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Sol Picó
aparca sus zapatillas de punta
La coreógrafa estrena el 27 de mayo La
dona manca, en el TNC de Barcelona
Laura KUMIN
En un momento
en el que la mayoría de los coreógrafos
de danza contemporánea en España
se encuentran desanimados por la falta de respuesta
de los programadores, Sol Picó tiene
un problema envidiable: riesgo de agotamiento
por exceso de actuaciones. Y es que su último
sólo, Bésame el cáctus,
creación que le ha valido una buena colección
de galardones escénicos, entre ellos
tres Premios Max, ha arrasado. Lleva dos años
de giras y según la coreógrafa
todavía tiene para rato. “Es el
single del oro. De eso vamos a comer todos durante
bastantes años”.
Instalada como compañía
residente en el Teatre Nacional de Cataluña,
esta alcoyana de treinta y seis años
está a punto de estrenar La Mujer Manca
o Barbi-Superestar, una pieza para seis bailarinas
y tres músicos (todas mujeres), creación
que la coreógrafa verá desde el
patio de butacas. |

Picó en La Dona Manca o Barbies Superestar
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Sol Picó es una artista de
identidad inconfundible. Pequeña, potente,
rubia e inteligente, en escena es desafiante y muy
mujer. Guerrera pero no agresiva, visceral pero con
la cabeza bien sentada y un toque de humor socarrón
que siempre asoma por algún lado en sus coreografías.
Alumna de Gelabert y Oller
Titulada en Danza Española y Clásica,
fue alumna en su momento de Cesc Gelabert, Ramón
Oller y el variado equipo de profesores de La Fábrica,
núcleo fundamental de la danza contempóranea
en Barcelona en los años ochenta. A continuación
Picó realizó el peregrinaje internacional
obligatorio: clases en París, Nueva York, además
de estudios de interpretación y técnicas
corporales. Combina su buena preparación académica
con una gran inspiración a la hora de plasmar
imágenes contundentes y provocadoras y un olfato
acertado para buscar colaboradores.
En cuanto a vocabulario coreográfico,
su marca es la utilización de las zapatillas
de punta de una manera poco habitual, a menudo con
música flamenca. Los mismos títulos
son fieles indicadores de la dirección en que
apunta el trabajo de Sol Pico: Esto no danza, Razona
la vaca, o Amor Diesel (para tres bailarinas y tres
máquinas excavadoras).
La Mujer Manca o Barbie-Superestar
es su primera obra de gran formato para sala. “Llevaba
dos años bailando sola y me apetecía
investigar el mundo femenino en su mayor grado”,
dice la coreógrafa. “Me inspiré
en Mujeres que corren con lobos, un libro que habla
del universo femenino a través de cuentos que
son metáforas de situaciones universales. Basa
su historia en creencias ancestrales. Y claro, allí
no puede faltar la Barbie”, continúa
soltando una risa. “Esta sociedad es muy manca,
tenemos que jugar con la realidad. pero es importante
mantener un toque de humor y esta coreografía
es una tragicomedia”.
¿Lo que se verá en el
escenario? “¡No lo sé!”,
dice riéndose. “Seis mujeres dejándose
la piel, demostrando la realidad que vivimos, lo que
sentimos, con situaciones absurdas y otras que no
lo son”. Las coreografías de Picó
se identifican en gran medida por su trabajo como
intérprete. “En esta ocasión ha
tomado la decisión de no intervenir en escena.
Duele pero me gusta. Me encantaría bucear con
ellas, pero a nivel técnico puedo verlo mejor
si estoy fuera. Sufro mucho pero también lo
disfruto. Será un rollo sado-masoquista”.
El lenguaje me lleva de cabeza
“Tenía miedo a imponer un lenguaje tan
personal como el mío”, confiesa. “Hay
seis mujeres con gran personalidad pero dirigidas
con la misma voz. Es también cuestión
de oficio. En este espectáculo lo de las puntas
me ha llevado un poco de cabeza y por eso las utilizo
poco. Es lo más difícil de mi vocabulario,
hay poca gente de danza contemporánea que domina
las puntas. Hay una pequeña pincelada para
que no nos olvidemos de quién ha hecho el espectáculo
por si hubiera alguna duda”.
La Mujer Manca es la primera de las
dos producciones que la coreógrafa realizará
dentro de su convenio con el TNC. “Ser compañía
residente tiene muchas ventajas. A nivel de respaldo,
de infraestructura, ser compañía residente
es maravilloso. Todas las compañías
de danza deberían tener una oportunidad de
disfrutar del trabajo en estas condiciones. Pero también
requiere un período de adaptación”.
Picó lleva su ritmo vertiginoso de trabajo
con filosofía. “No me da tiempo para
saborear las cosas, de disfrutar. Siempre trabajo,
que Dios me dé salud. Ahora mismo me siento
muy manca, ciega y coja”.
Fuente:
El Cultural
Mayo 2003
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