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Conjuntos analógicos
y conjuntos complementarios
Una teoría para el Teatro Subjuntivo
Augusto Boal
La naturaleza jamás produce dos seres idénticos:
ni dos granos de arena, ni los pelos de mi barba,
ni gemelos univitelinos, ni impresiones digitales,
ni árboles de la floresta, ni retoños
y hojas, ni las estrías de esas hojas... nada
es absolutamente idéntico a nada. Todas las
cosas inanimadas y todos los seres vivos son siempre
únicos, irrepetibles, incluso si hubieran sido
clonados.
Para seres semovientes, humanos o animales, con un
mínimo de vida psíquica, sería
imposible vivir dentro de esa infinita diversidad
si no pudiesen organizar y simplificar su percepción
del mundo.
Nos paralizaríamos si tuviéramos que
observar y tener conciencia de todo lo que vemos;
escuchar y tener conciencia de todo lo que oímos;
tocar y tener conciencia de todo lo que sentimos,
olemos y saboreamos -tal es el cúmulo catastrófico
y torrencial de las informaciones recibidas.
Felizmente, la naturaleza permite la creación
de apariencias simples a partir de las realidades
complejas, a través de la construcción
de conjuntos analógicos y de conjuntos complementarios.
Sin embargo, las simplificaciones excluyen las complejidades
sin remedio.
Ningún pez es absolutamente igual a otro,
pero los peces se parecen: he aquí los bancos
de peces. Ninguna rosa es igual a otra, pero las rosas
se parecen, rojas, blancas o amarillas: he aquí
el rosal. Ningún color es homogéneo
en toda la extensión del objeto colorido, pero
se puede hacer abstracción de las diferencias
que, al microscopio, existen, claras y profundas.
Un astronauta dice que la Tierra es azul; nosotros
decimos que la noche es negra, la floresta verde,
y plúmbeo el cielo de lluvia... Sabemos que
no es así.
Por analogía, podemos percibir y formar conjuntos
homogéneos que engloban elementos semejantes,
pero no iguales -unicidades- en un todo mayor, como
el coro de un ballet, la coral de una ópera,
un batallón de soldados o la harina de un mismo
saco.
Podemos percibir también conjuntos heterogéneos,
hechos de elementos complementarios. No existen dos
ríos iguales en su curso, pero por todos corre
agua, en el caudaloso Amazonas o en el riachuelo de
Ipiranga; sus márgenes son diferentes, mas
todas oprimen el agua que corre entre ellas; las piedras,
en el lecho del río, son diferentes en el peso
y en la forma, pero parecidas, igual si son de materias
diferentes, orgánicas o minerales.
Márgenes, aguas, piedras, plantas, flores
y peces forman un conglomerado de cosas inanimadas
y de seres vivos, heterogéneos, pero que pueden
ser percibidos como un conjunto: podemos ver este
río sin detenernos en cada uno de los elementos
únicos que lo componen. Podemos nombrar como
río todos los otros conjuntos que pueden ser
percibidos como semejantes a este. Todos los ríos
tienen la identidad de los ríos y sabemos de
cuál accidente geográfico estamos hablando
cuando mencionamos el Nilo o el "arroyo de la
sierra" de José Martí.1
Podemos percibir la floresta como un conjunto de
árboles semejantes, aunque sabemos que no son
iguales; podemos ver el rebaño como un conjunto
de animales de la misma especie, igual si cada uno
tiene su carácter, su hocico y su hambre; podemos
ver la multitud como un conjunto de seres humanos
-aunque ninguno de ellos sea igual a ninguno de nosotros.
De esa forma, simplificando la naturaleza, podemos
vivir sin sobresaltos: unicidades pueden ser sistematizadas
en conjuntos analógicos de seres y cosas semejantes
o en conjuntos complementarios de cosas y seres diferentes.
En esa simplificación, se pierde la riqueza
de las diferencias y de las identidades únicas
que, por infinita, es inaccesible.
Esa simplificación, obra de nuestro imaginario
y no de la naturaleza que nos ignora, funciona como
coraza que no nos permite el acceso a lo real.2
Para que nos podamos comunicar, esos conjuntos deben
ser nombrados: nombramos montaña a todas las
protuberancias de la tierra que besan el cielo, sabiendo
que ninguna es igual a otra, ninguna nube igual a
otra nube, ningún sueño igual al mío.
Nombramos mar -mar de gente entusiasmada por la ceremonia
de la toma de posesión, mar de flores al viento,
mar de ondas rabiosas- todas aglomeraciones onduladas
de agua, girasoles o personas.
Nombrar significa tentativa de inmovilizar. El nombre
es una fijación, en el tiempo y en el espacio,
de lo que es fluido, de lo que no puede parar ni ser
parado, ni en el espacio, ni en el tiempo.
