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Una perla en el Miami City
Ballet
Especial/El Nuevo Herald
ORLANDO TAQUECHEL
Los conocedores sostienen que la perla es la gema
más antigua conocida y que la delicadeza de
su brillo no es igualada por ninguna otra joya en
el mundo. El nacimiento de una perla natural es un
suceso maravilloso porque es creada por un organismo
vivo en las profundidades del mar y no necesita tratamiento
adicional para revelar su encanto. Por eso es posible
afirmar que uno de los secretos más preciados
de la naturaleza es la manera en que nacen las perlas.
Este fin de semana, el Miami City Ballet estrenó
Ballo della Regina (El Baile de la Reina) en el teatro
Jackie Gleason de Miami Beach, una coreografía
de Balanchine que tiene como referencia la historia
de un pescador en la búsqueda de la perla perfecta.
Esta obra --creada originalmente en 1978 para Merrill
Ashley, primera figura del New York City Ballet--
abrió el Programa II de la temporada 2003-2004
del grupo que dirige Edward Villella.
Aún cuando no hay secreto alguno en la manera
en que una bailarina trabaja día a día
para poder revelar todo su encanto en escena, el suceso
es igualmente maravilloso e igualmente apreciado en
el mundo de la danza académica. En este caso,
la propia Ashley vino a Miami para trabajar Ballo
della Regina hasta convertirlo en un vehículo
estelar para Mary Carmen Catoya y el resultado es
todo un éxito.
Ballo della Regina es un ejercicio elegante donde
cada paso y cada movimiento armoniza con la música
de Verdi --tomada de la ópera Don Carlos, escrita
en 1867-- con la elocuencia fascinante que sólo
se consigue cuando un coreógrafo tiene dominio
absoluto del lenguaje. De las variaciones de Ballo
della Regina se ha dicho que son comparables en su
virtuosismo al estilo bel canto de la ópera.
Una pareja protagónica, cuatro solistas femeninas
y un cuerpo de baile de doce bailarinas deben bailar
Ballo della Regina haciendo parecer como algo fácil
lo que es en realidad una carrera de obstáculos
con exigencias técnicas a diestra y siniestra.
El elenco magnífico de la noche del viernes
incluyó al siempre excelente Mikhail Ilyin
y a la precisa Joan Latham, pero Ballo della Regina
--y la noche-- perteneció por entero a Mary
Carmen Catoya.
Hace apenas cuatro semanas, la Catoya ofreció
un Sylvia pas de deux impecable y ahora reafirma su
categoría con un tour de force casi irreal
en su ligereza, seguridad y limpieza. Sin duda alguna,
estas dos actuaciones definen a Mary Carmen Catoya
como la perla perfecta del Miami City Ballet. Si estos
logros imponentes constituyen un indicio de lo que
será su tan esperada Giselle en febrero del
2004, el público de Miami ya debe empezar a
prepararse para un acontecimiento histórico.
La segunda coreografía de Balanchine estrenada
este fin de semana --Stravinsky Violin Concerto--
es también un trabajo muy bien concebido. La
música de Stravinsky no tiene la inmediatez
comunicativa de Verdi y sin embargo, el montaje --a
cargo de Bart Cook y María Calegari-- está
lleno de soluciones que capturan la atención
del espectador. El trabajo con el cuerpo de baile
es nada despreciable pero lo mejor de esta obra son
sus dos pas de deux concebidos como filigranas vivas.
El primer pas de deux es el mejor y Deanna Seay y
Kenta Shimizu lo ejecutan con gran desenvoltura. En
el segundo, Jennifer Kronenberg y Carlos Guerra proyectaron
una emotiva vulnerabilidad que enriqueció el
significado de los momentos climáticos.
Después de un segundo intermedio, Stars and
Stripes --también de Balanchine y con música
de John Philip Sousa-- hizo que el público
regresara sin esfuerzo alguno a territorio ya conocido
y se entregara con entusiasmo al disfrute de un final
espectacular a cargo de toda la compañía.
Luis Serrano y Katia Carranza estuvieron muy bien
como la pareja solista, pero esta vez se destacaron
de manera especial Joan Latham y el cuerpo de baile
masculino --liderado por Renato Penteado.
Este programa dedicado a Balanchine en celebración
del centenario de su nacimiento queda como una muestra
más del nivel de excelencia alcanzado por el
Miami City Ballet. Definitivamente, Ballo della Regina
y Stravinsky Violin Concerto son dos buenas adiciones
al repertorio.
Fuente:
El Nuevo Herald
Noviembre - 2003
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