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Inteligencia y precisión
María Ana Rago
La Madonnita,
donde Mauricio Kartun debuta dirigiendo un texto
propio, sorprende por la coordinación
entre todos sus detalles. El autor dice haberse
inspirado en Roberto Arlt.
Tiene visos de relato policial y se desarrolla
a través de tres singulares personajes.
La Madonnita es un texto inteligente y una puesta
muy cuidada y precisa. "Comunión",
"Carne Vale", "Sábado
de Ceniza" y "Pascua de Resurrección"
son los cuatro momentos de la pieza que marca
el debut de Mauricio Kartun como director de
un texto propio.
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La historia transcurre en las primeras
décadas del siglo XX, en el estudio fotográfico
de Herz, el lugar en el que se "embalsaman instantes".
La luz va entrando lentamente por las ventanas y Hertz
(Roberto Castro) hace su aparición en escena.
El hombre se dedica a las fotografías pornográficas
que distribuye Basilio (Manuel Vicente). La "Madonnita"
no es otra que la mujer de Herz, Filomena (Verónica
Piaggio). Los clientes de Basilio piden nuevas fotos
de la "Madonnita", mujer coja, de expresión
triste, aunque de especial encanto y seducción
para los habitantes de ese "barrio de canallas".
Pero el uruguayo que posaba con Filomena para las
fotos se fue y hay que reemplazarlo. Basilio aparece
como la solución. Mientras toman una sopa humeante
—tal vez con el efecto de una pócima—,
sellan el pacto. Pero nada es tan fácil como
parece. La incomodidad de Basilio es evidente y Manuel
Vicente maneja con gracia la angustia de su personaje
y la atónita mirada frente al desnudo de la
"Madonnita".
Cuando un golpe lastima la boca de Herz y su camisa
se mancha con el rojo de la sangre, la criminalidad
deja de ser simbólica. La acertada interpretación
de Roberto Castro vuelve creíble a su criatura.
Los signos de violencia suman bajeza a estos seres
incapaces de salir de la vileza. Al final, tras idas
y vueltas, desmentidas y más violencia, el
epílogo muestra a Herz y a Basilio derrotados,
compartiendo un dolor.
Los perfiles bien diferenciados de los personajes
—que evolucionan y crecen durante la obra—,
enriquecen el vínculo entre ellos, sus miradas
son elocuentes y las acciones refieren los bajos instintos,
las miserias, la desesperación, la locura y
el fracaso. Filomena no se expresa con palabras, sólo
obra con hechos, en la lograda composición
de Verónica Piaggio. El ritmo de la puesta
se sostiene sin rupturas. Kartun reconoce influencias
de Roberto Arlt en esta obra y no en las anteriores.
Herz, Basilio y Filomena recuerdan el universo del
autor de 300 millones. Los sueños que se confrontan
con la realidad, la marginalidad, entre más
temas, son recreados por Kartun. La Madonnita es obra
de un discípulo y auténtica lección
de un maestro.
Fuente:
Clarin.com
Noviembre - 2003
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