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Lo
que significa ser cubano y americano*
Una generación
separa a la escritora cubano Americana María
Irene Fornés de Nilo Cruz. La señora
Fornés tenía 15 años cuando
salió de Cuba en 1945 —mucho antes
de que Fidel Castro tomara el poder tras la
revolución de 1959. El Sr. Cruz tenía
9 años cuando emigró con sus padres
en 1970.
Hoy, con casi 70 años
y encarnando la tradición alternativa
del movimiento teatral Off Off Broadway, la
señora Fornés recibe el homenaje
del Signature Theater Company con una larga
temporada dedicada a su obra. El estreno mundial
de su última obra “Cartas de La
Habana”, se mantendrá en cartelera
hasta el 12 de marzo en el Signature. Dirigida
por la autora, la obra se apoya en los textos
de más de 200 cartas que le ha enviado
desde Cuba su hermano mayor durante 30 años.
Después de escribir alrededor de 30 obras
teatrales, musicales y operas, “Letters
from Cuba” constituye la primera ocasión
en que la Señora Fornés incursiona
a través de su trabajo en su herencia
cubana. |
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El señor Cruz, quien tiene
casi 40 años, ha explorado su propias raíces
sociopolíticas en obras como “Dancing
on her knees” and “A Park in our house”.
El descubrió el teatro en 1981 al integrarse
a una compañía de teatro en Miami, y
a finales de la década del ochenta dirigió
la obra “Mud” de María Irene fornes
en el “South end Alternative Theater”
donde la señora Fornés la vio y lo invitó
a ser miembro de su Intar Hispanic Playwrights Laboratory,
ya desintegrado, donde Cruz comenzó a escribir
seriamente.
Su obra actual, “Two sisters
and a piano”, dirigida por su frecuente colaboradora,
Loretta Greco, estará en cartelera hasta el
12 de marzo en el Joseph Papp Public Theater. Está
basada en parte en la vida de sus hermanas y de un
primo de Miami y en la disidente María Elena
Cruz Varela y su prisión domiciliar, quien
en 1991 fue forzada por los agentes de la seguridad
cubana a comerse algunos de sus escritores políticos
y sentenciada a dos años de prisión.
La señora Fornés y
el señor Cruz hablaron recientemente en Manhattan
con Randy Gener, un periodista del Theatre.com y un
crítico teatral independiente, sobre las influencias
de su país de origen y de su país adoptivo
en sus obras. Aquí les presentamos un extracto
de la conversación grabada.
Q. Como cubana Americana y como dramaturga,
¿cuán fuerte es la influencia del tema
social y político en tus dos nuevas obras?
MARÍA IRENE FORNÉS.
Mi obra nunca menciona a Castro.
NILO CRUZ. La mía tampoco.
FORNÉS. Su obra habla de una
persona que está en prisión. Está
más vinculada a la política. La mía
trata de la vida en Cuba pero transcurre en dos sitios
—Cuba y Norteamérica. En escena, hay
un apartamento corriente de New York cuya azotea está
en Cuba. El horizonte cubano en la azotea es estrellado
en todo momento. Hay una muchacha que recibe cartas
en Norteamérica que le escribe su hermano desde
la Cuba comunista. No obstante, él podría
vivir en otra ciudad donde no hubieran tantos contratiempos.
Podría ser una pequeña Villa italiana.
Esto no significa que evite hablar de política.
Es que no me pareció que en eso radicaba la
energía de la obra. Lo que me interesaba es
que toda mi familia había emigrado de Cuba,
y mi hermano aún estaba allí. Aunque
él no simpatizara con el régimen de
Castro.
Q. ¿Por qué él
decidió permanecer en Cuba?
FORNÉS. Para mí, eso
tiene que ver con el apego. Es algo en lo que normalmente
no pensamos: el sitio como algo querido. Parece casi
cursi —No sé porque estoy llorando. Soy
muy sensible a la idea de amar un sitio. Normalmente
se ama a una persona y no se puede vivir sin ella.
Las personas tienen apego a los animales, a sus perros,
hay amor en eso. Pero el amor a un sitio es muy poderoso.