Todo es tránsito, como yo, cuando me nombran
Augusto Boal. ¿Cuál? ¿Soy quien
era antes de escribir esta última línea
o aquel que todavía no escribió la próxima?
Soy un río de Crátilo:3 en mí,
corren aguas que no corrían y sólo ahora
corren; otras correrán y jamás volverán
río arriba; se esconderán en el mar,
sin mirar atrás.
Nadie me puede ver dos veces como soy, en cada instante
fugaz de mi vida, como fugaces son los instantes y
la vida. Jamás seré el mismo a cada
segundo que me quema. Aquellos que me ven ahora, jamás
serán iguales a sí mismos en dos segundos
sucesivos de la trayectoria de sus caminos.
No soy: estoy siendo, caminante, soy devenir. No
estoy: vengo y voy. Temo: ¿para dónde?
¡Escojo, si puedo; sigo, si es necesario!
Las palabras -los nombres- son indispensables para
que sea posible el cambio, el diálogo, no obstante
son significantes reductores de significados: designan
conjuntos pero excluyen las unicidades, que son la
única realidad objetiva. Los negros y los blancos,
los hombres y las mujeres, el proletariado y el campesinado...
nada de eso existe. Son pero no existen. Existe este
negro y aquella mujer, este blanco y aquel hombre,
esta campesina y aquel operario y, así, en
tránsito, en devenir, en tornarse, en llegar
a ser y en dejar de ser.
Las palabras, cuando son pronunciadas por el emisor,
son significantes con significados ricos por la experiencia
de ese emisor, de sus recuerdos e imaginaciones; en
el tránsito, esos significantes cambian sus
significados, como el camión que, de una ciudad
a otra, cambia su carga: al llegar al receptor, las
palabras estarán cargadas de las experiencias
de este y no de aquel.4
Para que lleguemos al uno, alguna otra mediación
se torna necesaria para evitarnos las imprecisiones
de darnos el mismo nombre, buey, a todos los bueyes
de la manada, pues ese ganado está compuesto
de unicidades bovinas irrepetibles, no de masa carnicera.
Cada buey tiene su personalidad propia: es uno. La
manada de bueyes es una sinergia. Las palabras son
obra e instrumento de la razón: tenemos que
trascenderlas y buscar formas de comunicación
que no sean apenas racionales, sino también
sensoriales -comunicaciones estéticas. Atención:
esta trascendencia estética de la razón
es la razón del teatro y de todas las artes.
No podemos divorciar razón y sentimiento,
idea y forma. Son sólidos pares, igual que
los cocotazos y las riñas.
El artista es aquel que, como cualquiera de nosotros,
es capaz de ver conjuntos donde las analogías
o complementariedades unifican a desiguales; por eso,
puede vivir en sociedad. Por eso, al no detenerse
ante la visión conjuntiva que usamos para percibir
la realidad, a través de los conjuntos analógicos
o complementarios, o para comunicarnos verbalmente,
el artista avanza, penetra en lo real y revela, en
su hacer y en la obra hecha, percepciones y aspectos
únicos de esa realidad cubierta o blindada:
percibe y revela unicidades escondidas por la simplificación
del lenguaje que las nombra y por los sentidos que
las agrupan, sin percibirlas. El artista penetra en
la unicidad del ser,5 como si buscase su complemento
o su identidad en la alteridad: el uno busca el uno,
se busca a sí mismo en el otro.6
Esa dinámica percepción no se congela
nunca, ni se inmoviliza, aunque se intensifica o disminuye
de intensidad, siempre. Tanto la percepción
del artista al percibir la cosa, como la del espectador
al disfrutarla, o la del amante al amar. Los amores
se conquistan y se pierden, al sabor de la vida...
y del dominio que, sobre ella, podamos alcanzar. Como
el arte, que no es nunca el mismo.
Aunque apenas algunas personas son nombradas con el
adjetivo de artistas, todo ser humano es, sustantivamente,
un artista. Todos poseemos, en mayor o menor grado,
la capacidad de penetrar en unicidades, haciendo arte
o amor. Somos capaces de encontrar el uno. Arte es
amor. La persona amada es el ser único, descubierto
por el amante y sólo por él: cuando
la amamos, la vemos y sentimos como insustituible,
irreproducible. El amor es una experiencia estética,
es obra del imaginario: amar es arte, y arte es amor.
