SE REVELA EL ALMA DE UN
ARTISTA
Roberto Gacio Suárez| La Habana
El sentido verdadero
de grupo teatral conferido a los inicios de Teatro
Estudio; la necesidad de conectar las vivencias
del artista con su obra de creación; los
extensos y concienzudos enfoques acerca de la presencia
en su poética como director; la memoria de
elementos artísticos desconocidos del montaje
de “Peer Gynt” por el grupo Los Doce;
la honestidad con que medita sobre su trayectoria
como actor; estas y tantas otras atractivas facetas
de una figura paradigmática de nuestro teatro,
pueden encontrarse en el volumen El juego de mi
vida. Vicente Revuelta en escena.
La lectura de El juego de mi vida.
Vicente Revuelta en escena me produce un intenso estado
emocional porque me traslada a etapas anteriores del
quehacer teatral, al debate inteligente de cuestiones
de índole ética que han sido también
parte de mi vida. Lo hago de la mano de Vicente Revuelta,
quien es el máximo exponente de la renovación
escénica ocurrida en Cuba en la segunda mitad
del siglo XX.
El libro, a la manera de un espectáculo,
se estructura en nueve cuadros que contienen los testimonios
brindados, mediante entrevistas realizadas durante
meses, a la autora, Esther Suárez Durán.
El mismo nos permite transitar desde los más
añejos recuerdos de Vicente hasta los análisis
más actuales de su poética de dirección.
Sus criterios sobre los problemas más acuciantes
de la actuación en nuestro país, iluminan
esta zona del arte de las tablas, poco frecuentada
y debatida con valentía y sagacidad.
La niñez y adolescencia del
maestro aparecen imbricadas con las dificultades propias
de la sociedad en la cual vivía: la seudorrepública.
Este rasgo se encuentra presente en
toda la obra, puesto que en gran medida se aprecia
el decursar histórico, desde aquella época
hasta momentos puntuales de la relación sociedad-creación
artística, vividos durante más de cuarenta
años de proceso revolucionario.
Aspectos esenciales de su formación
ideológica, cultural y artística brotan
incontrolables, engarzados en la coherencia de un
pensamiento filosófico unificador que denota
con creces el lugar ocupado por Revuelta en la cultura
en general y en la de las artes escénicas en
particular.
El sentido verdadero de grupo teatral
conferido a los inicios de Teatro Estudio; la necesidad
de conectar las vivencias del artista con su obra
de creación que resalta en sus comentarios
sobre “El largo viaje de un día hacia
la noche”; los extensos y concienzudos enfoques
acerca de la presencia en su poética como director
de Stanislavki y Brecht, como aquel referido a la
emoción de la comprensión; la memoria
de elementos artísticos desconocidos del montaje
de “Peer Gynt” por el grupo Los Doce;
la honestidad con que medita sobre su trayectoria
como actor; las deficiencias de orden ético
y artístico que hoy acontecen entre nuestros
actores; la narración de viajes y giras de
trabajo; estas y tantas otras atractivas facetas de
una figura paradigmática de nuestro teatro,
pueden encontrarse en este volumen.
Para que esto haya ocurrido, para
que el alma del artista se revele con toda la gama
de sus complejidades, la labor de Esther Suárez
deviene fundamental. Se percibe que la obra está
escrita por el binomio testimoniante-investigadora.
Seguramente ellos llegaron a un equilibrio tácito
de comunicación, afecto, comprensión
y respeto, visibles en el centro de los propósitos
para la consecución de este fecundo texto.
La sensibilidad y el talento de Esther resaltan en
primer término, al lado de su conocimiento
exhaustivo de las técnicas de la entrevista
y de la metodología de la investigación.
Todo ello da como resultado un libro fluido, ameno,
de redacción impecable.
Su cuidado al evitar reiteraciones,
situar las ideas en su lugar específico para
que las mismas irradien toda la fuerza de su contenido,
son virtudes que poseen la autora, muy evidentes a
lo largo de estas páginas. Esther ha podido
conjugar armónicamente dentro de sí,
el más amplio dominio de la investigación
sociológica con la creatividad artística
como narradora, dramaturga, ensayista y guionista
para radio y televisión, destacándose
su delicadeza en la literatura para niños que
aborda con excelentes logros. Todas esas cualidades,
unidas a su abarcador registro en los estudios teatrales,
han contribuido a la profundidad de esta obra que
deviene no solo una lectura grata, sino guía
de consulta para los estudiosos de este campo del
arte.
No deseo terminar estas líneas
sin expresar la gran satisfacción y orgullo
sentidos por ser contemporáneo de Vicente Revuelta,
haber recibido sus clases y laborado algún
tiempo junto a él, por su elevado ejemplo y
rigor para quienes nos hemos entregado fervorosamente
a las artes escénicas. Así también
quiero dejar constancia de mi admiración y
respeto por su relevancia intelectual y valores humanos
a mi colega del Centro Nacional de Investigaciones
de las Artes Escénicas, Esther Suárez
Durán.
Marzo
2003
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