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Cuba detrás
del telón
FLORA DIAZ PARRADO: VANGUARDIA DEL SUBCONSCIENTE
por Matías Montes Huidobro
Cuando Carlos Felipe escribe en 1939 Esta noche en
el bosque se inicia el teatro moderno en Cuba, un
nuevo período en nuestra dramaturgia que señala
otras búsquedas y una forma de ver el teatro
que ya no va a corresponder a la mimesis realista
de la dramaturgia anterior. Ciertamente hasta le propio
José Antonio Ramos apuntaba hacia nuevas direcciones,
pero se puede decir que serán Carlos Felipe
y Virgilio Piñera, quienes van dictando nuevas
pautas, particularmente cuando Felipe nacionaliza
el teatro dentro del teatro con El Chino (1947) y
Piñera toma la tragedia griega y la nacionaliza
mediante un contrapunto entre el matriarcado y el
machismo en Electra Garrigó (1948). Durante
la década del cincuenta este movimiento se
amplía con la aparición de un nutrido
grupo de dramaturgos que se alejan del nacionalismo
tradicionalmente entendido e insisten en la experimentación,
como reflejo en parte de una influencia activa por
grupos teatrales más al día en cuanto
al teatro en el mundo. Esto se hace todavía
en medio de graves dificultades, porque el género
dramático sigue siendo la última carta
de la baraja en el panorama cultural republicano,
y los dramaturgos la última carta dentro de
la última carta, como demuestran las dificultades
que tuvieron Felipe y Piñera para que sus obras
se llevaran a escena.
Entre estas marginaciones, sobresale la de Flora
Díaz Parrado, una dramaturga poco conocida,
a la que he podido llegar gracias al encuentro casi
fortuito con dos libros en los cuales recogió
sus obras, aunque desconozco si escribió algunas
otras. En 1941 se publica El velorio de Pura y en
1944 aparecen reunidas en Teatro. Ese mismo año
Rubén Vigón estrena Noche de esperanzas,
que según la información que tengo es
la única obra suya que ha sido llevada a escena.
No es de extrañar los defectos que se pueden
encontrar en sus textos, con elementos incoherentes,
repeticiones y un lenguaje algunas veces poco trabajado.
Sin embargo, detrás de ellos se percibe la
posibilidad de una llamativa puesta en escena. Más
allá de sus limitaciones, sobresalen las obras
por un afán innovador y un deseo de romper
con lo convencional. El lenguaje como incomprensión,
como deseo de comunicar lo incomunicable, es lo que
la convierte en una precursora del teatro moderno
en Cuba, además de resonancias múltiples
que hay en ellas, donde ya podemos descubrir elementos
del teatro de la crueldad que harán su entrada
oficial en Cuba con la puesta en escena de Las criadas
de Genet en 1954. Su obra cae en lo que se ha dado
en llamar postmodernidad.
La misma consiste, básicamente, en que su
teatro (en particular El remordimiento, El odre y
Drama en un acto) resulta un viaje al mundo de los
sueños y lo irracional. Me recuerda en nuestra
escena al caso de Enrique Labrador Ruiz en la narrativa,
particularmente en textos como Trailer de sueños.
La interpretación de las piezas es también
un juego intelectual que se queda en lo hipotético.
En esto radica su modernidad ya que su concepción
del mundo poco tiene que ver con el teatro que se
estaba haciendo en Cuba antes de los años cuarenta.
Inclusive en piezas como El velorio de Pura, busca
correspondencias simbólicas entre colores y
sonidos, de movimiento. La expresividad de los componentes
visuales es más importante que el contrapunto
textual y esto la distingue de la dramaturgia tradicional
y la coloca en planos de experimentación y
vanguardia, que no corresponden a las propuestas nacionalistas
anteriores a ella. Aunque la nota es costumbrista,
el tratamiento no lo es, acercándose a la distorsión
expresionista, lo que le da un carácter irreal
a El velorio de Pura, que anticipa dos vertientes
de nuestra dramaturgia y nuestra literatura en general.
Vanguardia, surrealismo, simbolismo, costumbrismo,
expresionismo, evasión, subjetivismo, sicologismo,
meta-teatralidad, absurdismo, componentes todos ellos
del teatro moderno, están presentes en estas
obras, a lo que hay que agregar ritmo, música
y coreografía afrocubanas.
