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Marisol Calero,
un banquete actoral
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Las risas y carcajadas
genuinas del público que se escuchan
en el Teatro Abanico, de principio a fin, con
El último de los amantes, de Neil Simon,
muestran cómo el buen gusto y el talento
pueden lograr una jornada apoteósica
de comicidad, sin apelar a artificios.
Esta versión concisa
y sin pretensiones de The Last of the Red Hot
Lovers cuenta con una suma de elementos valiosos
para presentar la fórmula infalible de
Simon, rey de la comedia con moraleja en Broadway,
autor de obras como Descalzos en el parque,
El prisionero de la Segunda Avenida y, su Pulitzer,
Perdidos en Yonkers.
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Aunque la obra se estrenó en
1969, se sigue montando en Latinoamérica con
el nombre de El último de los amantes calientes
o El último de los amantes ardientes. En Miami,
2003, también parece vigente esta crisis de
un casado feliz, pero aburrido, que ansía un
encuentro extramatrimonial para saldar cuentas con
su monogamia después de 20 años de enlace.
La actriz Griselda Noguera, quien
lleva un tiempo alejada del escenario, regresa como
directora de la pieza y sigue su estructura perfecta
para hacerla fluir sin 'costuras' y con buen ritmo.
Memo Sauceda, conocido actor mexicano
de teatro y televisión, dota al personaje de
ingenuidad y romanticismo y acierta con su caracterización
de individuo tímido y nervioso. Se supone que
el actor se enfrente a cuatro actrices para desarrollar
su adulterio mental programado en el apartamento de
su madre.
Pero Marisol Calero invierte los términos
y convierte en protagónica su presencia a cargo
de cuatro personajes tan distintos uno de otro que
cuesta trabajo entender que es la misma actriz esa
que llega, sale y vuelve a entrar a escena con otra
creación.
La actriz-cantante puertorriqueña
se abroga en buena lid el liderazgo de la pieza creando
caracterizaciones apoyadas en un trabajo actoral,
no caricaturesco, a la velocidad de dos horas de función.
Memo resulta entonces un compañero
de escena magnífico que, con generosidad, deja
hacer de las suyas a la actriz. Al apoyarla, se convierten
en la pareja perfecta.
La intérprete saca de la manga
a una muchacha descarada y sexual; una loquita en
patines, de graciosísima risita espontánea,
que es un terremoto en el apartamento; una mujer sufrida
y sombría; y la esposa afable e inocente.
La actuación de Marisol Calero
es un delicioso exponente de talento, comicidad e
inteligencia; un banquete actoral. Se trata de una
actriz orgánica, ocurrente, creativa; o, como
dicen los españoles: como la copa de un pino.
Y eso que no la han oído cantar.
Fuente:
El Nuevo Herald
Foto: Ernesto Garcia
Mayo 2003
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