Incluye tu email para recibir información sobre nuestras actualizaciones
POSTALES | FOTOS
ARTÍCULOS - 2003
  Diciembre
Noviembre
Octubre
Septiembre
Agosto
Julio
Junio
Mayo
Abril
Marzo
Febrero
Enero
DIARIOS
  The New York Times
Sun-Sentinel
El Nuevo Herald
The Miami Herald
Los Angeles Times
La Vanguardia
Washigton Post
El Mundo
El Clarín
CNN
ArteMiami.com

BUSCADOR internet teatroenmiami.com

Modesto Centeno: LOS NOVENTA AÑOS VIVOS DE UN TEATRISTA
Por Rubén Darío Salazar
Fotos: Cortesía de Pedro Valdés Piña

Para los teatristas cubanos, y especialmente los que trabajamos con niños, el nombre del director artístico, profesor y escritor Modesto Centeno debe ocupar un lugar preponderante. Nacido en Gibara, Holguín, el 18 de mayo de 1913, creció en La Habana como miembro de una familia clase media de acendrada tradición artística. La casa de los Centeno fue lugar de ensayos, reuniones y taller de realización, fuente nutricia de un arte que tuvo en Modesto Centeno, alumno fundador de la Academia de Artes Dramáticas de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL) en 1940, a un destacado promotor e impulsor de la escena nacional.

La iniciativa del profesor Luis A. Baralt de lanzar una convocatoria para un concurso de piezas titiriteras entre los estudiantes de la academia, trajo como consecuencia el triunfo de Modesto, nada menos que con una versión del famoso cuento de Charles Perrault, Caperucita Roja. La obra ganadora, cuyas sencillez y síntesis la han hecho perdurable hasta hoy, tuvo su estreno en mayo de 1943, con el entusiasmo juvenil de artistas que sin tener experiencia en el mundo del guiñol, construyeron y animaron sus propios muñecos. Centeno, junto a ellos, marcó el punto de partida de la dramaturgia y el teatro para niños y de títeres en Cuba con cierto carácter profesional. La criolla Caperucita se presentó principalmente en Teatro Valdés Rodríguez y luego emprendió viaje por parques, escuelas y fiestas infantiles, siempre acompañada del clásico titiritero Comino y Pimienta de Arkadi Averchenko.

El cierre de ADADEL en 1943 no impidió el pujante desarrollo de un creador comprometido con su arte. Por eso en 1945 crea ADAD, institución de la que expresó la destacada intelectual Mirta Aguirre: "Son ellos los que están dando a La Habana el teatro más inquieto y más interesante, porque ponen en su labor un desinterés absoluto y una intachable limpieza artística". ADAD, además de llevar a las tablas nacionales por primera vez a Ibsen, Strindberg, Cocteau, Anouilh, Sartre o Tennessee Williams, fomentó el avance y la consolidación de la dramaturgia cubana prerrevolucionaria, con puestas sobre textos de Carlos Felipe, Rolando Ferrer, Nora Badía, Paco Alfonso y del propio Centeno. En el seno de ADAD se gestó la importante revista Prometeo y la Academia Municipal de Artes Dramáticas en 1947: ambas significaron mayor alcance artístico y la divulgación de un lenguaje contemporáneo que validaba lo nacional, los sentimientos más positivos y humanistas de la creación.

Centeno, además de ser colega en ADAD de Violeta Casal, Vicente y Raquel Revuelta, Gina Cabrera, Alejandro Lugo, Maritza Rosales, Erdwin Fernández, Miguel Navarro, Fela Jar, los escenógrafos Luis Márquez y Rubén Vigón y los directores Francisco Morín y Roberto Garriga, fue también profesor en la academia municipal de dos hermanos que posteriormente le dieron al teatro para niños y de títeres un alcance nacional. Pepe y Carucha Camejo estrenaron el 4 de junio de 1950 la Caperucita Roja y Chinito Palanqueta del maestro Centeno, esta última escrita especialmente para ellos. Otros textos como La isla sin azúcar, Periquín lo supo al fin, ¿Quién se robó las manzanas? y versiones sobre los clásicos La bella durmiente, Barbazul, Los dos leñadores, La Bella y la Bestia, y Hansel y Gretel, engrosaron el archivo dramatúrgico de los Camejo junto a piezas de Dora Alonso, María Álvarez Ríos, Emilio Ballagas, Dora Carvajal, Eduardo Manet y Renée Potts, entre otros. En el manifiesto del 28 de marzo de 1956, donde los Camejo y Carril se constituyen como Guiñol Nacional de Cuba, aparece Centeno como uno de los distinguidos colaboradores, apoyando el criterio de un teatro de muñecos no como simple entretenimiento para niños, sino como arte de múltiples posibilidades.

