Canto
a la imaginación
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
| Con una mezcla interesante de
culturas, la esperada Venecia, de Jorge Accame,
se estrenó en el XVIII Festival Internacional
de Teatro Hispano de Miami. Desde su debut en
Buenos Aires, en 1998, la pieza ha tenido distintos
montajes y ha recorrido mundo exitosamente (Latinoamérica,
España e Inglaterra). |
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Aquí, a cargo de la compañía
Presernovo Gledalisce, de Kranj, Eslovenia, resultaba
una novedad: obra de autor argentino, dirigida por
argentino, hablada en esloveno por actores de la
antigua Yugoslavia, con letreros en español.
El tema y el lenguaje teatral, sin embargo, son
universales. Venecia es un canto al poder de la
imaginación y la solidaridad, una pieza bien
escrita y bien estructurada, sin más pretensión
que la de dar validez a ciertos valores humanos
y donde la poesía esta inscrita de principio
a fin. Más que una obra teatral, se nos antoja
un relato, un cuento corto, una mezcla de literatura
rusa y cine italiano.
Es la historia de cómo las prostitutas de
un burdel de mala muerte en un pueblito argentino
(Jujuy, el mismo donde vive el autor), hacen cumplir,
solamente con el poder de la fantasía, el
sueño de la matrona anciana y ciega que vive
en su mundo de desvaríos, empeñada
en reencontrarse con el galán que abandonó
dejando pendiente un viaje mítico a Venecia.
Ni ella ni las chicas tienen idea de dónde
queda la ciudad italiana, pero éstas se confabulan
para emprender el vuelo hacia esa meta con rudimentarios
objetos como aliados, y sutilmente, llegan a incorporarse
a su propia fantasía.
El autor opone la imaginación al impedimento
físico (la ceguera) y la solidaridad a la
fealdad circunstancial (el prostíbulo) y
resuelve los problemas con la magia. Sin embargo,
el final (la muerte de la anciana al término
del viaje, cumplido ya el encuentro con el amor
perdido) sorprende, no por su originalidad, sino
porque de tan trillado resulta predecible.
Omar Viale, actor y director argentino cuyo trabajo
encantó aquí en un festival anterior
(El viejo criado, de Roberto Cossa), regresa con
la encomienda de dirigir, mediante un intérprete,
un elenco que habla un idioma que desconoce.
Su sensibilidad está presente en la manera
de mover a los actores, en ocasiones como en un
sueño; y, con ayuda de la adecuada iluminación,
crea una atmósfera entre patética
y nostálgica muy sugestiva.
Sin embargo, el empleo de la música resulta
ineficaz porque en lugar de limitarse a apoyar la
escenificación tiene ciertas pretensiones
de musical que lo desborda. Desde el baile de un
mambo de Pérez Prado que inicia la obra hasta
los tangos a capella, se notan forzados en un contexto
ajeno.
Era Per, en el papel central de la anciana ex madama,
deambula por la escena con un despiste angelical,
seguramente apropiado al personaje; pero las otras
tres actrices, en lugar de prostitutas baratas,
parecen frescas y despreocupadas muchachitas. No
hay fuerza en las actuaciones y falta energía
en escena.
Lo interesante es que Accame, quien es novelista
y profesor, ha creado una historia de amor entre
seres patéticos que se elevan por sobre su
mediocridad a fuerza de imaginación. Y eso,
en el teatro, no se da todos los días.
Fuente:
El Nuevo Herald
Junio 2003
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