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Sergi Belbel al filo de
la noticia
Primera plana, en el Teatro Nacional de Cataluña
Itzíar DE FRANCISCO
Retrato demoledor del mundo de la prensa, Primera
plana vuelve a estar de actualidad. Sergi Belbel convierte
a partir de hoy el patio de butacas del Teatro Nacional
de Cataluña en una sala de prensa. El montaje
es una fidedigna adaptación de la obra de Ben
Hecht y Charles MacArthur.
Chicago. Olor a rotativas y corrupción. Ceniceros
rebosando cigarrillos, nicotina asfixiando el aire,
el sonido incesante del teclado de las viejas máquinas
de escribir, tacos, gritos... Estamos en una sala
de prensa de los años 20, aquellas cargadas
de testosterona y nicotina, cuando no había
smoking rooms y los periodistas eran broncos tipos
políticamente incorrectos que vendían
hasta su alma por una noticia. Eran otros tiempos...
Chicago, 1929. Earl Williams, acusado del asesinato
de un policía negro, espera en la cárcel
el momento de su ejecución. Mientras, en la
sala de prensa, entre partidas de cartas y apuestas,
Hildy Johnson (Jordi Boixaderas), cronista del Herald
Examiner, ultima los preparativos para su viaje de
luna de miel ante la desesperación de Walter
Burns (Jordi Bosch), el mordaz director del periódico
que tratará por todos los medios que su periodista
estrella no se marche. Este es el punto de partida
de Primera plana, obra escrita en 1928 por los periodistas
Ben Hecht y Charles MacArthur y que ahora el inquieto
y prolífico Sergi Belbel lleva a escena. Antes
lo hicieron en el cine Lewis Milestone, Howard Hawks,
Billy Wilder y Ted Kotchett. Belbel ha tomado las
riendas de este montaje por encargo de la directiva
del Teatro Nacional de Cataluña –del
que es asesor artístico–, institución
que llevaba varios años detrás de este
proyecto complejo por el número de actores
en escena: veintiuno.
Maestro de la comedia
La maestría de Belbel en la dirección
de la comedia ya quedó demostrada en Caricias
(1992), ¡Hombres! (1994), Madre, el drama padre
(2002) de Jardiel Poncela y Sábado, domingo
y lunes (2002) de Eduardo De Fillippo. Por eso, este
montaje de Primera plana tiene, a priori, dos ventajas:
un texto mordaz e irónico y un director más
que solvente. Pero ¿cómo puede luchar
el teatro contra el recuerdo grabado en el celuloide?
Belbel, que conoce la rivalidad del cine, lo traicionero
de la memoria y lo peligroso de las comparaciones,
se la ha jugado a dos cartas: la dirección
escénica y la recuperación del texto
original de Hecht y MacArthur, en versión de
Jordi Galcerán. “No quiero que se levante
el telón y el espectador vea una película
porque para eso te alquilas un vídeo en vez
de ir al teatro”, comenta Belbel. “Lo
que quiero es romper la frontalidad e incluir al espectador
dentro de la acción. Para eso vamos a convertir
la sala grande del TNC en una redacción. El
que entre en ella se llevará una gran sorpresa
porque hemos hecho desaparecer el patio de butacas”.
De todas las versiones cinematográficas que
se han hecho de esta obra es la de Wilder con la que
guarda mayor similitud, aunque Belbel ha sido mucho
más fiel que Wilder al texto original, subrayando
ese mundo masculino y un tono misógino menos
complaciente que el la cinta de 1974. “El texto
original de Hecht y MacArthur es muy rico en matices
y más mordaz, más fuerte. Conserva ese
ambiente de testosterona, de fumadores y bebedores
en el que la mujer tenía un papel secundario.
Esta es una obra políticamente incorrecta:
hay racismo, machismo, ect. También es más
descarnada y grosera que las versiones de cine”.
Sin embargo, el tono de comedia “relativiza
las barrabasadas que se dicen”, comenta el director.
Hecht y MacArthur no tuvieron que irse muy lejos para
buscar la inspiración ya que ambos habían
trabajado como periodistas en Chicago y Nueva York.
Prensa y política
Primera plana no fue la primera obra teatral que tomaba
el periodismo como materia prima. En 1926 otra ácida
comedia, Chicago, trasladó a la escena los
entresijos de la prensa sensacionalista. Y es que
su relación con la política y la corrupción
convirtieron al periodismo en una profesión
poderosa y vilipendiada. Belbel subraya la actualidad
de esta relación. “Nadie cuestiona el
poder de la prensa ni la relación entre el
periodista y el político. El periodista le
aprieta las tuercas al político para que le
dé la noticia y éste le soborna para
que la información salga como él quiere.
Curiosamente la obra transcurre tres días antes
de las elecciones, cuando periodistas y políticos
están a la que salta. Y eso es lo que sucede
en Madrid tal día como hoy, a tres de las elecciones.
Su vigencia es absoluta”.
A pesar de su mordacidad, Primera plana no está
exenta de cierta ternura hacia esos hombres “que
amaban su trabajo por encima de todo”. “Los
periodistas aparecen como canallas pero inevitablemente
te caen bien porque también tienen debilidades.
Son personajes que harían lo que fuera por
conseguir la primera plana pero con esos trapicheos,
sospecha uno, también persiguen un mundo mejor.
Su finalidad es sacar la verdad a la luz”.
La obra no es sólo un retrato de los entresijos
de esta profesión y una fotografía de
las redacciones norteamericanas de principio de siglo,
donde nació el periodismo moderno . También
plantea temas como la corrupción política,
la pena de muerte y la adicción al trabajo,
asunto este último con el que Belbel se siente
muy identificado. “Los personajes de esta obra
son auténticos adictos al trabajo. Sólo
tienen una obsesión: conseguir la noticia y
redactarla. Viven pegados a la máquina de escribir
y anteponen su vida profesional a la privada. Yo me
he reconocido en estos personajes porque, por ejemplo,
tengo dos niños pequeños a los que hace
cinco días que no veo. Con los preparativos
de última hora, los nervios del estreno...
Este texto me ha hecho reflexionar sobre el difícil
equilibrio entre el trabajo y tu vida. A veces descuidas
a tu familia sin darte cuenta. Esta profesión
mía es tan absorbente como la de periodista.
No tenemos horario, viajamos de un lugar a otro...”.
A Belbel le ha calado tan hondo este texto que “seguro
que influirá en mi próxima obra”,
aunque se muestra aliviado por no ser el autor de
este texto. “Me he liberado de un gran peso
porque el director no tiene la responsabilidad de
haber escrito la obra. Al final, lo que queda siempre
es la palabra”.
Ionesco y la inmigración
A sus 40 años, Belbel es uno de los nombres
fundamentales de la escritura teatral actual. Con
veinte textos a sus espaldas y todos los premios nacionales
en su haber, mantiene un ritmo de trabajo envidiable,
mal que le pese a su familia. Acaba de estrenar Això
no és vida con T de Teatre en el Poliorama
y ya tiene a la vista otro estreno como director:
Teatro sin animales, obra del francés Jean-Michel
Ribes que se estrenará en el Romea en marzo
y en la que Belbel dirigirá uno de esos textos
herederos del humor absurdo de Beckett e Ionesco que
tanto le gustan. También dirigirá otra
obra, su último trabajo como autor, Extranjeros,
un melodrama familiar en el que tratará la
inmigración y el choque de culturas y que se
estrenará en el TNC dentro del Forum 2004.
Fuente:
El Cultural
Noviembre
- 2003
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