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Las taquillas
de la temporada
Santiago Fioriti
El verano que termina confirmó que también
durante las vacaciones el teatro fue un entretenimiento
de fuerte convocatoria. Aunque no se alcanzaron las
cimas de fines de los '80, tanto en la costa como
en las plazas cordobesas hubo público dispuesto
a divertirse con un show, a pasar un rato amable con
una comedia brillante o a reflexionar frente a propuestas
dramáticas más jugadas.
Este verano también el desasosiego,
la crueldad o el lirismo tuvieron su lugar en los
escenarios marplatenses. Después de varias
temporadas en las que la cartelera sólo parecía
asegurar el éxito a los shows de humor y a
las revistas que presentaban a las modelos más
promocionadas, la apuesta parecía arriesgada.
Pero salió bien y ahora los resultados amenazan
con comenzar a revertir una vieja tendencia. Esto
es: al menos este verano quedó en claro que
el teatro más apasionado —que toma la
inestabilidad de la época como disparador para
sensibilizar, conmover o persuadir— también
puede convocar multitudes.
Como sea, si se suma el total de las
obras —desde las revistas, pasando por las propuestas
más comprometidas hasta las under, que siempre
tienen menos difusión— se puede hablar
de la mejor temporada de, al menos, los últimos
siete años.
Así pudo corroborarse en un
relevamiento llevado a cabo por Clarín —que
consultó a empresarios y productores teatrales—
ya que todavía no se conocen números
oficiales. Concretamente, el sondeo reveló
que unas 350 mil personas pagaron su entrada a los
distintos escenarios de Mar del Plata.
Para eso fue determinante que no sólo
los tradicionales espectáculos de revista pudieran
colgar el cartel de "localidades agotadas".
El lujo también se lo dieron, entre otros,
los artistas que hacen La isla desierta , de Roberto
Arlt. Se trata de la compañía Teatro
Ciego, cuya función transcurre totalmente a
oscuras y en la que participan seis actores no videntes.
Otro tanto ocurrió con Fernando Peña:
su introspectivo unipersonal Mugre fue, para muchos,
la mejor obra del verano. Y también agotaron
su capacidad las salas donde se ofrecieron Made in
Lanús y Mi querido mentiroso . Esta última,
pese a que sólo se presentó una vez,
vendió sus boletos en menos dos horas.
Más allá de los gustos,
la tendencia de las vacaciones que se mantiene es
la que marcan los veraneantes que siguen eligiendo
la risa como medio para olvidar las preocupaciones
del resto del año. Así, no es extraño
que Robó, huyó y lo votaron —con
Nito Artaza y Miguel Angel Cherutti a la cabeza—
y la comedia Pijamas —con Fabián Gianola,
Victoria Onetto y Luciana Salazar— y El robo
es para Corona, con Jorge Corona, Florencia de la
Vega y Panam, se hayan disputado el primer puesto
en convocatoria. Los responsables de las dos primeras
producciones aseguran haber arribado a los 50 mil
espectadores. En el mismo rubro, también anduvo
bien Manicomic, con los ganadores del Comic 2002 de
Videomatch.
"Yo prefiero quedar afuera de
las polémicas. Lo importante es que, con crisis
económica de por medio, los turistas no relegan
la posibilidad de ir al teatro, cosa sí ocurre
en otras ciudades turísticas donde las salas
están cerradas. En este sentido creo que ganamos
todos", explicó el empresario Carlos Rottemberg,
que este año cumplió 25 temporadas consecutivas
en esta ciudad, con Confesiones del pene, la obra
que tuvo otra versión simultánea en
España.
Aunque con estilos diferentes, tanto
en los espectáculos de humor como en los que
siguen un libreto más complejo, no pasó
inadvertido el año político que viven
los argentinos. En casi todos los textos predominó
un fuerte vínculo con la realidad social.
En este sentido, Enrique Pinti marcó
la pauta: la ridiculización que hace de la
clase dirigente es su monólogo más ovacionado.
Su espectáculo, Candombe nacional, fue visto
—en 47 funciones— por más de 35
mil personas.
Las colas que bastante antes de cada
presentación se registraban en la puerta de
los teatros céntricos —fundamentalmente
en enero— hizo ilusionar a varios promotores
con la chance de batir todos los récords. Sin
embargo, se está muy lejos de los récords
históricos. En el verano de 1987, por ejemplo,
se vendieron 760 mil entradas. Pero, claro, en esa
época solo "El Negro" Olmedo —de
cuya muerte se acaban de cumplir 15 años—
era capaz de convocar a más de 100 mil personas.
Fuente:
ElClarin
Marzo
2003
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