Estos dos procesos -amar y percibir estéticamente
la unicidad de otro ser -vivo o cosa- son absolutamente
idénticos. Aun más: son la misma cosa.7
Al ser idénticos, en el amor como en el arte,
nuestra percepción del otro o de la cosa no
se congela ni se inmoviliza: el amor es flujo de corriente
alterna -como puede ser la electricidad y como son
las mareas, sin la garantía de los ritmos constantes-
nunca igual a sí mismo, siempre al sabor de
una constante variación.
Es verdad que existen amores eternos y obras de arte
perennes, pero ni la persona amada ni la obra admirada,
son admiradas y amadas con la misma intensidad constante.
En el amor y en el arte la única constante
es la inconstancia.
El amor no ofrece ninguna garantía de estabilidad,
como sabemos y tenemos probado. De la misma forma
que debemos cultivar el arte con amor, el cultivo
del amor es un arte.
Para encontrar el acceso a esas realidades últimas
y únicas, existen los artistas, cuyas actividades
estéticas -esto es, sensoriales- sorprenden
las unicidades y permiten conocer la verdadera realidad,
la única. En el arte, como proceso, y en la
obra de arte, como cosa acabada, el ser humano entra
en contacto con lo real.
En este sentido, el arte es una forma especial de
conocimiento, no científica, subjetiva, sensorial;
no es mejor que otras, pero es única. El artista,
en el ejercicio de su arte, viaja más allá
de las apariencias de lo real y penetra en las unicidades
escondidas por los conjuntos;8 en la obra de arte
sintetiza su viaje a la esencia de lo real y crea
un nuevo conjunto, la obra, que revela el uno descubierto
en esa inmersión, que por analogía,
nos remite a nosotros mismos.
Cuando escucho los primeros y severos acordes de la
Quinta Sinfonía, de Beethoven, el aria trémula
Voi che sapete, de Las bodas de Fígaro, de
Mozart o la triste Traviata verdiana, en cada caso
son acordes únicos los que escucho, en la anárquica
infinitud de los sonidos y ruidos que estallan a mi
alrededor. Alguna cosa única, escondida en
algún único lugar de mí, despierta
y vibra, y me hace vibrar, como un todo, como ser
humano: esto es el arte.
Vibramos como artistas al oír acordes únicos,
estructurados de manera única. A través
de la unicidad se llega, por analogía, a un
nuevo conjunto imaginario -el de aquellas personas
que sienten alguna identidad, no racional sino racionalizable
con tales acordes, con la sonrisa de la Gioconda o
con la Venus que, necesariamente, no puede tener brazos.
El yo se transforma en nosotros. En nosotros descubrimos
claramente, aquello que hace el artista. Cuando somos
capaces de decir nosotros descubrimos nuestro verdadero
yo.
Metafóricamente, soy sonidos y formas, sonidos
y colores, soy Wagner y Velázquez... aunque
jamás haya cantado como valquiria, ni haya
pintado borrachos o meninas.
El arte redescubre y reinventa la realidad a partir
de una perspectiva singular del artista, que es único,
como es única su relación con lo real
y su camino de ver, del que nace la obra de arte.
La realidad, tal como es vista por el artista, sólo
puede ser observada a partir de su obra, también
única.9
El científico hace lo mismo, desde una perspectiva
anónima que pertenece a todos, y que no depende
de la individualidad del solitario científico.
El Teorema de Pitágoras revela que, en un triángulo
rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es
siempre igual a la suma de los cuadrados de los catetos,
y eso acontece en cualquier país, a cualquier
hora del día o de la noche, sea quien fuera
el diseñador del triángulo. Newton juró
que la materia atrae a la materia en relación
directa con la masa e inversa al cuadrado de las distancias.
Y eso es verdad en cualquier estación del año,
llueva o haga sol. La ciencia es un arte, pero el
arte no es ciencia. El arte no da cuenta de toda la
realidad verdadera, pero es una verdadera realidad.
En la Educación estética del oprimido,
cuando en cada individuo son activadas las neuronas
de la percepción sensorial -células
del sistema nervioso-, esas neuronas no se llenan
como bytes de un computador, almacenando informaciones.
Ellas no se gastan ni se repletan, ¡"el
saber no ocupa espacio", dice la sabiduría
popular! Al contrario de los bytes, las neuronas estimuladas
se tornan cada vez más capaces de recibir y
trasmitir más mensajes simultáneos,
enriqueciendo sus funciones y estimulando neuronas
vecinas para que entren en acción.
