Marta
Carrasco y el revés de las cosas
La coreógrafa estrena en la Cuarta
Pared de Madrid Eso sí que no
Nuria CUADRADO
Marta Carrasco es una de las figuras ascendentes
de la escena catalana. Sus creaciones, a caballo
entre la danza y el teatro, recrean un universo
muy personal de tintes oníricos, de un
aparente desorden y trazado con humor. La coreógrafa
estrena el 5 de noviembre, en la Cuarta Pared
de Madrid, Eso sí que no, su último
trabajo inspirado en textos de Cioran y Dostoievski
y música de Verdi y Schubert, pero también
de Brel, Tom Waits y Albert Pla. |
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Una acróbata. Pero no de la pirueta superflua,
sino de los mundos complicados. De esos que bordean
la locura, se pasean por el vacío de la existencia
y rozan la desesperación. Marta Carrasco sabe
cómo bailar en ese territorio de desequilibrios.
Dio pruebas en Aiguardent (Aguardiente); y lo volvió
a demostrar en Blanc d'ombra. Recordant Camille Claudel
(Blanco de sombra. Recordando a Camille Claudel) y
Mira'm. Ahora lo intenta de nuevo en Això sí
que no (Eso sí que no), título rotundo
y contradictorio, tanto como intentar casar sobre
un escenario los aforismos de Emile Cioran y El sueño
de un hombre ridículo de Feodor Dostoievski,
la música de Jacques Brel y la ingenuidad de
Blancanieves, la solidez de la palabra con la fuerza
del movimiento, del gesto, del flamenco y de la danza
contemporánea.
Atracción por la locura
¿Qué tienen en común Cioran,
Dostoievski y el flamenco? “El desgarro”,
responde Marta Carrasco. El mismo que suena en Jacques
Brel, Tom Waits o La Traviata, músicas que
baila en Això sí que no; el mismo que
habita en el complicado mundo de la locura que suele
transitar siempre por sus espectáculos. “Me
atrae, no lo puedo evitar. Porque todavía no
se ha dicho todo sobre ella; porque dudo entre lo
que es cuerdo y lo que es loco, entre lo que es normal
y lo que es anormal”, reconoce Marta Carrasco.
“La de la locura es una cuerda floja que me
fascina, porque tiene que ver conmigo; porque tengo
un lado oscuro y extraño, aunque también
el otro”. El de la risa, y es que para sobrevivir
al nihilismo de Emile Cioran, Marta Carrasco apuesta
por el humor. “Me interesa un pesimismo tan
radical como el de Cioran, un hombre capaz de decir
que lo peor que nos puede pasar es haber nacido. Pero
para soportarlo necesito la risa, necesito reírme
para sobrevivir”. Este es el talante con el
que la coreógrafa catalana se enfrentó
a Això sí que no, un espectáculo
que verá la luz gracias a su empeño
y a su tozudez.
El Grec la dejó en la estacada
Marta Carrasco había comprometido un espectáculo,
La mel (La miel), para el Grec'2003; pero, explica
la coreógrafa, el festival la dejó en
la estacada: “Primero me desmoroné, después
decidí que a mí no me hunde nadie”.
Y, en un par de meses, se inventó este Això
sí que no –estrenado la pasada semana
en el Festival Temporada Alta de Gerona, quien lo
ha coproducido junto con el Festival de Otoño
de Madrid– que nace del espíritu flamenco
de una de sus bailarinas, Fuensanta Morales, del monólogo
El sueño de un hombre ridículo, de Dostoievski,
que desde hace meses pasea el actor Ricardo Moya,
y de Jacques Brel: “Mi talismán”.
“Con Cioran y con Dostoievski era fácil
que el espectáculo cayera en la pedantería,
en el aburrimiento. Para evitarlo decidí mezclar
estilos: decir a Cioran con palabras, pero también
con acciones y con imágenes”. Los anteriores
espectáculos de esta coreógrafa que
empezó como bailarina en las compañías
de Angels Margarit y Ramon Oller ya desbordaban imágenes,
ya estaban llenos de acción apasionada; en
cambio, lo de la palabra es nuevo para ella. “Siempre
había pensado que la libertad que me daban
las imágenes me la negaba la palabra. Creía
que el texto me limitaba y por eso siempre era una
molestia”, recuerda Carrasco,“pero un
día decidí que el problema no estaba
en el texto sino que estaba en mí”. Así
que, como casi siempre ha hecho esta mujer, decidió
lanzarse a la piscina.
Pese a que el trabajo de Carrasco ha sido reconocido
con el aplauso del público, varios Premios
Max y giras internacionales que reclaman su primer
montaje Aiguardent (1995), no todos están de
acuerdo con su manera de entender el baile.
“Dicen que no bailo”
“Ni yo misma sé muchas veces cómo
definir lo que hago sobre un escenario”, reconoce
Carrasco que, amante de las fronteras complicadas
–locura/cordura–, cruza con insistencia
la que separa la danza del teatro: “Sé
que hay gente que dice que yo no bailo”. Pero
es que ella sólo entiende la danza “si
tiene algo que decir, si me emociona, si es esencial;
no me sirve la danza como adorno, la danza gratuita.
Entonces me aburre como espectadora, como bailarina
y como coreógrafa”. Y concluye: “Prefiero
ir al circo que a ver según qué espectáculo
de danza”.
Y en esa manera de entender la danza de Marta Carrasco
cabe el flamenco de Fuensanta Morales, el baile de
Neus Suñé, el movimiento imperfecto
del actor Xavi Sáez y El hombre ridículo
de Ricardo Moya, hilo conductor del espectáculo,
un actor que “parece salido de las películas
de David Lynch; un actor vivido, que parece eterno”.
Això sí que no también estará
transitado por la propia Marta que, si se quedó
fuera en Mira'm, ha decidido que esta vez también
bailará. “Es difícil estar dentro
y fuera”, defiende; así que buscó
consejo en el director de teatro Fernando Bernués
(Tantaka Teatro), “una mirada sabia y respetuosa”.
Como la que muchas veces le toca pasear a Carrasco
cuando algún director de escena le pide colaboración
como asesora de movimiento. “Es un trabajo que
me gusta y que, a la vez, odio, porque nunca sabes
con qué te vas a encontrar. Muchas veces tienes
que hacer entender a los actores que tu trabajo es
importante; darle tiempo al director para que sepa
exactamente qué quiere de ti”. Tampoco
se le escapa la razón de tales problemas: “En
España no hay tradición como ocurre
en otros países; aquí sólo lo
entiende la generación más joven, la
de Julio Manrique, la de Álex Rigola”.
También los responsables de los proyectos que
aguardan a la coreógrafa en los próximos
meses: la ópera Gaudí, de Joan Guinjoan,
en el Liceo bajo dirección de Manuel Huerga;
y la versión teatral de una de las películas
españolas de mayor éxito, El otro lado
de la cama, de Martínez Lázaro.
Con estudios de piano, canto, danza clásica,
contemporánea y jazz realizados en París
y Nueva York, Marta Carrasco ha bailado en compañías
como Metros o Mudances. Pero es con Aiguardent y Blanc
d’ombra, solos que ella interpreta, que se gana
el reconocimiento del público y se multiplican
sus colaboraciones: la película Viaje a la
luna, de Amat, las coreografías del musical
A Little Night Music, de Gas, u obras como Ronda de
mort a Sirera, de Salvat.
Fuente:
El Cultural
Noviembre - 2003
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