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Les Luthiers
“Nuestros espectáculos serán eternos
el día que reluzcan nuestros cráneos”
Liz PERALES
| Dos años han
tardado estos virtuosos músicos y humoristas
en volver a Madrid, donde cuentan con un ejército
de aficionados que ha agotado hace meses las entradas.
Actúan a partir del 4 de noviembre en el
Palacio de Congresos con su espectáculo
Todo por que rías, y sirva de consuelo
a los que se quedan sin verlo que volverán
del 6 de enero al 1 de febrero. Jorge Maronna
y Daniel Rabinovich, dos de los cinco luthiers,
hablan de su éxito con El Cultural. |

Les Luthiers |
–En el último espectáculo que
presentaron en Madrid, Bromuro de Armonio, la novedad
era el humor político. ¿Qué hay
de nuevo en Todo por que rías?
–Daniel Rabinovich: Bromato de Armonio... Pues
bien, es todo nuevo. Todas las canciones y los números
son nuevos. El espectáculo transcurre con dos
columnas vertebrales, que son Radio Tertulia y las
tres serenatas. Ambos se dan en tres veces, a lo largo
del programa.
–Jorge Maronna: A pesar de que en una de sus
obras, Loas al Cuarto de Baño, aparecen instrumentos
fabricados con artefactos sanitarios, no crea usted
que nuestra novedad es ahora el humor escatológico.
–El espectáculo se estrenó en
Buenos Aires en 1999, cuando todavía la crisis
no había estallado.
–D.R: Disculpe, Señora periodista...
en Argentina la crisis no tiene comienzo y mucho menos
fin.
–Saben que a partir de la crisis nunca hubo
tantos artistas argentinos en Madrid. ¿Creen
que la estrechez aviva el ingenio?
–D. R: No, no lo creo. En las épocas
más difíciles a veces se hace necesario
buscar comida más que ideas. No hay nada mejor
que la paz y la prosperidad para que una sociedad
sea creativa. Nos alegramos mucho de poder trabajar
en España y que muchos buenos colegas lo hagan.
Estamos agradecidos.
–En 30 años de convivencia de Les Luthiers
no se conoce ni una desavenencia ni una separación,
¿Cuál es la clave?
–D R:La buena voluntad, la tolerancia, la amistad
sobre todas las cosas. Y que nadie diga lo contrario
porque lo peleo.
–J. M: Es simple: entre nosotros, ni un Si ni
un Do. Y la clave es la de Sol.
–¿Qué es lo que peor soportan
de sus colegas que por fin se atreven a desvelar?
–D. R: Jamás lo diría en público.
Disfruto de ellos. Ellos sí que me tienen que
soportar a mí. Y no es fácil, soy terrible.
–J. M: Que sean cuatro señores mayores,
en lugar de unas preciosas modelos internacionales.
–¿Por qué en Les Luthiers no
hay director?
–D. R: Somos un grupo de autogestión...
(hermosa palabra que no sé lo que quiere decir.
Somos cinco directores.
–J. M: Los hay, y en cantidad: somos cinco directores.
A veces estamos en ese rol los cinco simultáneamente,
y en otros momentos toma las riendas alguno de los
cinco.
–De los más de 500 personajes que han
inventado, el más famoso es Mastropiero. ¿Cómo
entraron en contacto con él?
–D. R: Me lo presentó una ex-amante de
él, que se transformó con el tiempo
en ex-amante mía y de alguno de mis compañeros,
creo que de cuatro de ellos.
–J. M: Hicimos un casting de músicos
inescrupulosos. Mastropiero se presentó y salió
primero. Bueno, en realidad nos ofreció dinero
para que lo eligiéramos.
–¿Han tenido alguna noticia suya?
–D. R: Es muy parco... (otra hermosa palabra
que...).
–J. M: Suponemos que anda por el mundo haciendo
de las suyas, o más probablemente tratando
de hacer suyas las ajenas.
–¿Cómo es el proceso de creación
que sigue el grupo: se encierran juntos, cada uno
trabaja por su cuenta, se reúnen disciplinadamente...?
–D. R: Sí.
–Cuando lucían melenas, sus espectáculos
duraban un año, luego los giraban dos. Más
tarde, con el cabello cano o recortado, tres años
y ahora cuatro. ¿Qué relación
hay entre la duración de sus espectáculos
y el decrecimiento de sus cabellos?
–D. R: Sansón y Dalila, ¿la conoce?
–J. M: Nuestros espectáculos durarán
eternamente el día en que reluzcan nuestros
cráneos.
–Muchos de los luthiers han seguido estudios
técnicos (Arquitectura, Ingeniería,
Química...) ¿Han consegudo descubier
la ecuación que despeje la gran incógnita
del Humor?
–D. R: Mis compañeros sí lo han
hecho. Yo soy egresado (liceciado) de la Facultad
de Derecho, de manera que de ciencias, poco.
–J. M: Al menos para nosotros, el humor es siempre
una incógnita. Si no, no haríamos tantas
versiones de cada pieza antes de estrenar nuestros
espectáculos.
–Se dice que no les gusta salir en televisión.
¿Por qué?
–D.R: Nos gusta entrar solamente. Y salir con
chicas.
–J.M: Se dicen tantas cosas...
–¿Otras contraindicaciones o alergias?
–D.R: De todo tipo, por supuesto. Pero no las
ejercemos entre nosotros.
–Si en España hay más Marías
y Garcías que en ningún otro sitio,
¿por qué esa insistencia con Noruega?
–D.R:¿Ha revisado la señora periodista
el directorio telefónico de Noruega? Algunos
García hay, créame.
–¿Como andan de vanidad con el éxito
que tienen?
–D. R: Felices. Es uno de los secretos de nuestra
buena convivencia. No podríamos defraudar a
tanta gente. No sería justo.
–J. M: Nos enorgullece que Les Luthiers tenga
un éxito tan grande. Pero no olvidamos cuando,
a la puerta del café-concert donde actuábamos
en nuestros comienzos, rogábamos que algún
transeúnte entrara a vernos. O cuando, en las
primeras funciones en Madrid y Barcelona, éramos
felices si venían a vernos cincuenta personas.
Sic transit gloria mundi (“El tránsito,
en el mundo, es una gloria”).
–¿Cuál es la canción de
la que más contentos se sienten?
–D.R: Imagine, de John Lennon.
– ¿Y el instrumento?
–D. R: El bass-pipe a vara.
–J. M: La Ferrocalíope, esa espectacular
mezcla de órgano con locomotora a vapor.
–Cuando actúan tienen un termómetro
que mida las risas del público y les indique
cómo seguir.
–D. R: Sí, pero no se lo cuente usted
a nadie, por favor.
–J. M: Cuando estrenamos cada pieza la grabamos
para tener una idea precisa de dónde y cuánto
se ríe el público. Eso, en el caso de
que se ría, lo que algunas veces no ocurre.
Y, durante las representaciones, uno está permanentemente
atento a las reacciones de los espectadores. En especial
si arrojan objetos al escenario.
–¿Les ha ocurrido alguna vez que el
público no haya reído sus gracias?
–D. R: Sí, claro, algunas veces. Por
suerte muy pocas.
–J. M: En algunos estrenos comprobamos con desazón
que con el humor nunca se sabe: siempre hay un gran
margen de error.
–¿Piensan en jubilarse?
–D. R: Sí, dentro de cuarenta y cinco
años. Ya va a ser tiempo.
–J. M: Sí, cuando cumplamos la edad correspondiente.
¿Cuál es la edad de jubilación
de un músico-humorista en España?
Fuente:
El Cultural
Noviembre - 2003
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