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El futuro como amenaza
María Ana Rago
Absurdo, humor y oscuros presagios
en Grasa, la nueva creación escénica
de José María Muscari.
| La recepción es original.
Una mujer boliviana convida jugo o vino y chipá
a la gente que va llegando. El público
se sienta en mesas dispuestas como en un bar y
conversa en la penumbra del lugar, a la espera
del comienzo de la función de Grasa, de
José María Muscari —en el
Abasto Social Club, nuevo espacio teatral—.
Luego ingresa a la sala y durante cuarenta y cinco
minutos deviene en espectador de una puesta interesante,
que sólo se puede disfrutar libre de todo
preconcepto. La actitud desprejuiciada es necesaria
para aceptar que un chico de doce años
sea seducido por una mujer veinteañera
que asegura esperar un hijo de él, o que
se hagan bromas sobre la ceguera de uno de los
personajes, entre otras referencias que pueden
molestar al espectador desprevenido. La sala es
muy reducida —la capacidad máxima
es de 30 personas—. El sonido electrónico
y las canciones en vivo que se alternan con los
parlamentos se sienten muy próximos. |
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Los personajes están en conflicto con la sociedad
en la que viven y perciben el riesgo. Lucen un aspecto
particular, están vestidos de negro y tienen
algunas uñas pintadas con esmalte oscuro. El
estilo posmoderno de todos ellos los uniforma y acentúa
el género de la obra: la ciencia ficción.
Los nombres y la caracterización de estas criaturas
(Klaus, Zurita, Ambasador, Triya, Ediño, Azur,
Suña y Egie), están en función
de una obra futurista. Un pez, llamado Alf, está
al cuidado de Azur y reproduce en su pecera el encierro
de los humanos. Y por qué no, los observa,
como el Axolotl de Cortázar.
Los personajes —interpretados por Leonardo
Saggese, Natalia Giardinieri, Fernando Sayago, Florencia
Sacchi, Javier Pomposiello, Juan Manuel Méndez,
Paola Barrientos, Natalia Segre y Vanesa Maja—
se encuentran en una suerte de refugio, y actores
y público comparten la sensación opresiva.
El planteo argumental es disparatado: la identidad
cultural de los argentinos se ve amenazada por la
invasión boliviana. Grasa muestra una Argentina
del futuro, en la que un grupo de sobrevivientes resiste
contra la nueva raza que habita la Tierra. Responde
a los códigos de la dramaturgia posmoderna
y se reconocen sus procedimientos. En lo temático,
el problema de la incomunicación. En los recursos,
el humor absurdo, una de las marcas de este espectáculo
de estética no realista, en el que dos generaciones
conviven, la de jóvenes-adultos y la de un
niño.
Muscari presenta una obra alternativa, ganadora del
subsidio a la creación artística de
la Fundación Antorchas. Se trata de una apuesta
no convencional, que tiene como mérito principal
el impacto que genera y la capacidad de despertar
asombro.
La propuesta es polisémica, dispara múltiples
asociaciones y sugiere una mirada distinta sobre la
globalización. Los jóvenes intentan
preservarse, pero quien auténticamente se preserva
es el niño. Aunque su rol es cuestionable,
se vuelve necesario, representa la posibilidad de
liberación, porque su inocencia lo hace libre;
logra salir del encierro del que los demás
no se animan a escapar, por eso, al tratar de preservarse
se condenan a la soledad.
Quizás sea demasiado breve. A la corta duración
se suman unos cuantos momentos musicales que quitan
tiempo al desarrollo de la historia; no están
de más, pero restan en el conjunto.
Fuente:
Clarin.com
Noviembre - 2003
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