En el teatro dramático de los años 50, Modesto Centeno recibió premios de la Asociación de Redactores de Teatro y Cine, por sus montajes de obras de Oscar Wilde y Tennessee Williams. Continuó su labor docente y estrenó nuevas piezas de su autoría como los dramas poéticos Hechizo y camerino. El prestigioso crítico Rine Leal destacó en sus producciones el énfasis en la caricatura y lo risible, su habilidad para el movimiento de los actores, la composición escénica y plástica. Escribió libretos para la naciente televisión, tanto espacios dramáticos como de títeres. El triunfo de la Revolución en 1959 lo reconoció como un artista mayor, pionero y conocedor de lo más auténtico de nuestros escenarios, por lo que fue condecorado con la Orden por la Cultura Nacional. Trabajó con el Conjunto Dramático Nacional, con el Lírico Gonzalo Roig y el grupo Jorge Anckerman, pero nunca se separó de los títeres. Fue profesor en el Teatro de Muñecos de La Habana: "Un caballero del siglo XIX", lo nombra el maestro titiritero Pedro Valdés Piña en sus recuerdos, "educado, comedido, con un conocimiento enciclopédico sobre el arte teatral". Para Valdés Piña escribió el juguete cómico Sisebuto en los años 70. En esa década convulsa Centeno reafirma su carrera de autor y director artístico en el teatro de muñecos al integrarse a la nómina del Guiñol Nacional. Allí estrenó El aya de la francesa de Renée Potts y Bebé, de su propia creación, en 1972. Le siguieron Viajemos al mundo de los cuentos, que escribió y dirigió en 1973; Juanito en el país de los bambúes, de Mónica Sorín; se arriesgó con la versión y dirección en teatro de títeres para adultos de Cecilia Valdés; Piñata, sobre el cuento del ruso Vladimir Suteiev; La brujita de María Clara Machado; y una versión suya de Los tres cochinitos. En los comienzos de los 80 estrenó Rondas, con música de Héctor Angulo y Harold Gramatges.

Modesto Centeno falleció en 1985. Dejó una significativa huella en la historia teatral nacional. Lo que aquí queda escrito son apenas unos fragmentos vitales de esa personalidad a ratos desconocida y por tanto muchas veces subvalorada. Su Caperucita Roja sigue latiendo hoy en las manos de nuestros juglares, en la risa de los niños que la aplauden fervorosos, en la memoria de quienes aún recuerdan sus versos para una vieja canción: "Formemos un collar/ de otros collares./ Hagamos un cantar/ de otros cantares".

Canto vivo, maestro Centeno, vivo y eterno.

Noviembre - 2003

www.teatroenmiami.com no es responsable por las opiniones expresadas. Cada autor u opinante es responsable por sus opiniones e ideas. Igualmente las informaciones relacionadas con espectáculos son enviadas a www.teatroenmiami.com y son los productores y promotores de dichos espectáculos los responsables de cambios, suspensiones o informaciones erroneas. Los materiales son propiedad intelectual © de sus fuentes originales y son utilizados aquí solo con fines educativos

Este website está diseñado para 800 x 600 | Internet Explorer +5.
Design by www.teatroenmiami.com © 2000-2004
TeatroenMiami.com
se actualiza semanalmente
Es un website educativo y sin fines de lucro
Miami, FL - USA