XVIII
Festival Internacional de Teatro Hispano
Mario Ernesto Sánchez: Una escena
para el mundo
JOSE ANTONIO EVORA
Un hombre que persiste contra viento y marea. Un
evento que ha puesto a Miami en el mapa teatral
Cada vez que un grupo de alumnos de alguna escuela
va a una función privada en el Teatro Avante,
de Coral Gables, su director, Mario Ernesto Sánchez,
pide que levanten la mano los que nunca antes habían
ido al teatro.
''Casi todos la levantan'', dice Sánchez
con mal disimulado aplomo. ``El problema es que
estamos desarrollando un público muy tarde,
cuando ya tienen los gustos formados. Los muchachos
no reciben educación artística. El
gobierno y las instituciones privadas se gastan
miles de dólares en encuestas, pero lo que
hay que hacer es empezar con el niño de 5
años''.
Por decimoctava vez en su vida, Sánchez
vive estos días el febril ajetreo de dar
los toques finales a la organización de otro
Festival Internacional de Teatro Hispano, que él
y su grupo Avante han hecho tradición en
Miami a fuerza de una perseverancia digna de los
héroes de la tragedia clásica. Aunque
lo llevarán por primera vez a Chicago, tuvieron
que posponer nuevamente extenderlo a Nueva York.
'Varios patrocinadores nos han dicho muy apenados:
`Mira, lo sentimos mucho, pero este año no
podemos ayudarte' '', revela el director del festival,
el mayor de su tipo en Estados Unidos. ``Ya estoy
acostumbrado a que sea difícil recaudar los
fondos, y eso nunca nos ha parado. La diferencia
este año es que lo he hecho todo con más
cautela, para no verme en una situación [de
ajuste financiero] que luego no pueda resolver''.
Eso significa tener en cuenta no sólo la
calidad artística del espectáculo
que esté considerando traer y la cantidad
de actores del grupo, sino el tipo de escenografía
--por si hay elementos que puedan resultar sospechosos
en las inspecciones antiterroristas del aeropuerto--
y el tiempo de que dispone para el visado, por sólo
citar dos ejemplos.
''Si hay algún tubo, algún polvo
o algo que se asemeje a cosas que sirvan para hacer
una bomba, no pasa, y es lógico'', explica
Sánchez. ``Cuando a uno de los actores de
un grupo le niegan la visa, los otros no quieren
venir, y complicaciones así''.
Aunque el programa impreso del Festival advierte
que pueden ocurrir cambios de última hora,
Sánchez confía en que no será
necesario hacerlos. En el momento de la entrevista
sólo faltaban las visas del grupo argentino,
y ya Avante había recibido notificación
oficial de que estaban siendo procesadas.
El año pasado, uno de los grupos que más
atención atrajo fue Mladinsko, de Eslovenia,
con su montaje de La casa de Bernarda Alba, de Federico
García Lorca. Ahora viene otro colectivo
de aquel país, Presernovo Gledalisce, de
la ciudad de Kranj, con Venecia, del argentino Jorge
Accame. Lasenkan Theatre, de Japón, trae
su muy particular interpretación del Quijote
con la puesta en escena Sancho Panza, que no debe
ser confundida con Defensa de Sancho Panza, de los
españoles Plural Multimedia y Ocio.
''A los japoneses los vi en el Festival A Mil,
de Chile'', cuenta Sánchez. ``Es la cosa
más intrigante que se pueda imaginar. Son
dos mujeres, una hace de Sancho y la otra de Don
Quijote. Proyectan slides de cuadros famosos y tratan
de imitarlos. Titulan las escenas en español.
Y el director, que es músico, se sienta en
el suelo''.
La actriz cubana residente en España Vivian
Acosta, que en el 2002 no pudo venir porque le negaron
la visa, participará este año con
La virgen triste, de Elizabeth Mena, basada en la
vida de la poetisa Juana Borrero, que murió
a los 18 años. Un litigio por derechos de
autor impide que Acosta presente el espectáculo
unipersonal Santa Cecilia, que el dramaturgo y novelista
Abilio Estévez escribió expresamente
para ella.
''Traigo a Vivian Acosta de España porque
se hizo ciudadana española'', dice Sánchez.
``Viene ella con un técnico que ya tenía
visa, pero el esposo, José González,
que es el director de la obra, no puede venir''.
Los eslovenos, que como los japoneses y los españoles
no necesitan visado para viajar a Estados Unidos,
han cambiado su repertorio con el propósito
de poder presentarse en este festival, informa su
director.
''Queremos promover la cultura hispana dentro y
fuera de Estados Unidos'', dice. ``Estamos entusiasmando
a grupos de cualquier parte del mundo para que hagan
obras en español''.
Hubo una época, recuerda Mario Ernesto,
en la que los fondos públicos del entonces
condado de Dade no podían emplearse para
financiar programas en español, algo que
hoy parecería inaceptable. Pero de eso hace
sólo 10 años, así que los ocho
primeros festivales estuvieron sujetos a semejante
regulación.
''Yo hacía los programas bilingües,
y una parte de los fondos para pagarlos salían
del condado'', recuerda Sánchez. ``Así
que era como si ese dinero se hubiera destinado
a la mitad de la página que salía
en inglés, pero no a la mitad en español''.
Lo peor, asegura el teatrista, es que nunca sabe
de qué cantidad de dinero va a disponer para
organizar el festival.
''Me paso el año pidiendo limosnas'', refiere
Sánchez. ``Luego uno el dinero, hago un presupuesto
utópico, y a medida que me van respondiendo
que no, voy eliminando cosas del programa tentativo:
no podemos hacer la fiesta; no podemos hacer t-shirts...''
Sánchez se ve a sí mismo como alguien
que desafía la ley de la oferta y la demanda
en el terreno del arte.
''Me siento como uno que está sentado en
Flagler tratando de vender aguacates en medio de
gente que sólo quiere comprar manzanas'',
comenta. 'Pero yo insisto en vender el aguacate.
Mi pregunta es: `¿Cuándo no esté
y se acabe todo esto, los que vengan detrás
de mí van a empezar donde empecé yo,
o donde lo dejé?' Y no tengo respuesta' ''.
El
Nuevo Herald
Junio
- 2003
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