Las sinapsis son los puntos de encuentro entre las
neuritis -prolongaciones, como si fueran brazos suaves
que se abrazan entre sí, y que otras células
también abrazan- de una neurona con las de
otra, o con otras células. Las sinapsis son
superficies por donde circula la información
-la imagen, el sonido, la palabra, el placer y el
dolor, el recuerdo...- a través de procesos
químicos y/o estímulos eléctricos,
o por uno que se transforma en otro. Las sinapsis
se multiplican y se diversifican, en la medida en
que son estimuladas.10
Cuanto más conocemos, más crece nuestra
capacidad de conocer. Cuanto más me pongo a
pintar, más formas invento de cómo usar
los pinceles, como si fuera pintor. Cuanto más
me pongo a cantar, más conozco la extensión
de mi voz, como si fuera cantante. Cuanto más
haga danzar mis palabras, más aprendo a amarlas
como poeta. Haciendo, seré pintor, poeta y
cantor. Soy.
El saber, el conocer y el experimentar expanden mi
capacidad de conocer, saber y aprender. Se expanden
más allá de mi búsqueda y me
hacen encontrar lo que ni siquiera he buscado. "¡No
busco: encuentro!", dice Picasso. Nosotros también,
si nos dedicáramos a examinar lo que vemos,
a oír lo que escuchamos, sentir lo que tocamos,
escribir lo que pensamos.
Si los jóvenes de un reformatorio judicial
disponen de tiempo libre, no pueden estar confinados
sin actividad, bajo pena de ser embalsamados en vida.
Sus neuronas deben ser estimuladas y no puestas a
dormir. Las neuronas no pueden ser encarceladas en
las jaulas de la inactividad. No puede existir, en
ese infernal Nirvana que son las prisiones y los reformatorios,
la hedionda pena de inmovilismo, ausente del Código
Penal y del Estatuto del Niño y del Adolescente.
La vida humana implica actividades incesantes, lo
mismo durante el sueño: ninguno de nosotros
puede parar de respirar, ni nuestro corazón
puede detener sus latidos. La sangre circula en nuestro
cuerpo, día y noche, sin descanso; si por enfermedad,
en alguna arteria o vena deja de circular, sobreviene
la necrosante gangrena.
De la misma forma, no podemos dejar de sentir y de
pensar, igual en el suelo más profundo: ¡la
gangrena es negra! ¡Soñamos y los sueños
nos recuerdan que estamos vivos, igual si estamos
dormidos!
Esas actividades sensoriales y psíquicas exigen
la relación con el mundo exterior. Si el joven
en conflicto con la ley sólo ve ante sí
una pared blanca manchada de sangre, tendrá
las sensaciones de una pared de ese color, de vieja
sangre manchada. Si ninguna actividad o idea inteligente
le es ofrecida, estará condenado al círculo
vicioso de las ideas obsesivas que circulan en sus
cabezas y a su alrededor.
La Educación estética que proponemos,
en el programa del Teatro del Oprimido, sobretodo
en nuestra actual experiencia con el DEGASE11 es esencial,
en la medida que produce una nueva forma de ver la
realidad emocional, sensitiva e intelectual de aquellos
que, en ese proceso, se comprometen.
Esta es la forma más natural de aprendizaje
y la más arcaica, pues el niño aprende
a vivir a través del teatro, jugando, interpretando
personajes. Los juegos teatrales sintetizan las antitéticas
disciplina y libertad -todo juego tiene reglas claras
que deben ser observadas; pero, justamente obedeciendo
reglas, la invención es libre, la creación
necesaria, y la inteligencia puede y debe ser ejercida.
Todo juego es un aprendizaje de vida; todo juego teatral,
un aprendizaje de vida social. Y los juegos del Teatro
del Oprimido, un aprendizaje de ciudadanía.
Como dice un campesino del Movimiento de los Sin
Tierra: "¡El Teatro del Oprimido es maravilloso
porque permite que la gente aprenda todo aquello que
ya sabía!"
Aprende, estéticamente -amplía el acto
de conocer y lanza al conocedor en busca de nuevos
saberes. ¡Aprendemos a aprender!
Los jóvenes en conflicto con la ley, en su
gran mayoría, fueron parte, o fueron usados,
por desgracia, de una forma subordinada y sin ningún
poder de decisión, de uno o de otro comando
del tráfico de drogas y, en algunos casos,
esa utilización continúa en su confinamiento,
separados en las cárceles. Tenemos que comprender
que esos jóvenes vivieron en falsa libertad
dentro del duramente estructurado mundo moral imperativo
del tráfico, que ya cercaba sus posibilidades
de selección y determinaba su futuro.
Su percepción del mundo y de los valores de
ese mundo era intransitiva e incuestionable: todo
era así y así tenía que ser.
Walkie-talkie sin over, sin cambio: ¡en un solo
puño! El joven recibía mensajes e informaciones,
recibía órdenes perentorias y tenía
que obedecerlas -tenía que aceptar la vida
como es: aquella que el tráfico quería
que fuera. Exactamente lo contrario de lo que propone
el Teatro del Oprimido, el conocimiento y la elección.
