FESTIVAL
ALCANZA MADUREZ
Norma Niurka
Fue un festival pasado por agua, pero el público
pasó dos semanas mojado y contento.
Cada noche hasta el domingo, cuando clausuró
el XVIII Festival Internacional de Teatro Hispano,
había una nueva expectativa en la pequeña
sala del Teatro Avante, en Coral Gables.
La mayoría de los 10 montajes (procedentes
de España, Japón, Eslovenia, Chile,
México y Estados Unidos) resultaron interesantes
y, algunos de ellos, inquietantes, con una amplia
gama de temas, técnicas y estilos.
De ese modo se cumplió con el cometido de
todo festival que se respete: presentar tendencias
artísticas y técnicas de la escena
actual, grupos investigadores e imaginativos que
buscan nuevos lenguajes, opciones creativas de un
teatro no comercial.
Mario Ernesto Sánchez, director del festival
y del Avante, no tuvo muchas angustias este año
pues solamente dos grupos cancelaron, Brasil y Argentina;
y no hubo mayores complicaciones.
Encontramos una sugestiva contraposición
de culturas: Eslovenia trajo una obra de autor argentino
dirigida por argentino; Japón, personajes
clásicos españoles; México
tomó elementos japoneses para ilustrar un
clásico del cine silente mexicano.
Las sorpresas prevalecieron de principio a fin:
hombres en papeles femeninos, mujeres en papeles
masculinos, cine en el teatro, utilización
de dos o más lenguas en varias obras. (Se
tendría que mejorar el sistema de proyección
de letreros en español pues es imposible
leerlos desde las primeras filas).
La mezcla de géneros en los montajes, el
humor y la música tuvieron papel preponderante.
Tres de los grupos celebraron el tema elegido por
el festival este año con obras inspiradas
en El Quijote, de Cervantes, como Lasenkan Theatre,
de Japón; Plural Multimedia, de España;
y Avante, de Miami.
Hubo teatro infantil en Prometeo, del Miami-Dade
Community College; e historias de inmigrantes desde
Los Angeles, que, por cierto, fue una presentación
musical en inglés (con letreros en español)
en el Amarturo, del Broward Center for the Performing
Arts.
Disfrutamos actuaciones importantes como la del
español Juan Manuel Cifuentes, en Defensa
de Sancho Panza; y de la cubana Vivian Acosta, de
Madrid, en La virgen triste; producciones divertidas
como Atra Bilis, de Laila Ripoll; e imaginativas
como El automóvil gris, de Claudio Valdés
Kuri, cine silente mexicano fusionado con teatro
y música, que puso un magnífico punto
final a la jornada.
Lamentablemente, no se vieron largas colas en el
teatro como en años anteriores y algunas
funciones tuvieron pocos espectadores. No ayudó
en nada los fuertes aguaceros diarios ni la decisión
de la ciudad de Coral Gables de empezar a cobrar
por el estacionamiento y, además, hacer vigente
los parquímetros por la noche y en fines
de semana (la lluvia y las multas hicieron una mala
combinación).
El festival necesita más facilidades para
su realización, no más obstáculos.
Bastante ha costado acostumbrar al público
a acudir a esta cita anual con los teatristas.
Pero lo importante es que aún con las dificultades,
los recortes de presupuesto y los conflictos con
los visados, el festival demostró que ha
alcanzado madurez; que al cumplir sus 18 años
se viste de largo, y nosotros celebramos con él
su mayoría de edad.
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