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Buenas
actuaciones en la máxima confusión
NORMA NIURKA
Especial/El Nuevo Herald
Isaac Chocrón, dramaturgo
y novelista de amplia trayectoria, es legendario en
Venezuela. Figura, junto a los escritores Román
Chalbauld y el desaparecido José Ignacio Cabrujas,
como cofundador del Nuevo Grupo, que revolucionara
el teatro venezolano en la década de 1960 con
la premisa de enfatizar el texto dramático.
La versión de La máxima
felicidad, presentada por Creation Art Center y Miami
Globo Theater en el local de Venevision International,
tiene aspectos que parecen confundir el texto literario
y filosófico que escribió Chocrón
hace tres décadas.
No es por la gratuita cubanización
miamense de la obra, sino que el texto se encuentra
soslayado por una avalancha de excesos escénicos
que desvalorizan el sentido filosófico de la
pieza y resaltan los aspectos más triviales.
La escenografía muestra un
espacio múltiple, muy kitsch, aceptable para
el gusto del personaje principal; el vestuario es
correcto y la iluminación pésima (al
menos la noche del estreno).
La dirección del venezolano
David Chacón Pérez, quien debuta aquí
como tal, es la máxima confusión. La
pugna constante y falta de comunicación entre
los personajes está tratada en calidad de bronca;
y es innecesario añadir canciones y pasos de
baile pues empañan el desarrollo de la acción.
Sin embargo, lo que debió mejorarse
del texto quedó intacto: una buena parte del
primer acto es como una serpiente que se muerde la
cola y el segundo acto es repetitivo y muy extenso.
La obra, dotada del particular sentido
del humor del autor, tiene un planteamiento no convencional
que a Chocrón le gusta aplicar a su literatura
(recuérdese la alharaca que causó su
novela homosexual Pájaro de mar por tierra).
Por medio de un triángulo bisexual, Chocrón
indaga en las posibilidades de una forma de convivencia
fuera de lo común y en la psicología
de sus personajes.
Franklin Virguez hace una deliciosa
creación del resentido director de cine homosexual
que cree que el amor entre tres repartido a puerta
cerrada logra un equilibrio emocional. Al aceptar
en su apartamento --que comparte con su joven amante,
también gigoló de ancianas-- a una mujer
que éste trae, ejerce una tiranía personal
en sus predios.
Virguez nunca pierde el contacto con
su personaje y sus ocurrencias no lo desvían
sino que lo enriquecen; sabe hacer pausas y transiciones,
y hace reír genuinamente.
Gledys Ibarra lo secunda maravillosamente
en su papel de sumisa desorientada que sostiene relaciones
sexuales con el joven y una relación de dependencia
afectiva y económica con el dueño de
la casa. La conocida actriz venezolana, en su primera
presentación aquí, muestra talento,
simpatía y nos deja con deseos de verla nuevamente
en escena.
Al joven amante del triángulo
lo interpreta Chao, cantante y compositor mexicano
que necesitaría un buen guía para actuar
junto a los dos experimentados actores. Tal parece
que la versión que han formulado está
en función de incluir sus composiciones y esto
resulta artificial.
Esta es la producción con la
que Creation Art Center, de Pedro Pablo Peña,
inicia otra etapa teatral --después de haber
perdido su local y posteriormente la sala donde esta
obra se estrenaría. Ha carenado en el teatro
de Venevision, curiosamente el sitio idóneo
para la nacionalidad del autor, director y los dos
intérpretes principales. Por estos últimos,
Virguez y Gledys, vale la pena salir de casa.
Fuente:
El Nuevo Herald
Mayo 2003
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