En el correccional, presidio, reformatorio, o sea
cual fuere su nombre de bautismo, esa visión
del mundo apenas se confirma: en la mayoría
de los casos, allí el joven encuentra la misma
violencia, el mismo autoritarismo, el mismo tono imperativo:
baja la cabeza y recibe los palos.12 Sin embargo,
la función de esas instituciones debería
ser lo opuesto; su vocación es la escuela,
la enseñanza, el aprendizaje. El joven recibió
una pena judicial: fue condenado a la pérdida
de su libertad en el espacio. Aquí, recibe
la pena carcelaria: es condenado a la desestructuración
de su tiempo, en el cual, teóricamente, sería
libre, y que debería ser usado para su crecimiento
intelectual, artístico y humano.
Tenemos que ampliar nuestro método de trabajo,
que ha sido predominantemente teatral: tenemos que
imaginar un proyecto de educación estética
del oprimido que incluya la activación de neuronas
sensoriales a través de la enseñanza
subjuntiva de las artes plásticas -mirar y
ver-, y de la música -oír y escuchar.
El estímulo neuronal que se hace en un área
cerebral es extensivo a todas las áreas circunvecinas,
no se restringe a aquellas directamente activadas:
los acordes de violín desarrollan potencialidades
visuales y no sólo auditivas. Los campeones
de ajedrez estudian música clásica para
imaginar estrategias de juego más creativas.
Las neuronas del cerebro son las más importantes
de todo el sistema nervioso y de todas las células
humanas, según la hipótesis de que,
en ellas, tiene lugar la coexistencia de los sentidos
con la razón, de las sensaciones con el pensamiento,
de lo concreto y lo abstracto: son dialógicas
y dialécticas. ¡Son neuronas estéticas,
en el sentido de que la percepción estética
incorpora la razón y la emoción, y no
sólo las sensaciones!13
De la misma forma que el deporte expande las posibilidades
del cuerpo, el arte expande las del espíritu.
Las bases de este proyecto estético ya están
en el propio arsenal del Teatro del Oprimido -las
técnicas y los juegos de imagen ya son artes
plásticas- falta extrapolarlas para la obra
de arte concreta; las técnicas y los juegos
de ritmos ya son música -falta transformarlos
en canciones y sinfonías; las improvisaciones
ya producen literatura: falta concretizarla en poemas
y narraciones.
Atención: no se trata de enseñar solfeo
y canto orfeónico a los jóvenes, ni
de obligarlos, tiesos como una vela, a cantar la segunda
parte del Himno Nacional, como yo fui martirizado
en mi infancia, sino de desarrollar la musicalidad
que ya poseen. No se trata de organizar un curso suplementario
de arte que venga a remediar carencias de la infancia.
No se trata de enseñar diseño, color
y dibujo para que diseñen estatuas griegas
o modelos desnudos, como en la Facultad, sino de ayudarlos
a ampliar sus propias sensibilidades, sus ya existentes
tendencias y sus embrionarios conocimientos.14
Buscamos lo bello, como cualquier artista. Lo bello
de Hegel: o iluminar la verdad a través de
los medios sensoriales. La verdad que se esconde tras
las apariencias. Buscamos la cultura, no sólo
para comprender y disfrutar la cultura ajena -la erudición,
el conocimiento de otras culturas- sino para desarrollar
nuestra propia cultura. Buscamos lo bello que se esconde
en el corazón de cada ciudadano, pues cada
ciudadano es un artista.
Es importante para todos los jóvenes -en conflicto
con la ley o en saludable convivencia- el conocimiento
de la cultura de otros pueblos y de otras épocas,
o de estructuras artísticas completas y bien
acabadas, incluso muy alejadas de él. Mujeres
y hombres jóvenes de una comunidad pobre que
aprenden a danzar el vals con rigor austriaco o el
minué con elegancia francesa, algo aprenden
y son estéticamente estimulados, aunque la
"nobleza y el equilibrio de los movimientos"15
de esta danza nada tengan que ver con sus vidas cotidianas.
Si, fielmente, escenifican una obra de Molière
o, con la misma fidelidad, tocan un nocturno de Chopin,
está claro que eso sólo podrá
ampliar los horizontes de su percepción; ese
aprendizaje es maravilloso.
Tenemos que comprender, sin embargo, que ninguna
estructura de danza, música o teatro es inocente
o vacía: todas contienen una visión
del mundo que a través de la forma artística,
es asimilada e incorporada por quien las practica.
