'Don
Quijote' como teatro
(Primera de una serie)
OLGA CONNOR
En el Festival Internacional de Teatro Hispano
que concluye hoy, tuve la oportunidad de participar
en la mesa redonda del programa educativo sobre
Miguel de Cervantes Saavedra, ya que tres obras
de las presentadas este año estaban relacionadas
con las figuras de Don Quijote y Sancho, las creaciones
inolvidables del genial escritor español.
Hablar de Cervantes o de sus personajes es tópico
inextinguible, por lo mucho que la historia y la
literatura le ha añadido a sus relatos y
por las infinitas interpretaciones que se le han
dado. En este festival una compañía
japonesa, la Lasenkan Theatre; una española,
la Plural Multimedia y Ocio, y una de Miami, Teatro
Avante, ofrecieron representaciones inspiradas en
el inmortal dúo.
La del Teatro Avante, titulada El vuelo del Quijote,
una versión de Raquel Carrió y Lillian
Vega, me hizo repensar la obra original titulada
El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha. Son
estas consideraciones las que ofrezco al lector-oidor.
Antes que nada, deseo señalar que cada vez
que se reescribe el Quijote, ya sea en película,
comedia musical, parodia o novela, estamos haciendo
revolver en su tumba a Don Miguel de Cervantes,
pues él bien claro dejo advertido que sólo
para su pluma, o la de su narrador ficticio, Cide
Hamete Benengeli, había nacido este personaje
y el narrador para él: ``él supo obrar
y yo escribir; solos los dos somos para en uno,
a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco
que se atrevió o se ha de atrever a escribir
con pluma de avestruz grosera y mal deliñada
las hazañas de mi valeroso caballero''.
Por eso le dice al Conde de Lemos: ``Si bien me
acuerdo que don Quijote quedaba calzadas las espuelas
para ir a besar las manos a Vuestra Excelencia;
y ahora digo que se las ha calzado y se ha puesto
en camino, y si él allá llega, me
parece que habré hecho algún servicio
a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priesa
que de infinitas partes me da para que le envíe,
para quitar el hámago [mal gusto] y la náusea
que ha causado otro don Quijote, que con nombre
de segunda parte se ha disfrazado y corrido por
el orbe''.
Se estaba refiriendo a la obra titulada: Segundo
tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha,
publicada en 1614 apresuradamente, de la que se
decía era autor Alonso Fernández de
Avellaneda. Pero nadie sabe aún quién
es, aunque en la mesa redonda se mencionó
un nuevo libro de Ismael Riguer que propone a Gregorio
de Pasamonte, encubierto en el libro del Quijote
como ''Ginés de Pasamonte'', siempre mal
parado en la historia, que sería enemigo
de Cervantes y amigo de Lope de Vega. La idea es
que Pasamonte escribió y publicó este
libro para vengarse de las sátiras de Cervantes
contra su persona y contra Lope. Esto, según
varios críticos, Carlos Rojas entre ellos,
forzó la pluma de Cervantes para acabar la
segunda parte auténtica, que ya andaba por
el capítulo 59, cuando se publicó
la espuria.
Ese celo de autor se demuestra no sólo para
sus dos personajes, sino para sus obras dramáticas,
que en su dedicatoria de la segunda parte de la
novela sale a relucir. Le recuerda al Conde de Lemos
que le acaba de enviar sus comedias, ''antes bien
impresas que representadas''. Porque como ya dice
en ese libro, se queja de que los autores (es decir,
los productores de las obras) no las quieren poner
en la escena, porque comentaban que ``de su prosa
se podía esperar mucho, pero del verso, nada''.
El que Cervantes mezcle con la segunda parte del
Quijote la idea de la publicación de sus
obras de teatro --después de ya haber tenido
éxito con la primera parte de la novela--
es importante; ya que el tema del teatro era de
capital importancia para Cervantes, y en varias
ocasiones se refiere a su rotundo fracaso en ese
campo. Por ejemplo, en la introducción de
ese mismo libro de las ''comedias y entremeses'',
donde relata una breve historia de la comedia española,
alabándose en el proceso, medio en broma,
medio en serio, diciendo que nunca le tiraron tomates
cuando se representaron sus obras. Pero cuando llegó
el ''monstruo de la naturaleza'', esto es, Lope
de Vega, ''se alzó con la monarquía
cómica'', es decir, que no dejó lugar
para nadie.
En la España del Siglo de Oro ser autor
de teatro era el oficio más favorecido, ya
que era el entretenimiento popular, el origen de
la fama. De modo que aún no quedaba Cervantes
contento con ser autor de prosa, quería que
le reconocieran como escritor dramático.
En la próxima parte, veremos qué idea
se me ha ocurrido acerca del germen inicial de la
novela del Quijote y de sus dos famosos personajes.
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