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Teatro
en Madrid
“EL LIBERTINO”: UN CANTO AL TEATRO
Y A LA LIBERTAD
Salvador
Enríquez
Los rezagados,
los que posponen ir al teatro de un día
para otro, deberán darse prisa para ver,
antes de que se quite de cartel el día
8 de junio, la obra “El libertino”,
de Eric-Emmanuel Schmitt, en el Teatro de la
Abadía (calle Fernández de los
Ríos, 42 – Madrid).
Se trata de esas funciones que
a uno le gusta recomendar pues en ella se unen
los requisitos necesarios para disfrutar del
teatro: reflexión, humor, texto ágil
y bien construido, diálogos vivos; la
escenografía y el vestuario (de Dietlind
Konold) no son simples adornos, sino que forman
parte importante de la |
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función, y la interpretación
en general resulta de una calidad que merece sinceros
y calurosos aplausos. ¡Vamos! de esas funciones
que si algo no gusta es, precisamente, que termine.
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El autor, el francés
Eric-Emmanuel Schmitt, escribió este
texto en 1991 y en él nos muestra a uno
de los creadores de “La Enciclopedia”,
Denis Diderot (que interpreta Andrés
Lima), debatirse entre la razón y los
sentidos, entre los deseos y la realidad.
Schmitt, estudioso de Diderot
(tiene publicado el ensayo “Diderot o
la filosofía de la seducción”)
nos recuerda al comienzo de la función
el relato del filósofo francés
“Lamento por mi bata vieja” al mostrarnos
al personaje de tal guisa en el pabellón
de caza que el potentado señor Holbach
le ha cedido para que escriba. |
Pero no está haciendo filosofía,
auque tiene que escribir un artículo sobre
la Moral, sino posando para una pintora, seductora
y enigmática, Madame Therbouche (Yolanda Ulloa)
que no está satisfecha del resultado de su
trabajo y, para sentirse inspirada, sugiere al filósofo
que pose desnudo.
Pero no se trata de una frivolidad,
sino que a partir de ese “desnudo” el
protagonista va desnudando su alma, su pensamiento,
debatiéndose entre la lógica de su razón
y los convencionalismos de la sociedad en la que vive;
sin embargo, preconiza una moral permisiva y libertaria
“a condición de no hacerse daño
a uno mismo o al prójimo”, algo que agradecemos
algunos espectadores (yo creo que muchos) cansados
de la “moral” de guardarropía,
acartonada y convencional que se nos quiere imponer
o que tenemos impuesta por una secular influencia
judeocristiana.
En la función,
además de a Baronnet (Ramón Blanco)
que enlaza las diversas escenas apremiando a
Diderot para que escriba su artículo
sobre la Moral, vemos a la Señora Diderot
(Natalie Poza) que en su breve intervención
interpreta una excelente mujer celosa pero que
se deja convencer, ¿o aparenta convencerse?)
ante el primer arrumaco y bajo los indiscutibles
argumentos filosóficos de su marido.
El reparto lo completan Nuria
Benet (que interpreta el papel de Señorita
de Holbach) y Rebeca Valls (en el papel de Angélica
Diderot) que con su juventud, picardía
y sueños amorosos ponen en cuestión
las firmes convicciones filosóficas de
Denis Diderot. |
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Todo ello con una leve apariencia
de vodevil (intrigas femeninas, puertas que se abren
y cierran, damas escondidas...) que hacen, junto a
la reflexión, una función realmente
deliciosa.
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Entre los muchos
aciertos de esta función, conseguidos
sin duda por el trabajo del traductor Fernando
Gómez Grande y su director, también
traductor, Joaquín Hinojosa, está
la habilidad de hacer comprensibles y hasta
amenos para el espectador medio los razonamientos
filosóficos y el lenguaje empleado si
menoscabo de la exactitud.
Finalmente, es importante señalar
la iniciativa del director del Teatro de La
Abadía, José Luis Gómez,
de crear el “Foro Abadía”,
un coloquio entre público y actores al
final de la función para debatir sobre
ella. El día que yo asistí se
prolongó durante más de media
hora, a teatro lleno, con numerosas intervenciones
de los espectadotes, con lo que la sala se convierte,
si no en una universidad, sí en un punto
de debate y no sólo de espectáculo
para el ocio.
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Salvador
Enríquez
senriquez@worldonline.es
Colaboración desde Madrid (España)
para www.teatroenmiami.com
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