Los campesinos europeos no danzaban valses ni minués,
que sólo eran compatibles con el ocio de los
ricos. Es excelente que sepamos danzar minués
y valses, y mejor aun que descubramos la danza que
nuestro cuerpo es capaz de crear.16 Si no creamos
nuestra propia cultura seremos obedientes y serviles
a otras culturas. Si creamos la nuestra, las otras
culturas sólo podrán ensanchar nuestro
conocimiento y nuestra sensibilidad.
Todo es una cuestión de equilibrio y de personalidad.
El hecho de ser quien soy -si sé quién
soy- no me impide admirar a los otros, y lo que hacen.
Si no sé quién soy... seré una
copia.
La Educación estética del oprimido es
una propuesta que trata de ayudar a esos jóvenes
-o adultos- a descubrir el arte descubriendo su arte
y, en él, descubriéndose; a descubrir
el mundo descubriendo su mundo y, en él, descubriéndose.
El teatro, usualmente, conjuga la realidad en el
tiempo presente del modo indicativo: "¡Yo
hago!" La televisión, en el modo imperativo:
"¡Haga!" En el Teatro del Oprimido,
la realidad es conjugada en el modo subjuntivo, en
dos tiempos: pretérito imperfecto o pretérito:
"si yo hiciera o hiciese" o futuro: "si
yo hiciere". En el trabajo con los jóvenes,
más que nunca, tenemos que ser subjuntivos.
Todo será "si..."
Subjuntivo: ¡esa es la palabra! El Teatro Subjuntivo
-ya en la propia construcción de los modelos
que prepara el teatro foro (que ya es, por naturaleza,
subjuntivo al proponer alternativas)-17 debe ser acompañado
por el Teatro Legislativo18 para que se extrapolen
en leyes, acciones generales o actos localizados,
las conclusiones y los conocimientos adquiridos durante
el trabajo teatral.
El Teatro Subjuntivo es la extensión -la propia
construcción del modelo- de la duda, de la
comparación, de la pluralidad de posibilidades
de vida y de sociedad, de la variedad de comportamientos
y de caracterizaciones sicológicas.
Es necesario ayudar a los jóvenes a que construyan,
estéticamente, el mundo ético en el
que viven, y a crear imágenes que lo corporifiquen,
para que podamos entenderlo mejor y, después,
dejándolo cuidadosamente de lado, construir
-siempre con esos mismos jóvenes y no en lugar
de ellos- otros mundos éticos subjuntivos:
"... ¿y si?", procurando de igual
modo entenderlos y compararlos con el triste mundo
real donde habitan.
El Teatro Subjuntivo subjuntiviza todo el proceso
teatral y no sólo el foro. Vamos, sí,
a encontrar obstáculos. Uno de ellos -y no
el menor- consiste en el hecho de que es esencial,
para el método del Teatro del Oprimido, la
búsqueda serena, sin prisa y sin atropellos:
para nosotros es importante que cada persona madure
a su propio ritmo, según sus propias posibilidades,
necesidades y deseos. No tenemos una política
de resultados que cuantifique, sistematice y enumere
conquistas y transformaciones personales y sociales.
No tenemos una política de eventos, a no ser
circunstanciales y como apéndices de nuestro
verdadero trabajo.
Por otro lado, es natural que los patrocinadores
de cualquier proyecto cultural quieran ver resultados
a corto plazo, cuantificarlos de forma objetiva, si
fuera posible en números, para avalar mejor
la relación costo-beneficio. Esto ocurre tanto
con el financiamiento gubernamental, como cuando los
proyectos son patrocinados por la iniciativa privada.
En tercer lugar, nuestra indignación con las
precarias condiciones que hemos observado en los reformatorios
nos incita a intentar una acción rápida,
urgente, directa. ¡Queremos cambiarlo todo,
y ya! ¡Una intervención mágica!
Infelizmente, no somos super-hombres ni mujeres-maravilla
capaces de resolver todos los problemas y de aplacar
todas las ansiedades, saciando toda la sed ¡Qué
pena!... Pero podemos intentar o, por lo menos, ir
hasta un poco más allá de nuestro real
poder.
¿No es lo que decimos siempre, que todos nosotros
somos mejores de lo que pensamos? ¿Entonces?
Seamos optimistas.
Traducción del
portugués V.M.T.
Notas
1 "El arroyo de la sierra me complace más
que el mar" ("O riacho de la montanha me
agrada mais que o mar") versos de "La guantanamera",
tomados de los Versos Sencillos, de José Martí,
poeta y revolucionario cubano, Apóstol y Héroe
Nacional.
2 Los conjuntos se refieren apenas
a la percepción sensorial del mundo y se organizan
en estructuras ficcionales, imaginarias, que se constituyen
a través de la intervención de la palabra
y de los símbolos de la palabra gramatical,
como léxico pero, sobre todo, como sintaxis.