El teatro cubano no cuenta con un nutrido grupo
de dramaturgas, a pesar de Gertrudis Gómez
de Avellaneda, especialmente buenas dramaturgas que
se alejen del melodrama o la comedia de costumbres,
y es por esa razón que hemos seleccionado a
Flora Díaz Parrado como punto de partida para
ilustrar el teatro de experimentación y vanguardia
que se inicia en Cuba en los años cuarenta.
Imperfecta, audaz y original sus textos sobresalen
por su recorrido por niveles sicológicos, sin
contar que es ella la fundadora del teatro afro-cubano
en Cuba con Juana Revolico (1944), muy superior al
Agulló-Solá, ondocó (1941) de
Paco Alfonso y Tambores (1943) de Carlos Felipe. La
autenticidad negra de esta obra, libre de trucos y
golpes de efecto, no ha sido superada por el teatro
cubano ulterior y el hecho de que no haya sido estrenada
no puede ir en detrimento de los logros de esta dramaturga,
a la cual no podemos hacer responsable de la miopía,
desinterés e incompetencia de los encargados
de promover el teatro cubano. No es una obra “mulata”
a lo casi blanca de Cecilia Valdés y sus variantes
neutralizadoras que esconden matices de racismo. Aunque
la dramaturgia cubana cuenta con otras piezas de peso
sobre lo afrocubano, encabezadas por el Réquiem
por Yarini de Felipe, no es un texto estrictamente
llamativo y estilizado a lo Medea en el espejo de
Triana; ni tiene la espectacularidad pasional y operática
de la Maria Antonia de Eugenio Hernández, ni
la mitificación freudiana de mi obra La navaja
de Olofé, y nada tiene que ver, naturalmente,
con la conversión marxista politizada del afrocubanismo
de Santa Camila de La Habana Vieja de Brene. Es una
obra medularmente realista, documental y documentada,
que nos mete de lleno en los niveles más turbios
y violentos de las pasiones humanas, de una forma
estrictamente naturalistas, directa, ahondando en
los aspectos más oscuros de la conducta, sin
embellecerlos. Al contrario, los presenta en toda
su sordidez y acaba por crear una heroína única.
Drama en un acto, por contraste, la presenta en
otros términos, más subjetivos y enigmáticos,
pero no menos cargados de violencia. Su teatro nos
lleva a una duermevela del subconsciente y del instinto,
donde el mundo en que vivimos y el del más
allá se entremezclan entre el comentario irónico
y el poético, anticipando nuevas direcciones
en la escena cubana. Crea su propio mundo en una especie
de limbo entre los vivos y los muertos. El análisis
de la culpabilidad, que tanto va a caracterizar a
la dramaturgia cubana del siglo XX, va a encontrar
en Drama un en acto, un excelente exponente, creando
un desasosiego interno en sus personajes, colocándolos
en el banquillo de los acusados, lugar donde hemos
estado viviendo los cubanos por mucho tiempo.
Precisamente a consecuencia del desconocimiento
de Flora Díaz Parrado, me pareció más
que pertinente enfocar la atención en su obra
dentro del Ciclo Cuba Detrás del Telón
como figura representativa de la década de
los cuarenta y de los muchos avatares que ha sufrido
nuestra dramaturgia.
Cuba detrás del telón.
Ciclo de conferencias sobre la dinámica de
la dramaturgia cubana en la República (1902-1958),
por Matías Montes Huidobro.
l. “Del nacionalismo a la vanguardia”.
Lectura dramatizada: La sombra de Ramón Sánchez
Varona. Noviembre 5, miércoles, a las 6 y 30.
2. “Toma de conciencia del teatro
nacional: José Antonio Ramos”. Lectura
dramatizada: escenas de Tembladera de Ramos. Noviembre
12, miércoles, a las 6 y 30.
3. “Experimentación y
subconsciente”. Lectura dramatizada: Drama en
un acto de Flora Díaz Parrado. Noviembre 19,
miércoles, a las 6 y 30.
4. “El principio de la crueldad”.
Lectura dramatizada: Falsa alarma de Virgilio Piñera.
Noviembre 26. miércoles, a las 6 y 30.
Con la cooperación de Julie
de Grandy, Eliana Iviricú, Sandra García,
Germán Barrios, Orlando Varona, Orlando Rossardi,
Ramón González Cueva, Dexter Capiro,
y otros intérpretes, a cuyo cargo estará
la lectura dramatizada de textos.
Sede: Centro Cultural Español. 800 Douglas
Rd.. Ste. 170, (esquina a la calle 8), Coral Gables,
FL 33134. Tel: (305) 448-9677. Entrada gratis
Noviembre
- 2003
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