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MANZANA DE
LA DISCORDIA
Norma Niurka
Una de las obras
más esperadas del Festival Internacional
de Teatro de Miami, Santa Cecilia, del cubano
Abilio Estévez, que traería este
año el grupo Galiano 108 desde Madrid,
no cruzará los mares debido, contradictoriamente,
a que ya los cruzó.
El renombrado monólogo,
convertido en musical Havana Under the Sea,
se está presentando en inglés
en el teatro INTAR, de Off-Broadway, como informé
la semana pasada.
''Santa Cecilia ya no vendrá
al festival'', dice Mario Ernesto Sánchez,
director del FITM, con una mezcla de enojo y
decepción en la voz. Mientras hacían
los preparativos, ni él ni la actriz
que traería la obra con Galiano 108,
Vivian García, sabían que el autor
había |
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otorgado los derechos a INTAR. ''Tengo
los derechos exclusivos por dos años'', afirma
desde Nueva York, Max Ferrá, director de INTAR
y de Havana Under the Sea. ``Me siento mal por Vivian,
pero fue una decisión de la junta directiva [no
permitir que ella presente aquí la obra], teniendo
en cuenta que la pieza ya tenía propuestas para
ir a Miami''.
Miguel Ferro, encargado del teatro
de Venevision International (venezolano), ha estado
desde el año pasado en trámites con
Max para traer Havana Under the Sea, y por tanto,
a INTAR no le conviene que Santa Cecilia se monte
antes. De repente, un monólogo que rebusca
en la memoria histórica más legítima
del cubano, estrenada hace nueve años en La
Habana y hace 10 en Miami, se ha convertido en la
manzana de la discordia para teatristas del exilio.
¿Quien lo diría?
Esta es la segunda vez que Santa Cecilia
se queda varada con Galiano 108. El año pasado
a Vivian no le concedieron visa para viajar a EU (ahora
la logró porque ya es ciudadana española).
''Le hice jurar a Vivian que aunque
al resto del grupo no le dieran visa ella vendría
sola, y por eso vendí la obra a la extensión
del festival en Los Angeles'', explica Mario Ernesto.
``Desde enero le estoy pidiendo a Vivian los derechos
de autor, las reservaciones de avión están
hechas. Si me hubiera enterado de esto antes no hubiera
perdido el tiempo por gusto''.
Mario Ernesto acepta culpabilidades:
''Fue falta mía porque no pedí los derechos
de autor con más anticipación y fue
falta de Vivian por no dármelos a tiempo''.
Y hace una pregunta válida: "¿Por
qué nadie me dijo nada, si el festival tiene
anunciada esta obra desde hace tiempo y todo esto
viene andando desde hace dos años?''.
Abilio no contestó mis llamadas
y correos electrónicos, pero tengo muy claro
el asunto legal y el humano: Vivian era la responsable
de obtener los derechos de autor antes de proponer
traer la obra a Miami; Mario Ernesto debió
asegurarse de tener esos derechos antes de gestionar
la visa para Galiano 108; pero todo el enredo se hubiera
evitado si Abilio hubiera comunicado a Vivian que
entregaba los derechos a INTAR, para que ella no siguiera
montando su obra.
He sabido que Vivian pensaba que los
derechos le pertenecían ya que ella fue, en
Cuba, la que encargó a Abilio escribir la pieza.
Tal idea demuestra la ingenuidad de que adolecen muchos
teatristas cubanos, aun cuando vivan fuera de la isla
en el Siglo XXI.
Fuente:
El Nuevo Herald
Marzo
2003
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