Estructuras son conjuntos de conjuntos interrelacionados
por analogía o complementariedad: estructura
moral, política, social, familiar, ritual,
de comportamiento, etc. Las estructuras se sustentan
por las relaciones de poder, que representan, en el
campo humano y animal, el mismo papel de las fuerzas
del universo (gravitacional, electromagnética,
etc.) Todas las relaciones humanas son estructuradas
por las relaciones de poder en sus variadas formas
-políticas, sociales, sicológicas, culturales,
carismáticas, sexuales, etc.- que determinan
valores.
3 Crátilo, discípulo
de Heráclito, filósofo griego presocrático,
de los siglos V-VI A.C., que decía que nadie
puede entrar dos veces en el mismo río porque,
en la segunda, ya serán otras aguas las que
estarán pasando por él y ya no será
el mismo río. Crátilo iba más
lejos que Heráclito, al decir que nadie puede
atravesar el mismo río siquiera una única
vez, porque las aguas están siempre en movimiento:
entonces ¿en qué agua estará
entrando? Yo voy más lejos que Crátilo:
¿quién soy yo, aquel que atraviesa?
4 Los significados de los significantes
(que son las palabras) son menos importantes que el
significado de significar: Cuando significo algo a
alguien, además de los significantes (las palabras)
que pronuncio, uso mi rostro, mi voz, mi cuerpo: este
conjunto de significantes integra mi significar que
no está presente en ninguno de los elementos
que lo componen -apenas en el conjunto de todos ellos.
Los conjuntos poseen cualidades de las que sus partes
carecen.
5 Al encontrar el ser en su unicidad
-el artista, al producir su obra; el espectador, al
disfrutarla; o el amante, al amar- se enfrentan a
lo infinito. El objeto del amor es siempre uno, sin
embargo, toda unicidad es un conjunto, como veremos
más adelante: ahí reside el infinito,
que es el encuentro imposible donde cada unicidad
es un nuevo universo. Algunas formas de esas estructuras
sicológicas genéricamente llamadas de
locura hacen casi lo mismo: desintegran los conjuntos
y se pierden, desesperados, en la percepción
de cada uno de los seres y cosas que lo componen,
sin que sean capaces de formar nuevos conjuntos. O
forman conjuntos de autonomía propia, que no
son referenciables ni con lo real ni con nuestra percepción
colectiva.
6 En esa búsqueda encuentra
al uno o la manera una de crear nuevos conjuntos que
sólo el artista puede percibir -a la manera
de un loco- pero que todos podemos, a través
de su arte, disfrutar. Y, en ella nos encontramos
a nosotros mismos, como Fernando Pessoa: "¡Nadie
a otro ama, sino que ama lo que de sí hay en
él, o supone!"
7 De la misma forma que el amor no
es "...inmortal, puesto que es llama..."
(Vinicius de Moraes) también el disfrute de
la obra de arte no es el mismo cada vez que la encontramos.
Podemos descubrirla cada vez o perderla para siempre.
8 El árbol no debe esconder
el bosque, como dice el poeta, pero el bosque tampoco
tiene derecho a esconder cada árbol que en
él se pierde; ni cada arbusto, ni cada ramo
de flores, ni cada pétalo de cada flor.
9 Cuando a través del amor
o del arte penetramos en la unicidad de un ser, penetramos
en el infinito. Sería tonto imaginar que el
infinito sería apenas infinito por fuera y
de lejos... Si es verdad que es el infinito, o existe,
no puede tampoco tener límites hacia dentro:
el infinito no es solamente infinito más allá
de las estrellas y de las galaxias, sino también
adentro de cada átomo de nuestro cuerpo. Lo
infinitamente grande es exactamente igual a lo infinitamente
pequeño. El infinito destruye los conceptos
de grande y pequeño, lejos y cerca. Todo está
muy cerca porque todo está muy lejos, y es
pequeño por ser tan grande.
En cada hilo de mis cabellos existen ejemplos de vías
lácteas y de sistemas planetarios, objetos
siderales atraídos por voraces agujeros negros.
No podemos caer en el mismo error que Parmênides
(515 A.C. - ?), el filósofo griego que afirmaba
que el universo era infinito en todas las direcciones
y, por lo tanto, tendría un punto de partida,
y sería esférico... O si comenzaba en
un punto determinado y tenía una forma precisa
-la esfera- sería finito, pues la forma es
el límite del ser como el no-ser es, como sabemos,
el no-ser no es... ¿no es lo mismo?
Toda unidad es múltiple, en todos los sentidos
y en todas las direcciones -eso es el infinito. Los
conjuntos conjugan unicidades pero cada unicidad es
un conjunto: cada átomo (lo indivisible) se
divide en protones, neutrones, electrones, etc. Cada
protón... ¡el infinito es el vértigo
del pensamiento!
