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El carnaval de la canallesca
JOAN-ANTON BENACH
A los futuros espectadores del Nacional les propongo
que dejen la memoria cinematográfica en el
vestíbulo del teatro. Comparar aquella “Front
page” (1974) de Billy Wilder con esta “Primera
plana” de Sergi Belbel, más que odioso
resultaría improcedente. “Primera plana”
se desenvuelve en un territorio que no cabe parangonar
con antecedentes conocidos. Y es en este espacio donde
resplandecen unas despiadadas caricaturas de reporteros
de la vieja escuela de Chicago, ebrios de sensacionalismo,
y de representantes de un poder local corrupto que
sólo aspira a perpetuar sus privilegios aun
a costa de los más viles atropellos de la verdad
y la justicia. Los autores, MacArthur y Hecht, ex
periodistas, entraban a saco en los más bajos
niveles del llamado “cuarto poder” con
una sátira cruel y muy atinada de aquellas
prácticas reporteriles embrutecidas en la búsqueda,
a cualquier precio, del titular de impacto y no digamos
de “la exclusiva”. Ya saben: una tropa
de esa calaña monta guardia en la antesala
de un patíbulo en el que será ejecutado
un reo de cuya muerte o de su indulto in extremis
los mercaderes de la noticia y los del voto electoral
piensan obtener saludables beneficios. En los años
veinte del pasado siglo, el fulgurante desarrollo
de la prensa de masas propiciaba en EE.UU. un “amarillismo”
que “Primera plana” satirizaba sin piedad.
Aunque hoy los silencios, la mendacidad y la información
tendenciosa se planean desde ámbitos mucho
más reservados, es claro que el viento de la
historia no se ha llevado todos los usos y costumbres
de la prensa carroñera que colisiona con una
mínima deontología profesional. La comedia,
por tanto, “se entiende” a la perfección
y las carcajadas del respetable caen como rayos justicieros
sobre la última imagen que cualquiera puede
evocar de unas cámaras de televisión
y blocs de notas a la caza del morbo que mejor vende.
Sergi Belbel ha respetado el carácter histórico
de la pieza y los tipos, la indumentaria y el mobiliario
resultan muy acordes con la imaginería que
conservamos de una América que caminaba hacia
la gran depresión. En este sentido, merece
un sobresaliente el retrato de cada personaje, la
caricatura individualizada de cuantos intervienen
en el extensísimo reparto: 21 intérpretes.
El tono de los diálogos y el movimiento escénico
no merecen, a mi entender, un juicio parecido. Dentro
de estos capítulos, todo es muy irregular y,
en general, se advierte una fascinación por
el barullo y la comicidad químicamente pura
que, en no pocos momentos, sitúan la sátira
al nivel de la estricta payasada. “Tothom dins
la sala de premsa!”, clama en los papeles un
bullicioso Sergi Belbel. La invitación se traduce
en lo que, escenográficamente, diría
que es un solemne error, no tanto por el campo de
Agramante situado en medio de los espectadores, sino
por llenar el hueco del escenario convencional inexistente
con la mampostería neoclásica de todo
el local. Sobre esa tan serena, tan asténica
arquitectura, los avisos, los carteles y la mugre
que tratan de ambientar el cuartel general de los
periodistas, son pegotes sencillamente inútiles.
Y es sólo un detalle del divorcio flagrante
que se da, en general, entre la acción y su
envoltorio. La interpretación me parece tributaria
de aquel “retrato” individual de cada
personaje. Es decir: la mejor interpretación
se corresponde con la mejor caricatura. Personalmente
me quedo con la del sheriff Hartman, un Lluís
Soler formidable; la del alcalde Quimet Pla, deliciosamente
gangsteril; la de la fantástica dama atribulada
de Àngels Poch; la de la prostituta Mollie
(Francesca Piñón); la de los periodistas
Jordi Banacolocha y Jordi Martínez... Demasiado
correoso Jordi Boixaderas, demasiado perverso Jordi
Bosch. Con todas las reservas que se quiera, hay que
decir que esa juerga con la canallesca más
canallesca, y pese a sus impregnaciones vodevilescas
tópicas, funciona a la perfección. Y
funcionará, lo cual, a fin de cuentas, parece
ser el objetivo primero de nuestro primer teatro público.
Fuente
- La Vanguardia
Noviembre - 2003
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