosamente postmoderna–. Ahí está una dramaturgia que articula nuevos sentidos para el espectador a través de un lenguaje genuinamente teatral.

Teatro de Ciertos Habitantes nos enfrenta a las paradojas y los equívocos del multilinguismo contemporáneo, de las identidades suplantadas, de las fronteras evadidas. Y lo hace trabajando con premisas esenciales: la fuerza de las culturas, manifestada en las tradiciones, puede permitirse dar cabida a ramificaciones, variaciones, actualizaciones; es preciso tan sólo que leamos el mundo, en sus infinitos idiomas y dialectos verbales o sensoriales, con criterio a un tiempo selectivo e inclusivo, con inteligencia, creativamente.

La estrategia principal, para estos jóvenes artistas, descansa en el uso del juego –teatro, otra vez teatro–, en la ironía del contrapunto, en la belleza formal de la imagen, en la pericia del intérprete, en la sutileza de la partitura dramática que imbrica tradición y contemporaneidad, cuestionameiento y sarcasmo, poesía y síntesis. Estrategia de teatro.
Al menos, del buen teatro.

* La autora asistió a la presentación de Teatro de Ciertos Habitantes, de México, en el Latino Arts Festival que se presenta en el Ford Amphitheatre de la Ford Theatre Foundation de la ciudad de Los Angeles

Junio 2003

XVIII FESTIVAL DE
TEATRO HISPANO

Miami 2003
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