10 La extrema delicadeza y complejidad
de las células llamadas neuronas obligaron
a la naturaleza a hacer una curiosa excepción:
todos los demás huesos de nuestro cuerpo están
dentro del propio cuerpo y lo sustentan; en la cabeza,
sin embargo, la osamenta envuelve el cerebro y le
da protección. Algo muy importante debe haber
allá dentro.
11 Institución del gobierno
estatal que en Rio de Janeiro se ocupa de hacer cumplir
las determinaciones judiciales referidas a individuos
menores de dieciocho años en conflicto con
la ley.
12 Cuando un funcionario aplica castigos
corporales a los jóvenes, como es común
que suceda, viola el mismo Código Penal que
esos jóvenes violaron, viola la Declaración
Universal de los Derechos Humanos y la Constitución
del país, que no permiten castigos corporales
crueles o degradantes: ¿aquellos que así
se degradan -degradando, ofendiendo física
y moralmente a aquellos a los que debía proteger-
qué autoridad pueden tener para ejercer su
autoridad?
13 Las neuronas que me permiten mover
el dedo del pie son más simples. Lula perdió
el dedo del medio de la mano izquierda pero fue electo
Presidente de la República, y le fue bien;
Roosevelt, ya siendo presidente, perdió la
capacidad motora de sus piernas pero continuó
dirigiendo su país; el científico Stephen
Hawking, igualmente inmovilizado totalmente en una
silla de ruedas, continuó escribiendo sus libros.
Pero si alguno de ellos hubiera perdido un pedacito
de cerebro, como algunos presidentes famosos que conocemos,
el mundo estaría al borde de una catástrofe,
como de hecho está.
14 Cuando el Centro del Teatro del
Oprimido comenzó sus actividades en Rio de
Janeiro en 1986 en comunidades pobres, eran pocas
-sé que existían- las ONGs que se dedicaban
a tareas similares a las nuestras: hoy son muchas,
y muchas se dedican a realizar en las favelas y en
los morros programas artísticos semejantes
a los que existen para la clase media, en los que
abundan cursos y estudios que dicen preparar actores
y bailarines para la televisión, el video y
el cine. Son comunes los reportajes periodísticos
sobre jóvenes de excepcional talento, descubiertos
en los morros, que hacen carrera en las telenovelas,
generalmente en papeles de criados, marginales o choferes,
o de jóvenes bailarines seleccionados para
continuar estudios en New York y hasta en el Bolshoi
de Moscú. Esto sucede y es bueno que suceda,
pero no es nuestra función ni forma parte de
nuestros objetivos.
Esa aplicación mecánica, en comunidades
pobres, de los mismos programas que son utilizados
por la clase media y alta los lleva al círculo
de su misma ideología competitiva y al elogio
al más capaz, al excepcional: a la ideología
del primer lugar, del campeón. Nuestra función,
bien al contrario, es preparar a los participantes
de nuestros grupos para ser "multiplicadores
de arte", siguiendo nuestra máxima de
que "se aprende lo que enseña" teniendo
en cuenta que nuestro objetivo es alcanzar todo el
tejido social y no solamente revelar talentos excepcionales.
15 Definición del diccionario
Aurelio.
16 Julián Boal en su ensayo
La danza del trabajo cita a investigadores que muestran
que los movimientos ejecutados durante el trabajo
fueron, en muchos casos, el origen de las danzas mundialmente
conocidas como "claquete", que provienen
del sonido de los pasos de los esclavos estadunidenses,
cuando caminaban sobre los pisos de madera de las
casas de sus señores, usando zapatos con ruidosas
"herraduras", o que los graciosos movimientos
helicoidales de las manos de las bailarinas andaluzas
de flamenco, se originan de los movimientos de recolectar
frutos de los árboles.
17 Modelo es una escena o pieza que
sirve de base para la discusión teatral, en
la que los espectadores entran a escena, sustituyen
al protagonista, ensayan alternativas a la situación
de opresión, intervienen con la originalidad
de su pensamiento, y de su sensibilidad, y utilizan
el mismo "espacio estético" (escenario,
arena, picadero, la calle o una plaza) que usan los
actores, y el mismo lenguaje teatral. A esta forma
de debate teatral se le llama Teatro Foro, una de
las partes del Teatro del Oprimido.
18 Teatro Legislativo es una forma
del Teatro del Oprimido que busca inscribir en la
ley los deseos de la población organizada.
Libro de Augusto Boal editado por Civilización
Brasileña.
Tomado de la Revista
Conjunto, Cuba
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