Los personajes neoyorquinos en mi
obra son artistas: un poeta, un pintor y una muchacha
que danza —mi alter ego. En Cuba, viven mi hermano
y su hijo. En la obra, el personaje que encarna a
mi hermano suele tener una carta en sus manos, y cuando
le habla a la persona del apartamento de New York,
lee el texto real de las cartas que me ha escrito
mi hermano. Hemos tenido correspondencia en los últimos
30 años.
Mi hermano tiene 80 años. Rafael
es el más viejo y yo la más joven de
seis hermanos. En la obra, se llama Luis. Supongo
que en cierta manera quise escribir sobre Cuba pero
no sabía exactamente como hacerlo.
Q. Nilo, su obra, también tiene
sus vínculos con la familia —sus dos
hermanas aparecen representadas en dos personajes—
además la historia también incluye la
verídica experiencia de una poetiza disidente
bajo prisión domiciliar que recibe cartas de
su esposo desde Francia.
CRUZ. Sí, el personaje de María
Celia, la hermana mayor en la obra, escribe cartas
a su esposo, y la esencia de la obra son las cartas
que él le escribe a ella a Francia. Vengo de
la escuela de escritores de María Irene. Ella
fue mi profesora y asesora. Ensamblo mis obras de
la misma manera que Irene la mayoría de las
veces porque así lo aprendí. Pienso
que es la única manera de escribir.
Mientras Irene hablaba, yo me daba
cuenta de que hay muchos puntos en común. Por
supuesto, su obra difiere bastante de la mía,
pero mis personajes suben a la azotea, aún
cuando están bajo prisión domiciliar.
Es una manera de sentirse libres, en el mundo; es
como si escaparan de un crimen, para escribir en la
azotea. De hecho, la primera línea del guión
es: “Mi querido esposo, estoy sentada en la
azotea deseando saltar hasta el cielo para hacerte
llegar estas letras”.
Aunque mi hermana Marilyn no estuvo
bajo arresto domiciliar, se le prohibió viajar
fuera del país. Ella siempre quiso salir. Se
casó a los 16 años. Mi hermana menor,
Martha, que tenía 19 años, tuvo que
salir de Cuba hacia Estados Unidos vía España.
Q. Por qué Martha dejó
el país primero que Marilyn?
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CRUZ. Ella se
fue en 1980 con su esposo porque no tenía
hijos. Mi hermana Marilyn no pudo por tener
uno de 8 años. El gobierno trata de retener
a las personas en Cuba. Marilyn vino a visitarnos
en una ocasión con un permiso especial,
pero no podía venir a este país
acompañada de su esposo y de su hijo.
Como habían desistido de la idea, tuvo
que regresar. Tiene 46 años ahora, dos
hijos y todos quieren salir de Cuba. Era como
un rompecabezas: tenía que divorciarse
de su esposo para poder salir de Cuba primero,
venir a Estados Unidos y volverse a casar con
él luego.
En la obra “Two Sisters
and a Piano”, la cual se puso en 1991,
también se hace referencia a la historia
de una prima que abandonó Cuba y dejó
atrás a su esposo. La recuerdo en Miami,
siempre ansiosa por recibir noticias de él.
Vivía a través de sus cartas. |
Q. ¿De qué modo las
diferencias generacionales afectan su identidad como
Cubano-americana?
FORNES. Vine a los Estados Unidos
con mi madre. Mi padre había muerto. No teníamos
manera de sostenernos en Cuba. Vine por razones económicas.
No vivo en el paraíso, pero aquí puedes
trabajar y ganarte la vida. En Cuba, no era así.
Cuando vinimos, no sentimos tristeza. Mi madre se
enamoró del país. Yo pensaba que estaba
en una película de Hollywood.
CRUZ. Irene es más una inmigrante.
Yo soy más bien un exiliado. Vine a los Estados
Unidos con mi madre y mi padre. Mi padre estuvo preso
durante dos años porque criticaba la política.
Me crié con mi madre, dos hermanas y mi abuela.
Mi madre tuvo que lavar platos para ganarse la vida.
No teníamos dinero. Viví casi diez años
bajo el régime de Castro y eso fue lo único
que viví. Apenas escuchaba el susurro de mis
padres hablando de conseguir los pasaportes, pero
no podía comentar el tema con mis amigos. Recuerdo
que tuve que mentir en la escuela.
