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Una función modesta y un suceso memorable
ORLANDO TAQUECHEL
Especial/El Nuevo Herald

Giselle regresó este fin de semana al teatro Jackie Gleason de Miami Beach en la versión que forma parte del repertorio de Ballet Etudes of South Florida --la compañía que dirige Susana Prieto.

Este ballet, romántico por excelencia, cuenta la historia de Giselle, una muchacha campesina que se enamora de Albrecht, un joven que pertenece a la nobleza. Hilarión --un guardabosques también enamorado de Giselle-- descubre la verdadera identidad de su rival. Al darse cuenta del engaño, Giselle enloquece y muere.

En el segundo acto, Giselle se une a las Wilis, el espíritu de las doncellas que han muerto antes de consumar el matrimonio. Todo hombre capturado por las Wilis es forzado a bailar hasta desfallecer. Sólo pueden salvarse si resisten hasta la salida del sol, momento en que las Wilis --como los vampiros-- están obligadas a desaparecer. Albrecht está arrepentido por la tragedia que ha provocado y llega hasta la tumba de Giselle, donde se encuentra con las Wilis. Giselle lo salva de la muerte al mantenerse bailando con él hasta el amanecer.

Al inicio del primer acto, Dagmar Moradillos proyectó este sábado la simpleza inocente de Giselle, pero, apoyándose en algunos clichés --la mirada hacia abajo casi todo el tiempo, por ejemplo. Sin embargo, desde el momento en que Giselle descubre el engaño, lo que parecía ser el simulacro de una caracterización se transformó en el preámbulo para un encuentro enriquecedor con una criatura de carne y hueso.

En la escena de la locura, Moradillos no sólo expresó demencia con sus movimientos. Ella consiguió que el público la siguiera con atención y se sintiera transformado al vivir la angustia del que se aisla del mundo momentos antes de morir. En el instante en que Giselle deja de respirar y se desploma, Moradillos culmina un recorrido de años como intérprete y reafirma su categoría de manera magnífica.

En el segundo acto, Moradillos es apropiadamente etérea como el espíritu de Giselle, pero, lo que le añade una teatralidad conmovedora a su interpretación es el contraste con el recuerdo de su cuerpo sin vida al final del primer acto.

Junto a ella, Marcelo Gomes se luce como un partenaire elegante, capaz de ajustar sus atributos de galán a la ejecución de pasos virtuosos y desplegar al mismo tiempo cierta franqueza íntima. Gomes consigue un Albrecht antiheroico y tierno a la vez. Contenido y trastornante.

En casi todas la versiones actuales de Giselle el personaje de Myrta, reina de las Wilis, tiene un fuerte sentido de malevolencia, pero Maggie Baluja Aguila lo actúa como si fuera una Sílfide comportándose como Wili. El resultado es discutible, pero interesante. Otra lectura muy personal de un personaje --igualmente llena de matices nada despreciables-- es la de Carlos López como Hilarión. Encantador desde su primera aparición.

Por su parte, Jessica Lemoine y Joaquín de Luz ejecutarían el pas de deux campesino del Primer acto --con música de Frederick Burgmuller. Sus solos resultaron excelentes, pero el trabajo de pareja evidenció la falta de ensayos. El cuerpo de baile tendría sus mejores momentos durante el Segundo acto --a pesar de lo disparejo del arabesque.

Como Bathilde, la bella Aimee Prieto es una niña rica paseando dos hermosos perros y su condescendencia aristocrática es poco convincente. Isis Valle carece de fuerza como Bertha --la madre de Giselle-- y Peter La Fox es insustancial como Príncipe de Courtland. Definitivamente, la valoración de la pantomima sin abandonar el estilo es algo que todavía se le escapa a esta compañía.

La música en vivo es siempre un punto a favor en una función de ballet, pero este sábado la orquesta tuvo un desempeño muy desigual. A veces, esperando a los bailarines y otras, ignorándolos por completo.

En resumen, este montaje de Rodolfo Rodríguez --basado en el original de Jean Coralli y Jules Perrot-- es una adaptación simplificada y una puesta en escena muy modesta en términos de producción, pero la interpretación espléndida de Dagmar Moradillos y Marcelo Gomes en los papeles protagónicos transformaron la función de este sábado en un suceso memorable.

Fuente: El Nuevo Herald
Mayo 2003

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