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Inquietantes
tinieblas
JOAN-ANTON BENACH
L'OFICIANT
DEL DOL
Autor: Wallace Shawn
Intérpretes: Gonzalo Cunill, Chantal Aimée
y Jordi Serrat
Directora: Carlota Subirós
Estreno: Espai Lliure (15/V/2003)
La fortuna quiso que en uno de sus
“stages” profesionales en Londres, Carlota
Subirós (1974) conociera a Wallace Shawn y
su “The designated mourner” (L¹oficiant
del dol) que se estrenaba en la capital británica
en 1996, dirigida por David Hare. Wallace Shawn (Nueva
York, 1943), el protagonista de “Vania en la
calle 42” de Louis Malle, ha intervenido en
más de cincuenta películas. Los cinéfilos
recordarán, sin duda, su figura oronda, de
escasa estatura y la mirada inteligente presidiendo
un rostro de “clown” un punto fatigado.
De este entrañable “secundario”
es mucho menos conocida, en cambio, su faceta de dramaturgo
profusamente premiado. Fue una suerte, digo, que la
joven directora Subirós coincidiera con el
actor-autor, puesto que de aquel encuentro surgiría
la posibilidad de ver estrenada en Barcelona una de
las obras más interesantes y escénicamente
mejor resueltas de la actual temporada.
“L'oficiant del dol” es
una pieza extraña, inquietante, y que, entre
otras virtudes, revela una excepcional destreza para
trasladar cuestiones muy trascendentes hasta un ámbito
cotidiano, familiar, donde el elemento trágico
se ventila sin estridencias. La inseguridad, el compromiso
social, el individualismo corrosivo, la cultura como
necesidad o privilegio, el miedo y la incertidumbre
ante un enemigo no identificado, la guerra, incluso...,
todo ello se expone aquí sin retórica
de ninguna clase. Todo se ve desmenuzado desde un
plano coloquial doméstico, íntimo, a
ratos susurrante.
El “viejo profesor”
El mundo de Howard (Jordi Serrat),
imagen arquetípica del “viejo profesor”,
se hunde sin remedio. Es el mundo de la escritura
reflexiva, de la actividad intelectual que no cesa,
de la cultura libresca. Judy (Chantal Aimée)
y Jack (Gonzalo Cunill), la hija y el yerno de Howard,
pertenecen a una generación escéptica,
ajena a las principales inquietudes del anciano. Su
perfil, no obstante, nada tiene que ver con la frivolidad
o el pasotismo. Jack oficiará a conciencia
el duelo por la muerte del profesor con la que mueren
las esperanzas puestas en la función liberadora
del arte y la cultura.
El hombre sólo lee periódicos,
reconoce con amargura los millones de exiliados que
ninca podrán beneficiarse de la música
de Schubert y se siente inevitablemente contaminado
por la confusión política e ideológica
de esa hora. Judy es la mujer vacilante y expectante,
una testigo alucinada por un episodio de guerra que
acontece junto al jardin de su casa, situada en una
ciudad y un país que en ningún momento
se concreta. Ella se verá abandonada por su
marido, el desalentado caminante en las tinieblas.
El microcosmos que conforman los tres
personajes, Carlota Subirós lo imagina situado
en un aula desierta, que la estupefacción y
la ira de Howard nunca más podrán llenar.
El espacio escénico del acto segundo, con el
profesor ya desaparecido, es una mesa inmensa y desolada
–otro desierto– junto a la cual Judy expondrá
sus desasosiegos y Jack formulará sus atormentadas
cavilaciones y sus huidas a ninguna parte. En medio
del tremendo pesimismo de la obra, brota súbitamente
un rasgo de humor y, de forma intermitente, un brillo
poético de muchos quilates. El cuidado trabajo
de dirección consigue que el latido misterioso
que alberga “L'oficiant del dol” llene
todo el Espai Lliure con un vigor extraordinario.
Con todas sus resonancias crepusculares. Muy buena
la interpretación. Convincente Jordi Serrat.
Convincente y expresiva Chantal Aimée en los
varios registros de su personaje. Convincente, expresivo
y conmovedor Gonzalo Cunill. Este último debe
expresarse necesariamente en castellano y de ahí
que la directora, en un rasgo de alta profesionalidad,
haya querido compartir la traducción con Rafael
Spregelburd.
Fuente:
La Vanguardia
Mayo
2003
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