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Boris Rotenstein
recupera la tragedia de los homosexuales bajo el régimen
nazi en “Bent”
SANTIAGO FONDEVILA
Barcelona
El director ruso
estrena mañana miércoles en la sala
Muntaner un nuevo montaje de la obra de Martin Sherman
| Sostiene Boris Rotenstein,
el director ruso afincado en Barcelona desde hace
diez años, la imperiosa necesidad de un
trabajo continuado de los actores y la existencia
de varios grandes intérpretes aparcados
por falta de oportunidades. Sostenemos, asimismo,
que Rotenstein es un director que ha probado ya
con creces su conocimiento de la dramaturgia,
su habilidad en la dirección de actores
y su capacidad para sorprender como para llamar
la atención de otros productores ajenos
a los proyectos que él mismo impulsa con
la compañía Perestroica-A-Tak y
con la que aspira ahora a lograr estabilidad para
esos intérpretes, la mayoría antiguos
alumnos. |

DAVID RUANO
Xavier Ripoll, que interpreta el papel de Max,
en el centro, junto al resto de los actores
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El director, de quien el domingo se
despidió en el Nou Tantarantana el espléndido
trabajo de Carme Sansa con “Dies feliços”,
estrenará mañana en la sala Muntaner
una nueva propuesta de “Bent”, obra de
Martin Sherman que denuncia la homofobia en la Alemania
nazi y que en 1982 se estrenó por primera vez
en Barcelona desatando una gran polémica porque
en el cartel se veía un falo.
Las polémicas suelen ser reductivas
como las síntesis. Si la acción de “Bent”
transcurre en un marco histórico muy concreto
–Alemania, 1934–, lo cierto es que el
trasfondo de los problemas que aborda, señala
el director, son universales y extrapolables a nuestra
realidad. Y, añade: “El que olvida el
pasado está condenado a reencontrarlo en el
futuro”. Para Rotenstein, “Bent”
–pervertido, en inglés– no nos
habla del fascimo, del nazismo, del comunismo, “no
es necesariamente una de esas cosas concretas, sino
cualquier señal que se pone sobre otra persona
por odio”. En suma, una marca de intolerancia,
de discriminación hacia el otro por “falta
de amor”, añade el director. La actualidad
de la obra reside pues en los comportamientos humanos
en determinadas situaciones extremas. De ahí
su subtítulo: Escenas de amor y terror.
La obra de Martin Sherman, que él
mismo llevó al cine en 1997 con Mick Jagger
en el papel del travestido Greta, arranca en la noche
de los cristales rotos. Judíos y homosexuales
son barridos de Alemania. Greta (que aquí interpreta
Pep Zapata) es el propietario de un club de gays y
lesbianas al que acude Max (Xavier Ripoll), amante
del bailarín y miope (la observación
no es baladí) Rudy (Sergi Caballero). La primera
parte de la obra narra la “caída”
y la fuga de Max y Rudy de las garras de la Gestapo.
La segunda, su captura, traslado e internamiento en
el campo de concentración de Dachau, y el inicio
de la relación de Max con Horst (Emilià
Carrilla), que dará lugar a una de las escenas
más potentes del texto: una relación
amorosa mental sin contacto físico frente a
la alambrada del campo de concentración. Un
lugar, dice el director, “donde el amor o el
odio convierten a la gente en víctimas o en
verdugos”.
“Bent” no es una obra
de mero entretenimiento, aclara Rotenstein, sino una
obra de ideas, de tesis. “Teatro serio”,
resume el director, que invita a espectadores “con
cabeza y corazón, a aquellos que no van al
teatro porque no piensan que puedan encontrar algo
que responda a sus pensamientos y sentimientos”.
Fuente:
La Vanguardia
Mayo 2003
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