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Dos puestas
en escena de Casa de muñecas conviven en el
Theatertreffen de Berlín
PABLO ESPINOSA
Ibsen todavía
horada el pensamiento global detrás de respuestas
esenciales
El primer montaje
lo presenta la Schaubuhne am Lehniner Platz y el segundo
Thalia Theater Todo sucede en la oscuridad de los
meandros cerebrales de los personajes
Berlin, 5 de mayo. En la versión
40 de la revisión anual más importante
de las artes escénicas alemanas, el Theatertreffen,
conviven dos puestas en escena diferentes del mismo
texto: Nora (Casa de muñecas), del autor noruego
Henrik Ibsen, un clásico que a la luz de la
distancia temporal entre su escritura y las muchas
maneras de deletrearla que han hallado generaciones
y generaciones de teatristas desde entonces, aún
horada las entrañas del pensamiento global
en búsqueda de respuestas esenciales a temas
profundos como la emancipación femenina. La
labor de zapa de Ibsen permite, en el transcurso de
ese encuentro teatral, a dos directores alemanes,
uno hamburgués y el otro berlinés, cavar
más hondo en las conciencias para dejar drenado
el interior. En el fondo, como corresponde al buen
teatro, hay más preguntas.
¿Cuál es la motivación
profunda que obligó a Nora a dejar casa, hijos,
marido y sustento? A partir de tal detonante, los
directores Stephan Kimmig (hamburgués) y Thomas
Ostermeier (berlinés) llegan, por el jardín
de los senderos diferentes que se bifurcan, a resultados
indistintos y por supuesto a más preguntas
y en el ínter a dos proposiciones dramatúrgicas
de alcances explosivos. Activan, cada uno por su lado,
ese fascinante espectáculo pirotécnico,
implosivo y explosivo, del gran teatro del mundo.
Dos lecturas ibsenianas dos
La primera de estas lecturas ibsenianas
en llegar a escena correspondió a la versión
berlinesa, a cargo de una institución teatral
de tradición apabullante y que al mismo tiempo
que el Theatertreffen llega a su cumpleaños
40: la Schaubuhne am Lehniner Platz de Berlín.
El director Ostermeir y un equipo
formidable encabezado por el escenógrafo Jan
Pappelbaum, el trabajo dramatúrgico de Beate
Heine y Maja Zade y los afanes en vestuario y luz
respectivos de Almut Eppinger y Erich Schneider, se
afinca en el aggiornamiento de los exteriores, de
las apariencias humanas para hacer más potente
el aggiornamiento de los interiores, las verdades
humanas, de manera tal que Nora es una señora
joven de clase media que vive una temporada en el
infierno, su manera bergmaniana de tocar fondo, hacer
tierra, vivir su crisis más profunda.
Así que ir de shopping, usar
el apellido del marido, ser la señora de la
casa, disfrutar de los manjares del capitalismo salvaje,
la tecnología al servicio del hogar y todas
las convenciones sociales y de moda, dibujan de afuera
hacia adentro el perfil de la Nora de Ibsen en pleno
2003. Para sus intenciones de alto contraste, el director
Ostermeir se sirve de distintos géneros y recursos
narrativos en boga, en primer lugar las referencias
televisivas y en particular las telenovelas, en segundo
lugar la espectacularidad cinematográfica;
en tercer lugar los usos del arte del cómic
y en cuarto la música death metal y el arte
pop.
Todo ello para introducir en el fondo
de la raíz de la tensión dramática
los demonios de la inquietud, el miedo, la neurosis,
el chantaje financiero y la insatisfacción
sexual. Así, todo sucede en la oscuridad de
los meandros cerebrales, en el universo sicológico
de los personajes.
Los rendimientos actorales de Anne
Tissner (Nora) y Jorg Hartmann (su marido) destellan
por encima de los fuegos de artificio escénicos.
Durante dos horas todo explota, todo estalla, todo
se cuestiona y al final, en medio de las preguntas
básicas de la filosofía, reluce el teatro
clásico de Ibsen.
La versión hamburguesa de Nora
(Casa de muñecas) recurre a procedimientos
similares en la forma, es decir, un aggiornamiento
en el siglo XXI pero en su turno el director de Thalia
Theater, Stephan Kimmig, tiene el acierto de desarrollar
la actualidad del texto desde el mismísimo
interior de los personajes, con medios sicológicos,
con prudencia y mano ligera. Traduce las escenas de
un matrimonio a la manera bergmaniana en el horizonte
sentimental y en el ámbito de las experiencias
de las personas de hoy día, que resuelven y
padecen estos conflictos no con teatralidad clásica
sino de modo un tanto desdramatizado.
Dos Emilias y dos Noras. Así
como en México el público tendrá
oportunidad de juzgar una versión distinta
de la obra clásica de Lessing, Emilia Galotti,
que aquí tuvo una puesta en escena que harta
de tan harto su conservadurismo, en Berlín
el público tiene dos versiones complementarias
de una misma pira interior, la Nora de Ibsen.
Emilia Galotti podrá verse
en México a mediados de octubre en los teatros
Julio Castillo del DF y en el Principal de Guanajuato,
en el Festival Internacional Cervantino, con el Deutsches
Theater de Berlín.
Mayo
2003
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