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El Pulitzer
para un dramaturgo cubano
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Lo primero que hizo Nilo Cruz cuando
supo que había ganado el Premio Pulitzer de
dramaturgia por su obra Anna in the Tropics fue echarse
a llorar. Ese día había hablado de Federico
García Lorca, su ídolo, en la clase
que enseña en la Universidad de Yale; llevaba
un libro del poeta y dramaturgo andaluz en su mochila.
Tal vez crea que su ídolo le trajo buena suerte.
Era un lunes. El sábado había
recibido el prestigioso Premio Steinberg, que conceden
los críticos de la American Theatre Critics
Association, con una dotación de $15,000. El
Pulitzer, que ofrece sólo $7,500 al ganador,
colmó la copa. Nilo se convertía así
en el primer dramaturgo hispano que obtiene ese importante
galardón estadounidense.
''Todavía me estoy habituando
a todo lo que viene con la palabra Pulitzer'', nos
dice Nilo, ``es un halago haberlo recibido; esto es,
de buenas a primeras, como nacer otra vez. Lo más
importante es que mi trabajo ha sido reconocido. Eso
me da aliento''.
Desde el mismo día en que se
dio a conocer la noticia, empezaron a llegarle solicitudes
para traducir la obra al alemán, francés,
sueco; y pedirle los derechos para la televisión
y el cine. El se ríe con una risita nerviosa:
``Ja, ja, ja. ¡Es un honor tan grande!''.Los
teatristas hispanos del país consideran que
han ganado ese premio en la figura del escritor de
42 años, hijo de un trabajador que en la década
de 1960 fue a la cárcel por tratar de irse
de la isla en bote.
Nilo llegó a Miami a los 10
años de edad. Tomó clases de actuación
con Teresa María Rojas, en Prometeo, del Miami-Dade
Community College; despuntó como director en
algunas producciones, principalmente en Mud, de María
Irene Fornés, con el grupo SEAT, de Patricia
Gross, que participó en el Festival de Teatro
Hispano de 1987. Todo esto antes de marcharse a Nueva
York e iniciar su desarrollo como escritor.
Anna in the Tropics, inspirada en
Anna Karenina, de León Tolstoy, y basada en
las experiencias de la tradición cubana de
lectores de tabaquería en Ibor City, Tampa,
en 1929, fue comisionada por el New Theater, de Coral
Gables, y estrenada en ese teatro el año pasado
por su director, Rafael de Acha.
Cuando el autor supo que lo habían
postulado por esa obra, guardó el secreto por
dos meses. ''No se lo dije ni a mi mamá, no
quería hablar de eso, sólo mi agente
lo sabía'', confiesa. Pero la indiscreción
de un periodista, en el Festival de Teatro de Humana,
en Kentucky, le hizo saber que era finalista.
'Estábamos en el intermedio
de una presentación, y me dijo: `Leí
tu obra y eres finalista'. Mi mente empezó
a viajar, a soñar un poco. Estaba como La Cucarachita
Martina: si me gano ese premio, ¿qué
hago? Ese día, en la clase dije a mis estudiantes:
'Voy a dejar el celular puesto; porque estoy nominado
para un Pulitzer'. La clase se vino abajo. Pero nadie
llamó. Cuando estaba en la estación
de trenes de New Haven, esperando el tren para Nueva
York, me llama un agente que lleva tiempo detrás
de mí para representarme y me felicita. Le
dije: 'Ah, por el Steinberg'. Dice: 'No, por el Pulitzer'.
Me quedé en blanco y me puse a llorar. Acto
seguido, seis llamadas más. Estaba en estado
de shock. Fue cuando pensé: 'Me lo gané,
porque toda esta gente me está llamando'. Estaba
tan nervioso, tenía tanta adrenalina dentro
que no podía sentarme, toda la jornada de dos
horas en el tren la pasé de pie''.
Este hombre juvenil, exento de protagonismo,
que habla en tono bajo y se ríe ingenuamente,
cree en las causalidades que se conjuraron en el momento
de conocer la noticia de su gran premio: ``Yo estaba
en una estación de trenes; Anna Karenina y
Tolstoy mueren en una estación de trenes. Ese
día de abril estaba nevando, todo blanquito,
como en Rusia. Fue sublime''.
La temática de Nilo, siempre
con un tratamiento poético y de realismo mágico,
está relacionada con el desgarramiento de abandonar
su isla de nacimiento, la recuperación de su
infancia y la problemática cubana. Entre sus
piezas, presentadas en distintas ciudades, se encuentran
A Bycicle Country, Two Sisters and a Piano, Hortensia
and the Museum of Dreams y A Park in Our House.
El año pasado, el autor pasó
seis meses en Miami investigando y escribiendo Anna
in the Tropics, donde los lectores de tabaquería
cambian la vida de los trabajadores, al leerles el
mencionado clásico de la literatura rusa.
De la misma manera que le cambió
la vida al autor. El responsabiliza a Tolstoy por
su carrera literaria en el teatro.
''María Irene Fornés
es mi mentora, la responsable de todo esto'', afirma.
Se refiere a la dramaturga hispana que fue finalista
del Pulitzer (en la década pasada), también
cubana, radicada en Nueva York por más de medio
siglo, en cuyo taller de dramaturgia, ubicado en el
teatro INTAR, estudió Nilo por tres años.
``María Irene es la que me
trae de Miami a Nueva York, me da la oportunidad de
mi vida. Yo era el estudiante que tenía menos
experiencia y menos formación en el teatro,
y mi vida cambió en su taller. Su método
es el que uso hoy con mis estudiantes''.
Aunque el profesorado no le ofrece
gran recompensa económica, a Nilo le gusta
enseñar. Se gana la vida con ese trabajo, los
derechos de autor y las obras que le encargan. Por
la que le hizo ganar el Pulitzer, cobró la
dotación de $25,000 del National Endowment
for the Arts.
``Lo más bello de todo esto
es que a través de los años he podido
sobrevivir con el teatro, jamás he pedido a
mi mamá un centavo''.
La obra seguirá el itinerario
planeado antes del premio: el Teatro McCarter, de
Princeton; el Victoria Gardens, de Chicago; el South
Coast Repertory, de California.Por ahora, el autor
se repone de las emociones y el ajetreo del Pulitzer.
``He estado semanas concediendo entrevistas,
y soy una persona muy privada, muy interna; pero tengo
que hacerlo, la comunidad hispana ha reaccionado de
manera increíble en todas partes. Uno siempre
aspira a llegar al tope, y en Estados Unidos, ganar
el Pulitzer es eso. Estoy célebre en estos
días, pero tengo dos obras que me están
rondando y quiero volver a mi vida de escritor''.
Fuente:
El Nuevo Herald
Mayo 2003
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