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La alegría
de vivir
JOAN-ANTON BENACH
El trabajo del director es impecable y rico en
sutilezas escénicas y la interpretación
de las dos actrices es magnífica
| Si algún lector quiere ver
y oír la carcajada de la Felicidad, con
mayúscula, puede acercarse al Artenbrut,
donde durante hora y cuarto reinan gozosamente
Àngela Jové y Blanca Pàmpols.
Dirigidas por un muy inspirado Josep Costa, ambas
actrices evocan, respectivamente, a Gertrude Stein
(1874-1946) y Alice B.Toklas (1877-1967), la que
fue durante cuarenta años compañera
en cuerpo y alma de la escritora norteamericana.
A partir de estas dos personalidades singulares
que, como se sabe, vivieron muy de cerca las revolucionadas
vanguardias artísticas del primer tercio
del siglo XX, el guionista y dramaturgo Win Wells
(1935-1983) escribió la que iba a ser una
de sus obras más celebradas: “Gertrude
Stein i una senyoreta de companyia”. Inscrita
en el género de la biografía teatral,
la obra constituye la decantación de un
trabajo documental muy amplio y meticuloso, repleto
de citas literales, salpicado de anécdotas
ciertas y de fechas incontestables. |
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“Autobiography” (1937),
“Picasso” (1938) o “Wars I have
seen” (1945) son algunas de las obras de Stein
que Win Wells utilizó para elaborar un retrato
en paralelo de las dos mujeres cuya casa parisiense
de la Rue de Fleurus fue cobijo de pintores (Braque,
Matisse, Picabia, Gris...) y lugar de célebres
tertulias literarias en que participaron, entre otros,
Ezra Pound, Scott Fitzgerald, Eliot y un Hemingway
que, junto con Picasso, es la figura más reiteradamente
mencionada en la obra.
El interés de “Gertrude
Stein i una senyoreta de companyia” no se reduce,
sin embargo, al valor testimonial que posee en tanto
que aproximación a un ambiente y a una época
que alcanzaron una dimensión legendaria en
la historia de la cultura occidental del siglo XX.
La pieza propone unas radiografías psicológicas
muy precisas, así como una ruptura muy audaz
de la unidad de tiempo teatral, que podría
resultar estrepitosa sin la asistencia de un conductor
experto y el talento de unas actrices capaces de enfrentarse
al endiablado juego asincrónico que surge inopinadamente
por muchas esquinas de los diálogos. Para empezar,
un golpe de efecto: Gertrude Stein ha muerto y es
la propia difunta la que cuenta la no muy grata experiencia.
Enseguida, desde el primer diálogo, el espectador
entiende los malabarismos coloquiales a los que debe
estar atento, puesto que, junto con la conversación
“normal” entre dos seres coetáneos,
los personajes, sin previo aviso, platicarán
con la memoria y las percepciones del otro. De la
otra, en este caso. El presente lo hará con
el pasado, el futuro con el presente, el pasado con
el futuro, y siempre las dos enamoradas en escena
cabalgan con total naturalidad y mucha jovialidad
el hilo temporal permanentemente sobresaltado del
relato.
Desde el primer encuentro de las dos
mujeres en 1907 hasta la muerte de Alice B.Toklas,
la pieza abarca la crónica de una relación
amorosa inquebrantada, limpia y conmovedora. Tal vez
mitificada por el juicio benevolente de la historia
y las fuentes autobiográficas utilizadas. Quizá
menos halagüeña de lo que sería
en realidad, sospecharán, sin duda, quienes
desearían camuflar con las “extravagancias”
y provocaciones de Gertrude Stein unos íntimos
e improcedentes reproches morales. En todo caso, los
reparos razonables o las tristes miserias de mentes
perezosas no podrían dañar el atractivo
de un ejercicio dramático en el que la perspicacia
psicológica y unas entrañables complicidades,
la alegría de vivir y la serena amargura de
la soledad Toklas sobrevivió más
de veinte años a su compañera componen
la partitura de un dúo que se ve y se escucha
con gran interés de principio a fin.
Nada sería así, claro
está, sin el trabajo impecable, rico en sutilezas
escénicas, del traductor y director Josep Costa
y sin la interpretación magnífica de
las dos actrices. Blanca Pàmpols es la deliciosa
y versátil “partenaire” de una
Àngela Jové vehemente, fogosa, que matiza
el hambre de fama de la Stein con un inteligente sentido
del ridículo y un enorme sentido del humor.
De ella es vigile no pasarse, señora Jové
la carcajada de la Felicidad que digo, y que será
dificil de olvidar.
Fuente:
La Vanguardia
Marzo
2003
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