FORNES. La diferencia entre los cubanos
que emigraron porque se vieron obligados, porque la
Cuba de Castro. Es insoportable, es una historia diferente
a la mía. Debe ser lo más doloroso del
mundo tener que dejar el lugar que tú amas.
CRUZ. La gente podría pensar
que mis obras son de temática política,
pero estas son muy simples. “Two sisters and
a piano” es acerca de dos hermanas que, aunque
viven en condiciones muy difíciles, hacen lo
mejor que pueden por vivir. Crean un pequeño
paraíso en sus casas. Aún cuando están
bajo arresto domiciliar, sirven en bella porcelana
china y usan un mantel. Es la entereza que hay en
ello, la dignidad, lo que me conmueve.
Q. ¿Cuando escriben, se sienten
más comprometidos como Cubanos o como Cubanos-Americanos
en los Estados Unidos?
FORNES. No siento ningún compromiso.
Si escribo acerca de los hispanos es porque me atrae
hacerlo. Puede parecer egoísta, pero en mi
taller enseño a escribir sobre cualquier tema
que venga a la mente. Hay que aproximarse al estado
de los sueños, donde el individuo entra en
contacto con cosas que le expresan ideas. La única
manera de lograrlo es haciendo soñar parte
de tu mente.
Muchos Cubanos-americanos están
obsesionados con Castro. No los culpo —solo
ellos saben lo que han perdido, sus casas, sus trabajos,
todo lo que habían conseguido durante sus vidas.
Si hubiera perdido tanto, no sabría que hacer.
A veces me pregunto si podrían estar interesados
en algo más. Sus mentes han quedado casi anquilosadas.
Recuerdo cuando fui a La Habana en
1962. Había transcurrido un año de que
Castro tomara el poder. Se oían muchas consignas.
La gente decía consignas para identificarse
o para identificar algo que les agradara.
En New York hay varios escritores
Cubano-americanos que sobresalen, pero debido a la
revolución de 1959, pienso que de alguna manera
la interrogante de que sea un escritor político
se convierte en un obstáculo para el desarrollo
de un estilo Cubano-americano real: así estemos
hablando de un anti-castrismo que viva aquí
o de un pro-castrismo de allá.
A pesar de esto, algunos escritores
Cubano-americanos han desarrollado su discurso, sus
símbolos y su propio estilo. Diría que
los artistas cubanos tienden a expresarse mediante
un surrealismo liviano, contrario al mexicano que
resulta más grávido —en rituales
épicos, siempre hay imágenes de esqueletos
y velas.
Los Cubanos-americanos fijan su atención
en una casi inconsciente fantasía que resulta
de la mezcla de la cultura africana con el espíritu
católico. En la casa de cualquier familia cubana,
incluso blancas y de clase media, verás, por
ejemplo, en un altar, un cuadro de Santa Bárbara
(una santa del catolicismo). Pero todo el mundo sabe
que el cuadro no representa una encarnación
de la Virgen María perteneciente a la Iglesia
Católica. Ese cuadro es una representación
de una deidad Yoruba, es una representación
doble. Ven una imagen, pero realmente sienten por
otra. Ambas imágenes están combinadas.
Cuando meditas sobre el estilo Cubano-americano, este
tiene un matiz y un tiempo diferente.
CRUZ. Mi identidad como artista es
lo que define quién soy más que cualquier
otra cosa. No me identifico con muchos Cubanos-americanos
en Miami, ni con cubanos en Cuba. Pienso que los cubanos
tienden a ser muy radical en Miami. También
que muchos cubanos en Cuba tienden a ser muy dogmáticos.
Últimamente, he estado escribiendo mucho sobre
Cuba. Siento que mi realidad está tan matizada
por la posición política de mi país
que tengo que reflexionar al respecto. Estoy muy interesado
en historias documentales, pero en los últimos
tiempos mis obras se concentran en el individuo que
pertenece a un grupo determinado, ya sea de izquierda
o de derecha, que va hacia la desorientación
política. Cuando abrazas tu propio cuerpo y
todo lo que eres en este mundo, estás en la
posición más acertada.
*Este
textro fue publicado en Febrero 27, 2000
Traducción: Luis Chirino
Fuente: The New York Times
Marzo 2003
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